El balde de agua fría que recibí al escuchar a Amaya preguntarme quien era, aun puedo sentirlo cada vez que su mirada perdida se posa en mí. La doctora no se explica cómo pudo perder la memoria si el coagulo de su cabeza ya no está. Recibió el tratamiento adecuado y su cerebro no tiene daño alguno. Su salud es perfecta y eso hizo que su pulmón sanara mientras estuvo en coma. Dudó muchas veces y por eso le realizo miles de radiografías y exámenes, pero no tuvo la respuesta que esperaba. Sasha es neurocirujano y dijo que en el mundo de la ciencia todo es posible. Solo por eso, la doctora desistió. El ruso es el mejor especialista en neurología y es considerado el mejor medico de todo Rusia por sus operaciones exitosas.
Ya pueden irse haciendo la idea de quién va a cuidar a Amaya.
—Como ya saben mi hermana perdió el 70% de su memoria —nos informa, Alaric, estamos en una reunión confidencial en el palacio—. Su estadía en Londres no la recuerda y por ahora, no tenemos con certeza de que otra cosa pudo haber olvidado.
—Natasha quería hacerle más pruebas, pero ya la estaban tratando como rata de laboratorio —interviene el ruso.
—Lo sé, mi hermana se estaba sintiendo incomoda por eso —responde—. Ella sabe que volviste y de las cartas que le enviaste —Alaric frunce el ceño y lo ve con frialdad—. No la agobies con tus intentos de regresar con ella. Se siente frustrada por no recordar algunas cosas y le duele la cabeza cuando se esfuerza de más.
El ruso asiente y sale de la oficina. Alaric nos ve a Thomas, Liam y a mí con cansancio. Después de unos minutos de suspirar algunas veces, habla.
—Eliminen toda evidencia donde ustedes dos fueron amigos de ella —nos señala a Thomas y a mí—. Empiecen desde cero su amistad con ella, si después los recuerda, solo digan que ustedes no querían que se sintiera mal —ambos asentimos y esperamos más ordenes—. Liam, tu estarás de permiso para que termines la rehabilitación. Toma ese tiempo para traerme la información que tenía que darme Sasha antes del accidente de mi hermana.
Nos dice unas cuantas cosas más y antes de retirarnos, me pide que me quede. Espera que los chicos abandonen el lugar y me invita a tomar asiento nuevamente.
—Aquí está el celular de mi hermana —lo desliza por el escritorio hasta dejarlo frente a mí—. Elimina todo lo que tenga que ver con Thomas y contigo de ese aparato —trago grueso mientras lo agarro—. Si ve algo relacionado con ustedes no lo tomara bien, y sé que se sentirá peor por no recordar a su novio.
—Está bien, su alteza —lo veo serio—. Eliminaré todo lo que le haga daño a ella.
—Sé que la estoy protegiendo demasiado y también sé que eres su novio, pero no quiero que sufra más. ¿Puedes entender como me siento, por favor? —pide casi en un ruego—. ¿Cómo sigues de la mano?
—Bien, tengo una férula y no se preocupe, yo entiendo perfectamente —hago un leve asentimiento de cabeza y me levanto de la silla saliendo de su oficina.
Borrar mi existencia de su vida será sencillo porque no me recuerda. ¿Pero quién la borra de mi vida cuando yo si la recuerdo? Es fácil pedirme las cosas porque no puedo desobedecer, pero internamente no quiero hacer nada.
Todos dicen, Matthew, esto. Matthew, lo otro, pero nadie me pregunta, ¿Matthew, cómo estás?
*****
Llego a mi habitación, dejo el celular en la cama y me voy a tomar una ducha. Después de secar el piso del baño, doblar la ropa, colocarla en la cesta por color y alfabéticamente, me acuesto en la cama en bóxer y camiseta gris. Veo el celular de Amaya y está bloqueado con un patrón.
Ella es demasiado perezosa a la hora de pensar una contraseña y conociéndola, debe haber dibujado un cuadrado o algo similar a eso.
—No es nada cuadrado —murmuro, al intentar el patrón y que me saliera error.
Pienso un poco más.
—Tú la conociste y viviste con ella un largo tiempo. Usa eso que le dicen cerebro —se burla la voz de mi cabeza.
¿Qué patrón usaste, bonita?
—Yo amo todo lo que empiece por la letra "L". No sé por qué, pero igual lo amo —susurró en mi oído, mientras veíamos un programa de cocina.
¡Claro, eso debe ser!
Dibujo la L desbloqueando el celular. Elimino todas nuestras conversaciones con pesar y la saco del grupo de w******p que teníamos. Voy hacia su galería de fotos y me siento en la cama rápidamente.
—¿Qué es esto? —confundido, y con una tonta sonrisa empiezo a verla.
Ella tenía 290 fotos de nosotros haciendo cualquier cosa.
Videos, selfies, boomerang, fotos de descuido. Ella grabó cada paso que dio en Londres. Me paso todo lo que tenía en su galería a mi celular y me quedo viendo una foto en específico. En ella estamos Amaya y yo en una heladería. Mis manos están en sus mejillas mientras ella hace pucheros y yo la beso.
—Gracias a quien quiera que tomó esa foto —me acuesto en la cama otra vez, pero esta vez con una sonrisa.
La puse de fondo de pantalla de mi celular y a Mark de bebé, lo deje de fondo de bloqueo.
*****
Alaric me llamó de urgencias al hospital German Heart Centre Munich (DHM). Esta vez tuve que aprenderme el nombre porque me tocó venirme del palacio solo para acá. En fin, era mi día libre y como de costumbre, vine corriendo al lugar con olor a enfermo y donde hace un frío de los mil demonios. Fui al piso 6, toque la puerta y espere a que me dejaran entrar a la habitación.
—Gracias por venir, Bennett —se levanta Alaric y su esposa del sofá de la habitación—. Quédate con mi hermana, por favor. Maddison tiene cita para ver a nuestra bebe por tercera vez y no puedo dejarla sola.
Sin esperar mi respuesta ambos salieron del lugar. Amaya me ve asustada y avergonzada. Yo solo puedo fingir que estoy en calma, pero me estoy muriendo de ganas de besarla en estos momentos.
Esta hermosa sin ese poco de vías en sus brazos.
—Siento mucho lo que mi hermano acaba de hacerle —se excusa—. A veces su sobreprotección me asfixia.
—No se preocupe, su alteza —río de lado—. Es su hermano y se preocupa por usted. Además, acaba de darle un susto de muerte. Solo comprenda la situación por la que está pasando el príncipe.
Asiente no muy convencida y nos quedamos en silencio un buen rato. Ella solo jugaba con sus dedos y yo la veía como idiota sin saber que decir o hacer.
Mierda, estoy jodidamente nervioso.
¿La saludo? No puedo, ya esa etapa pasó. ¿Le preguntó por el clima? En serio, Matthew, ¿por el clima?
—Mi hermano pidió bajar el frío en la habitación —su voz dulce me saca de mis pensamientos—. Esta sudando, puede quitarse su abrigo si esta acalorado —dice para luego fijar su vista hacia la ventana, sin dejar de jugar con sus pulgares.
Sigue siendo tan perfecta...
—Gracias, ya me parecía extraño el cambio de aire —me quito el abrigo y me siento en el sillón contrario a donde ella veía—. ¿Cómo se siente hoy?
—Es frustrante no recordar algunas cosas —bajó su cabeza—. Ni siquiera sé que es lo que no recuerdo.
Bueno, a mí me mandaste al infinito del olvido.
—Debe darse tiempo pronto recordará las cosas —la intento animar, le doy una sonrisa aunque sé que no me ve.
—Espero no haber olvidado a nadie que me importara —fija su mirada en mí.
Durante unos segundos nos vemos tratando de buscar alguna respuesta a nuestra situación, después la aparta y vuelve a mandar el silencio. Juega con sus dedos y río internamente porque está nerviosa igual que yo.
Esto es incómodo, no puedo dejar que esto siga así. Aunque no me recuerde y me cueste aceptarlo, es mi novia y no puedo hacerla sentir mal.
—¿Quiere jugar un juego? —digo lo primero que se me viene a la mente.
Me doy un golpe metal por ser tan imbécil.
—¿Un juego? —pregunta divertida, asiento y me siento estúpido por pedirle eso—. Lo imaginaba más serio, señor Bennett.
Mierda, ahora mi novia desmemoriada me cree infantil.
—Soy serio, pero no quiero que este aburrida mientras espera al príncipe —suelto rápidamente.
—Entonces juguemos —sus ojos castaños brillan mientras me mira—. ¿De qué trata? ¿Qué debemos hacer para poder jugar?
—Adivinemos personajes y si fallamos, una penitencia —respondo.
«Bravo, genio. Te has ganado el premio al idiota del año», pienso.
Me da vergüenza mi mente ahora mismo.
—La penitencia la pone el ganador y empiezo yo, ¿entendido? —me ordena seria.
Levanto mis manos en son de paz y asiento con una sonrisa.
Piensa por unos segundos y veo que ha dejado de estar nerviosa. Esta cruzada de brazos y me mira con naturalidad. Tiene un pijama blanco de emojis enamorados y su cabello suelto.
—¿Se valen personajes literarios? —pregunta curiosa, asiento y suelta una risita emocionada—. Él es un hermoso ángel caído, irritante, seductor y la mayoría de las veces, sarcástico.
Alzo una ceja para semejante explicación. ¿Y ese quien se supone que es? Mejor dicho, no existen libros con personajes así.
—No lo sé. Tal vez el episodio de lo que callamos las mujeres donde aparecía ese tipo me lo perdí —digo, encogiéndome de hombros.
—Qué vergüenza —me mira indignada—. ¿Por qué no conoce a Patch? —frunzo el ceño sin poder entender lo que dice—. El ángel caído es Patch Cipriano de Hush Hush.
—Oh, entonces fue en el episodio que me perdí de la rosa de Guadalupe que lo pasaron —me mira mal y nos empezamos a reír.
¡La hice reír!
¡Mi desmemoriada se está riendo conmigo!
—Perdió. Ahora le toca una penitencia —me informa entre risas.
—Espere, su alteza —niego con mis manos—. Si tengo conocimientos de literatura, solo que ese libro lo deje en visto —me mira divertida y siento mi corazón acelerarse—. Una oportunidad más. Ándele no sea malita, ¿sí?
—Vale, vale —piensa otra vez frunciendo el ceño, muerdo mi labio porque verla así de ingenua y feliz, me hace desearla—. Egocéntrico, idiota, se cree el rey del mundo, se casa con su secretaria para heredar la empresa.
—¿De dónde saca esos libros? —pregunto fingiendo indignación—. Ese tipo merece mis respetos. Es el puto amo.
—Debe ser familiar de usted —niega con la cabeza, la veo con una sonrisa—. De w*****d saque las historias, y es Oliver Anderson de casado con mi secretaría.
Wattpad y sus historias de jefes.
—Perdió, admítalo y asuma las consecuencias —me mira seria—. ¿Usted por lo menos lee?
—¡Amo la lectura! —finjo emoción.
—Nómbreme un libro, no importa si no se sabe el nombre del autor —pregunta alzando una ceja.
—A orillas del río piedra me senté y lloré —la veo con soberbia.
Ella lleva sus manos a su boca sorprendida.
—¿Lo leyó? ¡Ese libro es mi favorito! Yo lo amé, mi hermano me lo regaló en mi cumpleaños hace algunos años —responde con alegría.
—Lo vi en la vitrina de una librería —la veo divertido—. Además, usted dijo nombrar, más no leer.
—Usted es imposible, señor Bennett —empezamos a reír otra vez.
Así pasamos la tarde, entre risas, silencios cómodos e historias tontas. Aunque mi chica si me olvido por completo, lo que tenemos es especial y eso, no se puede negar.
—Gracias por no dejarme sola. Si usted no pasaba tiempo conmigo lo más probable es que estuviese muerta de aburrimiento —me regala una sonrisa muy dulce.
—Siempre estaré disponible para usted, su alteza —suspiro y vuelvo a hablar—. Si me necesita, por favor no dudé en llamarme.
—Lo haré, muchas gracias. Buenas noches, señor Bennett —se despide alargando su mano.
—Buenas noches, su alteza —le doy un apretón de manos y me alejo de ella.
Por primera vez desde que Amaya está internada aquí, puedo decir que me voy feliz.