28-Invitada

1310 Words
Por educación he permanecido en esta mesa. Después dicen que es una la mal educada. - ¡Uff! - Con su carita de niñita tierna y con el alma envenenada. - va de un lado al otro del comedor- No ha parado de hacer comentarios despectivos sobre mí, pero tendrá que aguantarme. - se para frente a un espejo, habla con su imagen- “Tengo planes para su marido esta noche”- ¡jajá! - Y ni tu ni la reina malvada, que es la madre, los van a estropear. – Toca su vientre plano- “Si logro embarazarme, tendré un pase a la gloria”. Quien le dé un primogénito a esta corona será merecedor del título de consorte. - Deja de reír recordando algo- Aunque esté casado con esa, tendrá que dejarla de lado y ampararme como esposa. ¡Seré la señora en este reino! - continúo mirando su reflejo ensimismada. - ¿Oiga condesa, está soñando despierta? Todos se levantaron y fueron a tomar el té a la terraza. La esperan- la voz altiva de Candy, saca a Inhara de sus profundos pensamientos. -Me distraje. -Ya me di cuenta, es por aquí- señala la puerta- La reina Adara mandó por usted- recibe una muesca de indiferencia de la condesa. En la terraza la conversación gira en torno al éxito de la noche anterior. Luego de la presentación de Adara, la población opina favorablemente sobre el acierto del matrimonio. Cada uno alude a un tópico distinto. Pasado un rato Farid se disculpa y sale del lugar. Es seguido por su esposa, sin darse cuenta. - ¿Vas por ella? - Voltea desconfiado, aunque reconoció la voz. -Voy a ver si está bien- responde sin emoción. La noche ha ido como un carrusel. Le desagrada ser el centro de una disputa doméstica. Aparte su madre le reprocha con la mirada la incómoda situación. Sus primos y hermana no han dejado de burlarse de él por cada mentira que Adara ha expuesto de Inhara. Ahora debe enfrentar a la mismísima aparición del enemigo en forma de mujer. -Claro y dejas a los invitados aquí plantados, eres muy considerado- La ironía de Adara tiene justificación, pero a su favor, él no le dijo a Inhara que se hospedara en el palacio. Ella sola se instaló mal interpretando sus palabras de que buscara disipar el mal humor. -Entonces deberías ir tú ya que es tu invitada a la cena- Quiere hacer que se responsabilice por algo, si ella no le extiende la invitación a cenar, se habrían evitado el mal rato. No lo hubiera expuesto como el gran cornudo exhibicionista. -Hospedas a tu amante aquí y dices que es mi invitada, tienes muy bien puestos los pantalones, que digo yo no los puedes tener tan bien puestos si se te caen delante de cualquier cama- La mira incrédulo. -No estoy frente a una cama y mis pantalones están a punto de romperse ahora. - ¿Por eso la quieres ir a buscar? Para resolver ese problemita- Apunta a la entrepierna y se pone roja al hacerlo. Siente mucho calor. -Ese problema debe resolverlo quien lo causa y esa eres tu- da pasos lentos hacia ella. -No soy plato de segunda mesa así que ajusta muy bien tu cinturón- retrocede poniendo distancia. -Para ser una noble princesa tienes una lengua muy suelta, - se acerca acorralándola contra la pared- Ese no es el vocabulario de alguien de la nobleza. – le acomoda un rizo detrás dela oreja- ¿Qué paso con la dulzura con la que me has llamado tu rey? -Si me provocas me vas a conocer Farid- el rey no se contiene. Roza sus labios de forma breve, pero candente haciéndola estremecer. -Te dejo tranquila y voy a ver a Inhara, porque tú no puedes esforzar el tobillo ¿recuerdas? – le habla al oído- No pienses mucho en mi ausencia, solo tu ocupa mis pensamientos esta y las noches anteriores. - se aleja acomodándose la chaqueta. -Ahórrate el cliché y ve corriendo a su cama. Sacia tus más bajos deseos que para eso la tienes. - ¿Estarías dispuesta a ocuparte tú de eso? - Adara detecta sorna en la pregunta. Decide responder lo que él quiere escuchar. -Si fueras un hombre de verdad me estarías mostrando las estrellas del firmamento en este momento, pero te conformas con una relación carnal. - hizo lo que él antes, habló en su oído con voz melosa y profunda. -Soy un hombre de verdad, por eso no he exigido lo que me corresponde como tu esposo. Esperare a que suspires por mi antes de hacerte mía y llevarte a contar las estrellas de Orión, Andrómeda y Casiopea. Se marchó con ganas de quedarse. Hizo acopio de la mayor resistencia posible para no quitarle el carmín de los labios. A veces olvida que ese es el color natural de sus labios. La mujer le atrae, pero no quiere ataduras emocionales con alguien que puede ser responsable de ciertas crisis en su país. Posiblemente ella esté enamorada de otro. ¿Cómo quedaría yo? “Como un tonto” Llego al comedor donde su amante, aun pensativa, perdió la noción del tiempo. - ¿Te has retrasado Inhara? -Pensaba en nosotros, los planes que hemos hecho- lo abraza con fuerza- Ahora con ella, será imposible vernos más seguido- habla lastimera. - ¿De qué planes hablas Inhara?- trata de zafarse- Eres una gran amiga, pero sabes que lo nuestro nunca fue algo romántico y ha llegado el momento de terminar.- Las palabras le salieron sin pensar. - ¿Quieres terminar lo nuestro por esa chiquilla? - alza la voz alarmada- Se le ve que no sabe como complacer a un hombre- otra sorpresa para el hombre “las mujeres hoy están desbocadas” -No se trata de eso, estoy casado con ella, me debo a mi nación y luego a mi familia. Estoy llamado a hacer lo correcto- Debió alzar la voz para hacerse escuchar. Las quejas de la mujer se escuchan en el palacio. -Al menos piénsalo, tenemos una oportunidad, ella no se quedará en tu vida. Recuerda que esto es un negocio para ella. Se casó contigo para no perder su reino- las palabras se agolpaban en sus labios. -¿Cómo sabes eso?- Lo miro confundida- Dime ¿Quién te dijo todo eso?- se quedó boquiabierta ante el cuestionamiento. -Todo el mundo lo sabe, me lo dijiste tú mismo. Todo me lo cuentas. - dijo nerviosa. -Estoy seguro que no he hablado de eso contigo- la molestia se le siente en la voz- Lo siento, mientras estemos casado voy a respetarla. Tienes que irte- Ella siente la acidez en su voz. Sabe que está conteniendo su carácter, es mejor no contradecirlo. -Esta noche me quedo, mañana me voy- piensa meterse en su cama. -Debes irte hoy mismo, hare que alguien te lleve- sentencia de forma ruda. -Ya estoy acostumbrada a ser invisible, pero me hiere que la prefieras a ella cuando he sido yo la que está para ti cada noche. -Es algo a lo que nos enfrentaríamos en cualquier momento. Tengo la responsabilidad de proyectar coherencia, responsabilidad. Todo el tiempo en el ojo público puede que moralmente de un mensaje equivocado si se rumorea que el rey siendo casado tiene una amante. -Todo el tiempo que llevamos juntos y nadie sabe de mí, ¿Qué tiene ella para hacerte cambiar de opinión? Se acerca lisonjera, hasta tocarlo. Él permanece inerte. Acaricia su pelo dorado desde la coronilla deslizando la pequeña liga que le mantiene el cabello atado en una coleta, con ese movimiento libera todo el pelo sobre sus hombros. Enreda los dedos en los rizos rebeldes. Sus caricias no logran cambiar la expresión del hombre. -Aquí está el par de mejores amigos- son interrumpidos por una voz irónicamente familiar.
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