En ese momento Yolanda se acerca corriendo para ver qué había sucedido. —Señor Wilson… ¿Está usted bien? —Espero una respuesta lo más rápido. —Sí señor. Lo haremos, no se preocupe. Gracias. Me alejo unos pasos sin decir nada más, pero recordé que llevaba el zapato de esa mujer en mi mano y su teléfono en mi traje. Al ver que ya no estaba, miro a Yolanda. —Hazle llegar esto a la mujer que ha quedado atrapada en el ascensor conmigo y asegúrate de que esté bien. No quiero problemas para la empresa como una demanda de su parte. Compénsala por el error que hemos cometido, que se tome el tiempo necesario para recuperarse del susto. —Entendido, señor. Al regresar a la oficina me desabrocho la corbata y me sirvo una copa de whisky. Tomo mi teléfono y entro en el registro de llamadas para gu

