Capítulo III

1144 Words
Las cosas difíciles requieren un largo tiempo, las cosas imposibles un poco más. —André A. Jackson. No podía evitar mover mis manos nerviosa sin saber qué movimiento realizar o qué decir en su presencia. Su escencia era encantadora. De hecho mucho más que eso sin embargo yo ni siquiera sabía qué hacer a continuación. O cómo comportarme. Me sentía como una niña chiquita al mismo tiempo que sentía colorearse mis mejillas. Desde que era adolescente me alejé constantemente de los chicos dado que estaba enfocada en una sola cosa. Realizar mi sueño. Fui cuestionada por las personas más cercanas a mí, quienes eran las que realmente me importaban sin embargo no me detuve sino todo lo contrario. Yo había nacido para triunfar y cada día lo comprobaba aún más. No me detenía. Seguía firme con cada paso. Pero esto también tenía una contra y es que suelo ser muy tímida con las personas. Hasta que las llego a conocer en realidad. No obstante con los chicos que me gustan no resultaba ser así. Todo lo contrario. Mi nerviosismo cada vez era peor al igual que mi incomodidad. Tal y como me sentía en este momento a un lado de este hombre tan arrebatadoramente atractivo. Estoy segura que si Arthie se encontrara en mi lugar no dudaría en lanzarse en su dirección para reclamar un poco de su atención. Caso contrario a mí. Ahora mismo podía sentir como me miraba de reojo a pesar de estar manejando. Mi corazón latía deprisa mientras que yo trataba de regularizar mi respiración para que él no notara lo atractivo que era para mí o lo que su presencia hacía conmigo. O mi corazón. Sin embargo no tardó en romper el silencio angustioso al que deliveradamente nos habíamos sumergido. Él había parecido esperar porque yo lo rompiera y cuando no fue el caso lo hizo por mí. — ¿Desde cuándo horneas? Inevitablemente mis ojos lo buscaron encontrándose con su perfil perfecto de dios griego. Mierda. Estoy segura de que ese hombre es la perfección humanizada y eso es lo que más me da miedo. Un tipo como él rondando no debía ser cosa buena. Debía haber algo más. ¿Verdad? Mi lengua nerviosa salió para barrer mi labio inferior y esto pareció llamar su atención justo cuando él se detenía en un semáforo lo que hizo que sus ojos estuvieran enseguida en mi rostro detallándome silenciosamente a la espera de una respuesta mía. Pero tal y como él me miraba yo también pude fijarme en su mandíbula cuadrada y musculosa la cual parecía apretar como si se estuviera conteniendo de hacer algo. Tomé una respiración profunda para enfocarme en la respuesta que debía darle y así lo hice tratando de recordar lo que me había preguntado. —Desde que tengo diecisiete más o menos —le respondí bajo su imperturbable mirada la cual era mucho más atractiva de lo que probablemente él creía. — ¿Cenaste? La rapidez de la siguiente me hizo mirarlo con sorpresa antes de tragar saliva y negar con la cabeza como si esta tuviera vida propia. Ya era demasiado tarde para decir que sí. —Entonces déjame invitarte... —No creo —le respondí con rapidez viendo como él volvía su atención a la carretera dado que ya la luz verde se había colocado en el semáforo—. Debo ir a casa. — ¿Hay algo tan importante que debas hacer como para saltarte la cena? —me preguntó él e inconscientemente mordí mi labio inferior sin saber cómo salir de este embrollo sin que notara mi nerviosismo. Él sabía donde vivo porque ya se lo había dicho al montarme a su auto e ilusamente creí que esas serían las únicas palabras que intercambiaríamos. Sí. Así de aburrida soy. Y me vuelvo peor cuando me gusta un chico. Es inevitable no sentir esta atracción irrefrenable por Jay. Nada más verlo y cualquier chica en su sano juicio lo desearía. Sin embargo yo era demasiado normal como para atraer su atención y aunque lo hiciera su interés no se mantendría en mí por demasiado tiempo al darse cuenta lo aburrida que soy. —Sí yo... —Estás tratando de buscar una excusa y dado que no la tienes te llevaré a comer —dijo él con coquetería ocasionando que mi corazón saltara una vez más solo por él. Sus ojos buscaron los míos antes de que una sonrisa increíblemente seductora se dibujara en sus perfectos labios los cuales eran la tentación de cualquier mujer. — ¿Hay alguna objeción? —preguntó con voz divertida y quise hacerle frente no obstante no pude hacerlo. No cuando no encontraba palabras para negarme. La única cosa que tenía que hacer en casa es darle comida a mi gato, leer un libro y finalmente ir a la fría y solitaria cama. Cosa que no sonaba en lo absoluto seductora para nadie si poníamos en la balanza eso versus cenar con un muy atractivo hombre que tenía la cara de un dios Griego estoy segura de que todas harían la misma elección. La cosa es que la más elegida me hacía sentir de alguna manera vulnerable. Siempre era precavida en cuanto a los chicos porque sé cuánto daño pueden hacer. Incluso aunque apenas haya tenido un fugaz noviazgo. Aunque estoy segura que esta será una cena sin importancia en la cual cada uno irá por su lado y probablemente ni nos acordaremos del otro al día siguiente, absurdo porque un rostro como el de él es inolvidable pero haré mi mejor intento, aunque para él no será nada difícil olvidarse de mí. No sé porqué demonios divago tanto dado que es una simple cena y ya. Me esforcé por calmar el hormigueo en mi piel además de mi respiración agitada por la presencia masculina de este hombre a mi lado sin embargo no fue nada fácil. —Ninguna, la verdad es que me muero de hambre —le dije con cierta timidez y él esbozó una sonrisa cálida que me hizo devolvérsela enseguida. — ¿A dónde te gustaría cenar? —me preguntó haciendo que mirara con curiosidad el brillo de sus ojos pero yo me limité a encogerme en hombros restándole importancia porque a donde quiera que me llevara estaría bien. — ¿Te gusta algo en especial? —continuó notando que soy de pocas palabras, aunque solo sea con los desconocidos sexys pero él nunca lo sabrá. —Cualquier cosa está bien, pero amo la pizza. Una vez más él ladeó su boca en una sonrisa hermosa y contagiosa porque yo le devolví la mía con cierta timidez. —Entonces pizza será —asintió él de inmediato y en cuanto sus orbes se volvieron a las mías supe que había en su mirada algo intenso y peligroso lo cual me llamaba de una manera inexplicable.
Free reading for new users
Scan code to download app
Facebookexpand_more
  • author-avatar
    Writer
  • chap_listContents
  • likeADD