Capítulo II

1531 Words
“Sin lucha no hay progreso” —Frederick Douglas. Apenas podía respirar después de que él se hubiera ido. Aún me encontraba temblorosa por su presencia, su toque, su voz... Realmente por todo él. Pero traté de recuperarme de inmediato para ir a la cocina a chequear los pasteles de chocolate, sobre eso no había mentido. Sin embargo nada más darme la vuelta me di cuenta que todas las miradas estaban sobre mí ocasionando que me ruborizara otra vez enseguida. Ni siquiera me acordaba que había personas a mi alrededor aparte de ese hombre. Así que me las arreglé para saludar a los que me saludaban mientras que seguía mi camino a la cocina a paso rápido y ya cuando estuve allí pude suspirar más tranquila lejos de los ojos curiosos aunque yo debería haberme esperado que mis metiches empleados estuvieran enseguida rodeándome, salvo por unos pocos que debían estar atendiendo a los clientes. — ¡Oh por Dios chica! ¡Ahí saltaban chispas entre ustedes dos! —soltó Patricia riendo en compañía de Arthie y esta no tardó en acompañarla. — ¡No puedes negarlo! —me señaló esta después de que vio como las fulminaba con la mirada—. Todo el mundo te vio o mejor dicho, los vio. —Todo el lugar estaba ardiendo con sus miradas —añadió Félix con una sonrisa de oreja a oreja que me hizo entornar los ojos. —Ese hombre es caliente como el infierno —dijo una vez más Arthie. Mientras yo iba a sacar los pasteles del horno. —Combo cuatro para la mesa cinco —dijo Paula entrando a la cocina y casi salió de mi boca el comentario de que por fin alguien trabajando en vez de estar chismoseando pero antes que lograra hacerlo la dulce chica de cabello morado me sonrió antes de hablar. — ¡Todo es mundo desapareció para ustedes! Fue tan romántico —murmuró ella soñadora y yo no pude evitar sonreír solo que no dejé que ellos lo vieran. —Están haciendo suposiciones tontas. Él es un cliente, quizás nunca más venga, ni siquiera sé cómo entró por la puerta —murmuré para después ir por la nata montada. —Fue un flechazo inmediato jefa, cualquiera que tenga ojos en la cara se daría cuenta que ustedes estuvieron perdidos el uno en el otro como nunca he visto hacer a nadie —añadió Markos y antes de que pudiera responderle él tomó la orden que ya le habían servido para llevarla a la mesa y pronto salió de la cocina. —Ustedes están locos —bufé yo y ellos negaron con la cabeza divertidos. —Mañana vendrá —afirmó Patricia mientras Jessica negaba con la cabeza entrando apenas. —Dios, vayan a trabajar y déjenla en paz —gruñó tomando una orden que probablemente había pedido antes. —Apuesto a que mañana vendrá de nuevo —dijo emocionada Patricia. —No lo hará —afirmó Jessica tan positiva como siempre, nótese el sarcasmo. —Apostemos —dijo Arthie retando a Jessica y esta se detuvo en seco mirándola con la ceja arqueada. Ambas se detestaban y nadie sabía el porqué. —Apostemos —afirmó la pelinegra. —No pueden apostar sobre eso —refuté yo pero al parecer no fui oída pues los demás se habían unido a la apuesta así que lo único que hice fue entornar los ojos y rellenar los pasteles. —No te olvides de hacer los brownies jefa, sin avellanas —dijo Félix y fingí no escucharlo. Pero más tarde, cuando estábamos cerrando me ví buscando los materiales para los brownies y enseguida puse manos a la obra, solo que estos eran de maní especialmente para él. Jay Gallagher. El hombre que había llamado tanto mi atención, solo que esto último nadie lo sabría. Era vergonzoso. De hecho cuando me quedé haciendo los brownies sola en la cocina me cuestioné si era una tonta por hacer esto. Después de todo no sabía si él venía de verdad... O si lo haría mañana. Todo era incierto sin embargo no me pude detener e hice los mejores brownies de maní que he hecho en mi vida. Deboré uno demasiado deprisa porque estaba haciéndose muy tarde y tomé un par más para colocarlos sobre un plato desechable. Me apresuré a cerrar el local y después de esto comencé a caminar para buscar al dueño de estos brownies pero no tardé en encontrarlo. El pequeño André me recibió con una preciosa sonrisa que me caló en lo más profundo y no tardó en abrazarme de inmediato. Su madre Glena llegó a mi lado para envolverme en un abrazo al que correspondí de inmediato mientras me hablaba de lo deliciosos que eran mis brownies. Rápidamente me despedí para tomar el autobús que me llevaba a casa y justo al llegar a la parada un auto se detuvo frente a mí poniéndome nerviosa. No había nadie a mi alrededor por lo que me hice la loca y comencé a caminar hacia adelante pero el auto retrocedió y mi corazón saltó, solo que esta vez tenía el vidrio abajo y pude ver un rostro muy familiar que casi me detuvo el corazón. — ¿Te llevo a casa? —su voz ronca y sus ojos con heterocromía me gustaron tanto que me quedé por un momento sin palabras mientras lo miraba y él aprovechó para salir del auto y detenerse justo frente a mí a unos pasos de distancia. Enseguida noté la diferencia de nuestros tamaños ahora que no teníamos una mesa de por medio. Tuve que alzar la cabeza para mirarlo a la cara entonces me quedé perdida una vez más en su belleza masculina. Definitivamente este hombre es puro fuego y estoy segura que quiero quemarme con él. ¿De dónde vino ese pensamiento? Me reprendí pero me concentré una vez más en él cuando lo vi avanzar hasta donde me encontraba yo tensándome mucho más. Puede que esté buenísimo y sea el tipo más guapo que he visto en mi vida pero sí intenta algo... —Déjame llevarte a casa —me dijo y yo me encontré dudando lo que me hizo fruncir el ceño de inmediato dándome cuenta que no estaba siendo objetiva. ¿Y si es un secuestrador? Me pregunté y él me dio una sonrisa que hizo temblar mis rodillas antes de hablar como si hubiera leído mi mente. —No voy a lastimarte, jamás he tocado a una mujer para hacerle daño —me dijo. —No nos conocemos —contesté yo recelosa, me parecía extraño que nos encontráramos otra vez—. Creo que debería irme... —Si así lo desea. Pero no me iré de aquí hasta que se monte en el autobús —dijo él—. Según escuché ese autobús deja de pasar a las 07:00 pm, y ya son pasadas —me dijo él y miré el reloj de prisa para darme cuenta que tenía razón. Debí haber pasado más tiempo con Glena y André del que creía. Un nudo se hizo en mi estómago de angustia. ¿Qué iba a hacer ahora? Por aquí no pasaba otro autobús. Solté un par de palabrotas enseguida en voz baja mientras miraba al intimidante hombre que se apoyaba en un auto n***o, él tenía sus manos en los bolsillos pareciendo relajado y distante. Podría aceptar su ayuda pero no me parecía conveniente. Ni siquiera lo conocía ¿Por qué iba a irme con él? Entonces pensé en las opciones que me quedaban... Y me di cuenta que no había ninguna. Por aquí ni siquiera pasaban taxis así que la única manera sería aceptar su ayuda pero no me contuve y tuve que advertirle. —Está bien, creo que aceptaré que me lleve... ¡Pero le enviaré mi ubicación a mi amiga y le diré que estoy con usted! —espeté como modo de amenaza y me sonrojé de inmediato. Él volvió a sonreírme como había hecho en Sweetness acelerando mi corazón de inmediato. —Esperaba que lo hiciera señorita Villalba —me dijo con su voz aterciopelada y masculina. Enseguida aparté mis ojos de él y como le había dicho le envié lo que le dije a Paula para después enviarle. “No preguntes, mañana te lo contaré todo. Y más vale que no cuentes nada Paula, porque no tendré compasión”. Le advertí pero yo sabía que no le diría nada a nadie. Entonces levanté la mirada y me lo encontré mirándome haciéndome temblar por la mirada que me echó pero me recuperé rápidamente. — ¿Entras? —me preguntó él abriéndome la puerta de copiloto y por alguna razón mi mente imaginó que esta vez no sería la única que viajaría en este auto entonces comencé a pensar que me estaba volviendo loca. Asentí levemente antes de entras en el auto y absorber la fragancia masculina de él flotando por el reducido lugar. — ¿A dónde? —me preguntó una vez que se sentó a mi lado y rápidamente supe que era mala idea estar tan cerca de él pero nada me preparaba para lo que vendría a continuación.
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