El sol se estaba ocultando, y la tarde era cubierta por el cielo rojizo del atardecer cuando Michele y Kath llegaron a la gran galería de arte, con su fachada de piedra blanca y columnas imponentes, una galería majestuosa en el centro de la ciudad. El escenario había sido preparado meticulosamente y esa tarde lucía perfecto para la esperada subasta de caridad, un evento que prometía atraer a la élite de la sociedad neoyorquina y que, en su exclusividad, solo admitía a los invitados más distinguidos. Michele y Kath llegaron al evento en un lujoso automóvil n***o, el último de una fila de autos elegantes que se alineaban a lo largo de la entrada principal de la galería. Kath había estad sorprendida de que Michele hubiese conducido, pero de igual forma, sus guardaespaldas los seguían. Mich

