Palacio real de Charlottenburg
Berlín-Alemania.
7 de diciembre de 2017.
Aunque no seamos animales, nosotros los seres humanos actuamos similar a ellos. Parecemos leones cuando atacan nuestra familia. Si te gusta alguien lo seduces y lo envuelves como una serpiente hasta que te lo comes. Y si quieres algo, te lanzas como águila hasta conseguirlo.
¿Ven que no somos diferentes?
Mi abuela es acusada de asesinato en primer grado. Son contadas las personas que saben, ya que están en proceso de averiguaciones. Tuve un ataque de pánico en el salón y Liam me sacó de ahí dejando a mi hermano, Thomas y Matthew.
—¿Estas bien, hermanita? —pregunta Alaric, entrando a mi habitación—. No sé ni para qué pregunté, perdón.
Se sienta en la cama y me acuna en su pecho.
—Matthew sigue sin dejarme explicar las cosas —me quejo triste, Alaric besa mi cabello mientras acariciaba mi hombro—. Iba a decirle que era princesa, solo que no encontré el momento indicado.
—Debes entender que está dolido, vivió contigo mucho tiempo, creyó conocerte y tu... —me alejo sentándome en la cama mirándolo mal—, lo engañaste, son demasiadas cosas para procesar.
Me da un beso en la mejilla y se levanta de la cama.
—Mañana baja a desayunar, Maddison está preocupada y eso no le hace bien a mi hija —toma el picaporte de la puerta y suspira—. Después debemos ir al calabozo tenemos que enfrentarla, nos debe muchas explicaciones.
Sale de la habitación y yo me tumbo de nuevo en la cama.
—Hermano, dices las cosas como si fuera tan fácil —le hablo a la nada y me arropo hasta la cabeza.
Primero me entero de que no seré madre. Segundo, soy descubierta en plena fiesta. Tercero, recibo esa nota amenazante y cuarto, mañana debo enfrentar al monstruo de mi abuela.
Yo creo que Murphy me odia. Ya saben, si algo puede salir mal, saldrá peor.
*****
¿Qué tan difícil puede ser desayunar en familia? Bueno, en estos momentos es la cosa más extraña del mundo. En una enorme mesa cuadrada nos encontramos todos sentados desayunando en un armonioso ambiente de hielo.
Y cuando digo todos, me refiero a Matt, Sasha, Liam, Katherine, Thomas, mi hermano, mi cuñada y yo.
Alaric no entiende que es sentirse incómodo.
—Su alteza, se me quito el apetito, comeré más tarde. Voy a retirarme —le informa molesto, Matt, a mi hermano.
Veo su rostro y debajo de sus ojos hay ojeras y se le nota cansado. Desde que me vio aquí tensó la mandíbula y frunció tanto el ceño que su frente se arrugó.
—Me pasa igual, su alteza. Si no le importa también quiero retirarme —pide Thomas sin ver a los lados. Mi prima presiona sus labios para evitar llorar.
—¡De esta mesa nadie se levanta hasta que terminen de comer! —grita mi hermano, golpeando con sus manos el comedor—. Mi mujer se esmeró por cocinar para ustedes, está feliz de no sentirse tan sola —señala a los chicos—. No la menosprecien y si vuelven a llamarme su alteza les corto las bolas.
—Cariño, no les hables así. Si no tienen hambre se guarda la comida para más tarde —mi cuñada interviene en un intento de calmar el lugar.
—Ellos son mis amigos y me importa un culo si no tienen hambre —se cruza de brazos viéndolos molesto.
—Alaric Alphonse, a mí no me hablas así —responde molesta levantándose de la silla—, Es más, aquí el único que no va a comer eres tú —afirma Maddison, mirándolo mal.
Siento celos nada más de verlos. Están felices y discuten por algo tan mínimo como comer. Una punzada de dolor en mi pecho me hace hacer una mueca.
Con ganas de llorar me levanto de la silla.
—Permiso, voy a recorrer el palacio—me empiezo a alejar sintiendo la mirada de todos.
*****
Es difícil estar con alguien y no saber en qué punto de la relación se encuentra. Tener ganas de contarle tantas cosas y no saber si al hacerlo te va a ignorar. Querer besarle, estar con él y no poder por no saber qué hacer. Prometió que nada cambiaría, pero en el momento de enterarse de las cosas, olvidó todo lo que dijo y ahora actúa diferente. Estamos en época de invierno, hace un frío descomunal aquí. Mi cumpleaños se acerca y también el aniversario de mi Tato y Cameron.
«No me gustan estas fechas», pienso, mientras hago figuras en la nieve con mi dedo en las barandas del balcón del palacio.
—Si te vas a lanzar me avisas, no tengo permitido operar aquí, pero tengo muchos conocidos —comenta divertido Sasha.
Me volteo a verlo, está apoyado en el marco de la puerta negando con la cabeza.
—Estamos en el segundo piso, no creo que mi cerebro se haga papilla —nos reímos a carcajadas.
Sí, ahora somos amigos.
Sé que me ama y él sabe que amo a otro hombre. Puedo confiar en Sasha. Ha sido mi apoyo en estos días y fue mi paño de lágrimas cuando le hablé sobre la prueba negativa. A escondidas del ojo público me llevó donde una amiga de él que es ginecóloga y pudieron verificar que efectivamente, no estaba embarazada. La chica me puso el anticonceptivo y regrese a mi rutina normal.
—Deja de pensar en el embarazo tenías un descontrol hormonal —se apoya de la baranda del balcón—, por eso los antojos y tu falta de período.
—Sí —respondo sin ganas, veo al cielo y a la nieve caer—, el aniversario de mi Tato se acerca —murmuro por lo bajo.
Como todo queda en total silencio, bajo la cabeza. Al fondo escucho unos pasos rápidos que se empiezan a acercar a nosotros.
—Aléjate de ella —le pide con fingida calma a Sasha—, no tienes por qué verla con esos ojos de perro imbécil enamorado.
—No me alejo y la veo como se me da la gana —se miran mal, siento mi corazón latir con fuerza—, la dejaste sola, ahora es mi turno de recuperarla.
Matthew suelta una carcajada sin gracia. Lo repaso con la mirada de arriba abajo y no trae nada que lo abrigue de este horrible frío.
—Ella es princesa y eso a ti te afecta más que a mí —me agarra de la mano, Sasha.
—Ahí es donde te equivocas, amigo —hace énfasis en la última palabra, quita la mano de Sasha y entrelaza las nuestras—. Su título real te lo paso por el culo —con su índice presiona el pecho de mi ex-ruso—. Amaya fue mía siendo plebeya y será para siempre mía como princesa.
Sonrío como tonta al escuchar esas palabras. Mi corazón celebra y siento que mi humor mejoró al 1000%.
—Eso lo veremos, inglesito de pacotilla —replica, Sasha.
—Ella es mi mujer ni tu ni ninguna regla real me la va a quitar —me lleva con él, alejándonos del balcón.
Sus manos heladas chocan con mis guantes poniéndolos fríos. Aunque está muy molesto conmigo, sé que está celoso. También sé que debo darle tiempo para que asimile las cosas, pero no sé si eso me quedé con la nota que recibí. El dueño de mis cambios de humor es Matt, pero una foto en la pared donde sale mi Tato con mi abuela me regresa a la realidad y me recuerdan que aún debo enfrentarla.
—Su alteza, ¿hay algún problema con el custodio del príncipe Alaric? —la voz de uno de los guardias nos hace detenernos.
Matt me suelta y ve hacia los lados. Su expresión cambia por una muy fría.
—No pasa nada, tranquilo —respondo con delicadeza, asiente no muy convencido.
—El príncipe la espera en el calabozo —me da una reverencia y ve a Matt—. Sé que eres nuevo, pero recuerda cuál es tu lugar. No tenemos permitido tocar a los príncipes a menos que sea necesario.
El guardia se marcha y escucho la risa seca de Matt.
—¿No tocar a la princesa? —me ve molesto—. Esa regla la rompí muchas veces sin saberlo.
—Matt, quiero explicarte las cosas —intento acercarme, él me detiene.
—Su alteza, recuerde cual es mi lugar en este palacio —sus labios forman una línea recta.
—Dijiste que nada cambiaría, dijiste que me protegerías. ¿Que se supone que haga ahora con esas absurdas promesas? —reclamo con un nudo en la garganta.
—Soy malo para cumplir promesas absurdas —ríe con tristeza—. Soy un egoísta que piensa nada más en mí. Soy el imbécil que se enamoró hasta la médula de una princesa —acaricia mi mejilla por unos segundos y aleja su mano con pesar—. Me mentiste, perteneces a la realeza y ese pequeño detalle te lo guardaste.
—No podía decírtelo, entiéndeme —replico con ojos llorosos, su mirada fría cambia a una triste—. Confía en mí y dame tiempo para explicarte las cosas.
—Te entiendo, créeme que si lo hago —suena su radio, baja el volumen para seguir hablando—. ¿Confiar en ti?, ¿más tiempo? —asiento—. Perdóname, pero ahora me es imposible y no te preocupes demasiado, al bebé le hace daño.
Siento un vacío en mi corazón y una lágrima que caía por mi mejilla, la limpio rápidamente.
—No hay bebé —murmuro con voz quebrada, me mira confundido—. Fui con Sasha al ginecólogo y la doctora dijo que la prueba que me había hecho tenía razón en decir negativo.
—¿Fuiste con ese imbécil a ver a mi hijo? —me ve furioso, empieza a caminar de un lado al otro—. Quieres que confíe en ti, pero me sacas de tu vida cuando te da la gana. Yo tenía derecho de ir a ver si íbamos a ser padres.
—Matt... —me lanza una mirada como si quisiera matarme que me hace callar.
—Y una mierda, Amaya. No me importa si es un drama, pero tenía más derecho que él para acompañarte —se acerca y murmura—. No importa lo que yo haga en tu vida siempre voy a ser el último para todo.
Se va de ahí dejándome sola y con ganas de llorar. Cada vez las cosas con Matt están peor. Todo lo hago mal con él, no hay nada que me salga bien.
*****
Me encuentro en las escaleras con mi hermano y Matt. En un silencio incómodo empezamos a bajar al calabozo. No daré detalles de cómo es, solo deben saber que las paredes son de piedras y hace un frío infernal. Llegamos a una celda y en una cama que por cierto, es bien incómoda, se encuentra mi abuela sentada viendo hacia la ventana de barrotes que hay en ella.
Venir aquí me trae recuerdos no muy gratos.
—¿Estás pensando en cómo escaparte por ahí? —la voz de Alaric sobresalta a mi abuela.
—Sácame de aquí, esto es injusto. Yo no maté a mi esposo —empieza a llorar fingidamente.
—Aquí las órdenes las doy yo —busca dos sillas, me entrega una y ambos nos sentamos dejando a Matt de pie—. Todo indica que la asesina de mi abuelo y Cameron fuiste tú.
—Tu hermana estaba ahí, acúsala a ella que fue casualmente la única en sobrevivir —me ve con malicia parando de llorar.
—Bennett, espéranos afuera y cualquier cosa solo presiona el botón al lado de la puerta —le ordena, espera a que salga y vuelve a hablar—. Estás hundida ya di la verdad para ahorrarnos tiempo.
—Siempre te considere el más imbécil —se acerca hasta los barrotes—. No tienes idea de lo que estás haciendo, Alaric.
—Aquí la imbécil eres tú si crees que te vas a salir con la tuya —intervengo haciéndola reír.
—Si tú eres la bastarda hija de nadie, la maldición de esta familia lleva tu nombre —se ríe a carcajadas—. ¡Aceptaste que el rey me engañara con un custodio y apoyaste semejante abominación!
—¡Ellos se amaban! —me levanto de la silla furiosa—. No era abominable, no merecían morir, no me los tenías que arrebatar.
—Tranquila, nieta de mi corazón —pone su mano en el pecho y nos ve con diversión—. Ustedes le harán compañía a su tan adorable abuelo.
Varios disparos y una explosión se escuchan fuera de aquí haciendo que mi hermano y yo nos veamos las caras confundidos.
—Debemos ponerlos a salvo han atacado el palacio —Matt entra agitado, suena su radio y Thomas le dice algo en griego.
¿Saben otros idiomas?
—¡Hirieron a Liam! —comenta, Matt, tapó mi boca ahogando un grito y siento mi corazón romperse—. Está muy mal herido.
—¡Hija de la gran puta! —mi hermano lanza la silla contra la celda de mi abuela—. Si le pasa algo te voy a matar, lo juro por mi vida.
—Solo tienes una vida y a mucha gente que quieres proteger —se acuesta en la cama con calma—. Te va a tocar elegir al más importante, el resto le hará compañía a mi marido.
—Te vas arrepentir —digo sollozando.
—Feliz aniversario número 15, linda —me lanza un beso con su mano—. No vuelvas a olvidar los 7 de diciembre —con voz burlona me dice—, te amo, cielo.
Entra Thomas con otros guardaespaldas y nos saca del calabozo. La gente de Sasha se queda ahí mientras nos íbamos al refugio del palacio.