MADY.
La verdadera pregunta es... Yo quiero que se porte como un caballero? Por amor de dios! en que carajos estoy pensando?. Tragame tierra. Siento el exceso de calor en mi rostro y él sólo sonríe con picardía.
-Mady, hay alguien que quiere conocerte- Nadia llega donde estamos, me ha salvado de esta incómoda situación.
-Te veo al rato Ma-dy- la manera en que Peter pronuncia mi nombre me afecta muchisimo. Ademas de guiñar su ojo y alejarse sonriente.
-Asi que... chica tímida?- la pregunta de Nadia me hace voltear mi rostro que se ha mantenido petrificado en la dirección en la que Peter se fué.
-Eh? Siiii- arrugo el ceño- es que él... bueno... es un hombre bastante directo.
-Y que te asusta?
- Que no soy una experta en el tema del amor y no deseo terminar mal- mi declaración va acompañada de un puchero.
La realidad es que... apenas conozco a ese chico y ya causa miles de sensaciones en mí. Me atrae como nunca me habia atraído ningún hombre y eso me resulta atemorizante.
-Bueno. Ven conmigo- me dice Nadia en un suspiro.Parece una chica muy segura de si misma, me gustaría ser igual que ella.
- Quien es él? - le susurro al oído pues un hombre bastante elegante viene directo a nosotras sonriente.
-Es Allan- susurra también- El CEO más reconocido en la ciudad- mi boca hace un pequeña "o" y enderezo mi cuerpo esperando al hombre.
-Nadia.- asiente levemente con su cabeza- no me digas que esta perfección echa mujer es la artista.
-Asi es señor- sonríe coqueta y puedo notar que esta interesada en él.
Aunque sería algo normal, ya que Allan es un hombre muy apuesto. Tiene cabello castaño peinado hacia un lado, los ojos grandes y verdes enmarcados en unos elegantes lentes, haciendole ver interesante. Es bastante alto comparado a mi estatura de 1.68 y ni hablar de Nadia a la que le saca varias cabezas de ventaja.
-Podrias por favor dejarnos un momento a solas- su petición me toma por sorpresa. Nadia se marcha sin mucho ánimo. j***r! no quiero que se sienta mal!
-Desea hablar de negocios?- le pregunto rápidamente tratando de safarme de él.
-No exactamente...- se acerca un poco más- Es usted una mujer muy hermosa.
-Si... pero ya está reservada- la voz de Peter a mi espalda me saca un respingo. Pones sus manos en mis hombros- Verdad cariño?
-Lo siento- dice el hombre- No sabia que ya tenia pareja.
-No.. él
- Ya ves...- me interrumpe- no se puede andar coqueteando a una chica sin saber si viene acompañada. Eso podría causar problemas no cree?- no puedo ver el rostro de Peter pero el hombre frente a mí traga saliva. Se despide formalmente y se va.
-Por que le hicistes creer que...
-Que?- me voltea para tenerme de frente pero sus manos continúan en el mismo lugar- Quieres que el hombre más mujeriego de la ciudad este tras de ti. La gente habla Mady y no se dicen muchas cosas buenas de él.
- Y de ti? Que dicen?- pregunto arqueando una ceja. Su sonrisa es amplia.
- Eso puedo decirtelo yo mismo..- se acerca rápidamente a mi oido-.. o mostrartelo.
Toda mi piel se eriza ante su cercanía. Siempre debe ser tan sensual? Es dificil decir algo coherente con alguien susurrandote de esa manera al oído.
- Peter por favor- mi voz es apenas audible.
-Es la primera vez que me llamas por mi nombre- sonríe de lado- suena bastante bien.
-Emm... debo..ir a... emm... hablar con mi jefe- lo esquivo para marcharme rápidamentente pero él toma mi mano.
- No podrás escapar de mi todo el tiempo- me suelta y salgo caminando a toda prisa. Malditos tacones! si fuera por mi estaría corriendo en este instante pero con estas zapatillas siento que voy a irme de bruces en cualquier momento.
Llego al otro extremo de la galería, tratando de aplacar mis nervios. Me concentro en una de mis pinturas y respiro profundo. Cómo podré aguantar una cena al lado de ese hombre? ay dios! pongo las manos en mi rostro. "Tienes que controlarte.... tienes que controlarte". Repito el mantra en mi mente para tratar de hallar algo de paz.
.
.
.
La oscuridad de la noche a llegado y la inauguración termino. Un sin fin de personas que no conozco se despide de mi y me felicita. Nadia a estado algo apartada. Espero que no esté molesta por el asunto de Allan.
-Lista para nuestra cita?- pregunta Peter pasando sus dedos por mi brazo.
-Cla...Claro- titubeo.- Déjame despedirme de mi jefe y asistente.
Le dedico una sonrisa y camino hacia la entrada de nuevo.
-Ya me voy- le digo a mi jefe. Él mira a mi espalda y frunce el ceño.
-Ten cuidado con lo que haces, Mady- su tono de advertencia no me gusta para nada.
- Por qué lo dice?- pregunto intrigada.
- Olvidalo - sonríe de lado - eso hace parte de tu vida personal.
- Es que...
- Ya te vaz?- Nadia me interrumpe
- Si. Estamos bien?- pregunto insegura.
-Claro que sí! ve a divertirte!- sonríe ampliamente. Me despido de nuevo y voy al auto de Peter.
Él como todo un caballero abre la puerta del acompañante. Entro despacio tratando de no mostrar nada en el proceso. Este vestido es bastante corto para mi gusto.
-Lista?- el motor del auto ruge. Yo me limito asentir con la cabeza. La marcha comienza y la velocidad que maneja me resulta demasiada.
-Ya te han dicho que conduces como un loco?- observo a travez de la ventana el panorama.
Lo escucho reir divertido. Qué le hace gracia?
-Si me lo han dicho. Pero disfruto de la velocidad y la adrenalina- volteo a verlo. Continua con esa sonrisa en el rostro y concentrado en el camino.
-Pues debiste ser piloto de fórmula 1- bromeo haciéndolo reir otra vez. Me observa durante unos segundos.
-Puedo tener la adrenalina que desee con mi Aston y... en otro tipo de cosas...- Me guiña un ojo. Su mirada es de picardía. Entiendo lo sugerente de su comentario y volteo mi rostro para que no vea mi vergüenza.
Me mantengo en silencio durante el resto del camino. Al llegar el estaciona su auto y me conduce hacia la entrada de un restaurante. Todo es verde en los alrededores y hay una perfecta vista del rio este y la ciudad.
Nos reciben formalmente y tomamos asiento en una de las mesas. Todo el restaurante es de grandes ventanales, en el mío logro divisar parte del majestuoso puente Brooklyn iluminado con miles de luces y el contraste de él reflejado en el extenso rio. La vista es increíble y me mantiene embobada.
-Te gusta?- volteo a verlo. Él se ve demasiado atractivo.
- Si, es hermoso- respondo sonriente.
-Sabia que te gustaría el lugar... y que me dices de la compañia?- se muerde el labio y me observa fijamente. Trago saliva tratando de ignorar lo que ese simple gesto me causa.
-Me agrada la compañía- respondo para mi sorpresa. Parece que mi cerebro está reaccionando más rápido a sus insinuaciones. Lo veo sonreír y llamar al mesero.
Al cabo de unos minutos una botella de champagne es dejada en nuestra mesa junto a dos copas.
- Permíteme- dice él tomando la botella y vertiendo el líquido en mi copa.
-Gracias.
Varios minutos después. Un exquisito plato es puesto frente a mí. Comemos conversando de cosas triviales. Agradezco que él no haya soltado uno de sus candentes comentarios porque sin duda me hubiera atragantado.
.
.
.
El tiempo en este restaurante de ensueño a terminado y juntos nos encaminamos de nuevo a su automóvil pasando por el hermoso jardín de hace un rato.
-Gracias por esto- le digo con sinceridad. Me observa detalladamente. Su hermosos ojos me hipnotizan sin poder hacer nada y su mano viaja hasta mi mejilla para acariciarla.
-Eres hermosa Mady- susurra. Mi cara enrojece por su declaración, trato de esconderlo pero él toma mi mentón para impedirmelo- Me encanta eso. Tu bello rostro ruborizado por mis palabras.
Sonríe pero esta vez toma mi mano y entrelaza nuestros dedos. Caminamos de esta manera lo que resta del sendero. Parecemos una pareja de novios.
Me suelta cuando llegamos al auto y me abre la puerta tal y como lo hizo antes. Entra al asiento del conductor y vuelve a observarme con la misma intensidad.
-Soy un tonto- lo veo quitarse el saco- la noche es fría y debes estar congelándote.
Lo pone sobre mis hombros y masajea un poco mis brazos. La verdad ni siquiera habia notado eso, pero sentir la calidez y el suave perfume que emana la prenda, me hace sentir bien.
-Gracias- le digo cuando aún se encuentra cerca de mí.
-Es un placer- susurra en mi oído como las veces anteriores pero esta vez me planta un suave beso en la mejilla.
Suelto un suspiro y él se retira satisfecho a su puesto.
Prende el estéreo, la musica de Bruno Mars inunda cada rincón y nos hace compañia hasta el edificio en donde vivimos.