Capítulo 2

1616 Words
Matthew   No sé cómo no me di cuenta antes de que ella fuera una princesa. Todo apuntaba a que pertenecía a la realeza. Tal vez no lo quise aceptar y no voy a negar que por mi mente pasara la posibilidad de que fuera alguien de sangre real, pero jamás que sería la segunda en heredar el trono. Parezco mujer con tantas cosas que pensar. Mi cabeza parece nido de ave con tantas locuras y se supone que debo estar molesto con ella, pero no, no puedo estarlo y eso hace que me cabree conmigo y actúe como un idiota que no piensa frente a ella.   —Deben abandonar el salón de fiesta. Solo la familia real se quedará —nos informa un hombre de acento ruso a todos los del servicio secreto.   —Somos los custodios de los príncipes no podemos dejarlos aquí —responde de mala gana, Liam.   —Exacto, además ahí hay una persona que no pertenece a la familia real —señalo a Sasha—. Si él se va nosotros también.   —Oh, él es de la familia —veo a Liam frunciendo el ceño, este niega sin entender—. Claro, son nuevos. El joven Aleksandr es el novio de la princesa Amaya.   —¿De que estas hablando? Ellos no son nada —replico con el corazón acelerado.   Voy a matar a ese tipo. Amaya es mía, ¿por qué no lo entiende?   —Ellos nunca terminaron, la princesa y el joven Aleksandr siguen juntos, por eso no se va del salón —nos empiezan a sacar—. Cumplan las órdenes del futuro duque y váyanse de aquí.   Como perros nos intentaron sacar, si no es por Alaric que dijo que dejaran a los custodios de la familia, nos mandan a volar de ahí. Liam me dijo que no me preocupara por la relación entre Sasha y Amaya, pero que cabrón es ese tipo. Está buscando la manera de acercarse a mi Maya y eso no lo voy a permitir. Ni él ni nadie me alejará de ella.   Minutos antes del atentado del palacio.   —Mi hermana no quiso mentirte ella odia pertenecer a la realeza —habla Alaric mientras esperamos que llegue Amaya—. La persona que la ha lastimado está bajando esas escaleras.   —Honestamente no me importa que sea princesa, plebeya o lo que sea —me mira con confusión—. La amo tanto que sus secretos son lo de menos.   —¿Entonces por qué actúas como el propio imbécil? —me mira mal.   —Porque no se expresar lo que verdaderamente siento —paso mi mano por el cuello haciéndolo sonar—. Es estúpido, pero tengo miedo de que nos separen. Siempre voy a ser el último en su vida —pone los ojos en blanco—, me refiero a que no estoy a la altura de ella, no tengo sangre noble, no tengo tanto dinero, soy divorciado, no tengo madera de príncipe y aunque la ame, para ustedes eso no será suficiente.   —Las reglas se hicieron para romperse. Maddison tuvo que renunciar a su vida por mí —pone su mano en mi hombro—. Depende solamente de ti si quieres renunciar a todo por Amaya.   —¿Ser un príncipe? —pregunto confundido.   —No serias príncipe porque tú no tienes sangre noble. Serias un duque y el día que mi hermana tome el trono —me ve con diversión—, serias el sapo que besaron para convertir en príncipe azul.   —Eres un idiota —nos empezamos a reír.   En eso llega Amaya y empezamos a caminar al calabozo.   ¿Renunciar a mi vida por ella? No lo había pensado, pero si está dispuesta a que sigamos juntos... honestamente no tengo problema a dejar todo por Maya.   Amar a una persona de la realeza es una mierda. Renuncias a todo por el amor que le tienes y sin importarte nada más que ellos.   Durante el ataque en el palacio.   No había sentido tanta adrenalina después de dejar la milicia. Sacar a la familia del palacio era lo principal. Aquí no importa quién es guardaespaldas de quien, aquí lo que importa es que lleguen bien al refugio.   —Por aquí —nos indica Charles, el jefe del servicio secreto.   Caminamos bajo el túnel subterráneo que tiene el palacio por una hora más o menos. No sé a dónde nos llevan, pero por lo que Thomas me comentó antes de entrar aquí, esto nos conduce hacia un bosque o algo así.   Entramos al refugio y unos hombres vestidos de n***o y corbata roja nos apuntan con sus armas.   —¿Qué demonios? —preguntamos Thomas y yo al unísono.   Cubrimos a los príncipes y también apuntamos a esa gente. Todo queda en silencio por unos segundos hasta que el grito ahogado de Amaya hace eco por todo el lugar.   —¡Liam! —se aleja de nosotros y se agacha al llegar al cuerpo ensangrentado de su custodio, la sigo y un hombre apunta mi cabeza.   —Nadie te invitó a pasar que mal educado eres —escucho como carga el arma, Amaya me ve con cara de pánico y culpabilidad—. ¿Qué hago con este, lo mató?   —La reina no nos ha dado ninguna orden para matar a los guardaespaldas —dice otro de los hombres.   —Dos príncipes, una duquesa y una lady —se ríe el hombre que me apunta—. Esto es mejor que cuando matamos al maricón del rey.   Veo a Thomas y este asiente a lo que estoy pensando. Esta conexión a veces me da miedo. Son 10 matones y nosotros solo somos 3.   A la mierda todo, debo proteger a mi gente.   Golpeo el brazo del tipo que me apuntaba haciéndolo tirar el arma. Liam mal herido toma el arma que le paso con mi pie y empieza a disparar para proteger a Amaya. Se le une Thomas y Charles para proteger a los otros.   Arrastro a Liam detrás de un mesón mientras sigue disparando.   —¡Mierda! —escucho a Thomas que traía a los demás con Charles, es el único lugar a prueba de balas—. Son demasiados.   Veo su hombro y tiene un disparo en el. Repaso con la mirada a cada uno para verificar la situación. Solo tenemos un moribundo y a Thomas herido. Seguimos disparando dando de baja a cuatro. Alaric se nos unió y una de nuestras reglas es, si el príncipe mata a alguien, su custodio asume la culpa.   —¡j***r! —me quejo cuando me dan un balazo en el brazo—. ¿Cuánto falta para que llegue el puto ruso? —pregunto, disparando las últimas balas.   —Hace 5 minutos debió haber llegado —responde Thomas agitado—. Su alteza, quédese con su esposa ya no tenemos municiones. De aquí en adelante Charles, Mattew y yo, nos haremos cargo de ustedes.   —Matthew —me llama Maya—, tengo miedo, no quiero perder a más nadie —sus ojos están llenos de lágrimas—. Esto es mi culpa.   —Tranquila, nena —beso sus labios—. No pasará nada, lo prometo. Quédate con tu hermano, lady Katherine y cuida de tu sobrina.   —Si te mueres te mato, Bennett —dicen al unísono Liam y Alaric.   —Si te mueres, te revivo y te vuelvo a matar, Matt —dice Thomas, haciéndome reír.   Salimos del escondite los tres para agarrar las armas de los tipos que dimos de baja. En el refugio solo se escuchaban los disparos y algunos gritos de dolor de los cobardes que quieren matarnos. Disparo varias veces más dándole a uno.   —¡Buen trabajo, Bennett! —me felicita Charles—. Después me explicas por qué tú siendo custodio besaste a la princesa.   —Porque es un bastardo roba mujeres —responde Sasha—. Terminen de matar a esta gente, debo regresar para una operación.   La gente de Sasha termina lo que nosotros empezamos con más profesionalismo que veteranos de guerra. Después de revisar el lugar dejamos salir a todos.   —Excelente trabajo, muchachos —felicita Sasha a su gente—. El fin de semana lo tienen libre.   —Excelente asesino, Sasha —habla con sarcasmo Alaric—. Llévate a Liam, está mal herido y necesita atención médica.   —Su alteza, Bennett y Henderson también necesitan atención médica —le informa Charles a Alaric.   —Lo sé, pero primero Liam —responde Alaric, Charles baja la cabeza y asiente—. Ruso, llévate a las chicas, yo me quedo con ellos para ver cómo cubrimos este asunto.   Sasha le ordena a su gente sacar a Liam y pide a otros de sus matones cuidar de lady Katherine, a la esposa de Alaric y Amaya.   —Por favor, cuídala —agarro el brazo de Sasha—. Mientras estuvo conmigo nada le pasó. Amaya es mi tesoro y si le sucede algo te mato.   —Yo la cuide por 5 años no me des órdenes —se suelta de mi agarre.   —Eso fue antes y ahora acabo de ver el monstruo que es su abuela —susurro por lo bajo.   Veo cuando se empiezan a alejar hacia la puerta. A nosotros nos dan nuevas municiones mientras escuchamos las órdenes de Alaric.   —Esto jamás pasó —ve a Charles—. Encárgate de los muertos y haz que parezca un ajuste de cuentas entre matones —este asiente—. Ve con el forense real, necesito que saquen las municiones de ustedes de esos cuerpos.   Un silencio sepulcral se hace antes de volver a hablar.   —Ustedes dos —nos señala a Thomas y a mí—, eliminen toda huella de que alguien estuvo aquí —asentimos y escuchamos un grito.   —¡Muere, bastarda! —uno de los secuaces de la reina sacó una pistola disparando seis veces. Los matones del ruso se defendieron matando al hombre y siento como mi corazón se detiene.   —¡No! —el grito desgarrador de Alaric resuena por todo el lugar.   Salgo corriendo sin importarme nada y quito a todo aquel que me estorbaba.   —No, nena, tu no —tomo en brazos a Amaya y veo como su ropa se empieza a manchar de rojo—. Por favor, quédate conmigo.   —Estoy contigo —su temblorosa mano toca mi mejilla, tose varias veces haciendo salir sangre de su boca —, estoy contigo, pero tengo sueño.   —No te duermas, amor —sus ojos empiezan a cerrarse—. Por favor, no me dejes, Amaya.   Me da una dulce sonrisa y una última caricia antes de cerrar sus ojos.   —¡No! —empiezo a llorar mientras la abrazo con fuerza—. No te vayas, no me dejes —beso su cabello—. Mark, hijo regrésamela. Habla con alguien en el cielo y diles que yo la necesito, diles que yo la amo y la cuidaré mejor.   A mi dulce princesa ya no la sentía respirando.
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