El amor ahuyenta el miedo y, recíprocamente el miedo ahuyenta al amor. Y no sólo al amor el miedo expulsa; también a la inteligencia, la bondad, todo pensamiento de belleza y verdad, y solo queda la desesperación muda; y al final, el miedo llega a expulsar del hombre la humanidad misma.
—Aldous Huxley.
Actualidad
El recuerdo se disipó de mi cabeza en cuanto me llamaron por mi nombre haciéndome alzar la mirada a la recién llegada.
Claudia es la cocinera de Jay desde antes de que yo llegara aquí pero no habíamos tardado en compaginar y hacernos muy amigas a pesar de la diferencia de edades.
Ella siempre me aconsejaba y era más como la madre de Jay que mi propia suegra según lo que me había dicho.
Sus ojos ahora me observaban con un rastro claro de preocupación que me hacía encoger.
No obstante no podía dejar de pensar que en esa casa todas las personas sabían el engaño al que Jay Gallagher me había sometido durante todos estos años. Soy la única estúpida que había vivido en un cuento de fantasías del que debía haber sospechado y por eso ahora estaba sumergida en el dolor y la angustia insesante.
¿Por qué Jay me había hecho esto?
Lo sabría claramente si lo dejara acercarse a mí y explicarme pero simplemente no podía hacer eso porque de solo pensar estar cerca de mí mi corazón dolía y todo mi cuerpo se ponía alerta con su presencia.
Pero esto no era algo nuevo.
Había sucedido de esta forma desde el primer momento que lo vi en Sweetness y luego no había podido deshacerme del sentimiento.
Lo único que sabía es que quería a mi hijo de vuelta y aunque él dijera que estaba haciendo todo por encontrarlo para mí no se sentía suficiente.
Yo misma quería ir a buscar a mi niño sin embargo Jay había dado órdenes de que no me quitaran los ojos de encima y sobretodo, no me dejaran salir.
Es así como me mantenía encerrada en esta habitación que había compartido con el que creía el amor de mi vida quien había resultado un mentiroso de lo peor.
Nada me calmaba y los recuerdos en la soledad se iban haciendo más nítidos y reales.
Recuerdos que por más que lo intentara nunca podría olvidar.
Y en secreto tampoco lo quería pues estos y mis hijos son lo único que me mantiene cuerda ahora mismo.
—Cariño te traje comida —me dijo Claudia sacándome de mis pensamientos una vez más poniéndome tensa e incómoda al ver lo que me había traído.
Lasaña.
Sin duda algo que Jay había mandado a hacer para mí como si mi comida favorita fuera a calmar la angustia que sentía al no ver a mi niño mayor corriendo por toda la casa sacándome sonrisas.
—Llévatela Claudia, no la quiero —repuse negándome a comer cuando no sabía si mi hijo lo había hecho.
Tenía tanto miedo de que lo lastimaran y yo no pudiera estar ahí para defenderlo.
Tanto que mis ojos se cristalizaron inevitablemente estremeciéndome de dolor y rabia por sentirme inútil estando aquí en estas cuatro paredes dónde había sido tan feliz por años.
Ahora solo quería escapar con mis hijos y encontrar mi propia felicidad.
No una felicidad prefabricada como lo había hecho Jay conmigo.
—Tienes que comer algo pequeña, no has comido nada desde anoche y no es bueno.
— ¿Crees que puedo hacerlo? —le reproché con la voz quebrada por las emociones que me golpeaban en ese instante.
Mis ojos se llenaron de lágrimas no derramadas al mismo tiempo que sentía un peso en los hombros.
Enseguida aparté la mirada de Claudia no queriendo parecer débil frente a ella pero no era una cosa fácil.
Simplemente no estaba bien.
— ¿Crees que una madre puede comer tranquila cuando no sabe cómo está su hijo y si lo ha hecho? —seguí y pronto sentí como ella me abrazaba y sin más dejé fluir mis lágrimas mientras que ella me consolaba.
—Yo te entiendo cariño, de veras que lo hago pero nada haces con dejar de comer.
»Esto no hará que encuentres a Jace sino que te pondrá más débil y vulnerable, tú no quieres que tus hijos te vean así ¿Verdad?
Ella tenía razón.
Tampoco podía dejar que mis niños me vieran de esta manera por eso había pasado todo el día encerrada en la habitación.
— ¿Cómo están ellos? —le pregunté a la mujer con urgencia.
Lo único que hacía era ver si estaban todos ahí y luego volvía a mi habitación.
La paranoia que sentía era inherente a mí.
Lo único que sabía es que debía cuidar de ellos.
Tenía tanto miedo de que me los arrebataran como a Jace.
—Ellos están bien. Las niñas preguntan por ti y por su padre a tu madre a veces pero vuelven a jugar.
Yo asentí angustiada.
Le había dicho a las gemelas que su hermano mayor se había ido a un campamento de verano y ellas lo habían entendido.
Debía mantener su inocencia brillando sin dejar que se apagara y aunque sentía un miedo desgarrador al no ver a mi Jace jugando con sus hermanos algo me decía que él estaría bien y sobretodo, que Jay lo encontraría y me lo traería de vuelta. Sin embargo nuestro matrimonio estaba irremediablemente roto aunque eso acabara con mi felicidad y rompiera mi corazón.
Claudia acarició mis mejillas en un gesto maternal ocasionando que la mirara a los ojos sabiendo que lo que estaba por decir probablemente no me gustaría nada.
—Sabes que él te ama ¿Verdad? Nunca he visto a Jay actuar como lo hace contigo, como lo hizo desde el primer momento que vinieron a casa, lo sabes en tu corazón mi niña.
Yo aparté la mirada molesta por la mención de Jay.
No quería pensar en él porque me dolía demasiado.
Él no se merecía mi perdón.
Él me había engañado por años y me enteraba de la verdad por otros, no por él mismo.
Odio que me haya engañado.
—Él no me ama y nunca lo ha hecho Claudia, si lo hubiera hecho me habría contado todo —solté cada vez más molesta por sus acciones.
Lo único que quería ahora de Jay Gallagher es que me trajera de vuelta a nuestro hijo, de resto puede irse al mismísimo infierno.
—Tu no sabes lo que el miedo puede llegar a hacer en una persona enamorada cariño —afirmó la mujer y como vio que yo ya estaba lista para replicar se levantó señalándome a donde había dejado mi comida.
—Escucha a tu corazón y piensa por todo lo que han pasado Jay y tú como para que ahora terminen con eso tan hermoso que ustedes tienen y que el resto de las personas desean. Todos nos equivocamos pequeña, como ya te dije, el miedo es algo que nos lleva a hacer estupideces como hizo Jay y aunque no lo creas no lo estoy justificando.
Yo asentí sin mirarla entonces la escuché suspirar antes de que escuchar sus pasos alejándose de la habitación.
Miedo.
Jay Gallagher no le tenía miedo a absolutamente nada.
¿A qué demonios podía tenerle miedo mi esposo?
Negué con la cabeza sabiendo que Claudia estaba equivocada.
Yo también había pensado que teníamos algo especial pero ahora sé que todo fue una completa mentira.
Sin embargo no podía evitar pensar que había parecido tan real que se había tatuado en mi piel.
El recuerdo de nuestro primer beso.
De sus manos sobre mi piel.
De su mirada encantadora.
Pronto cerré los ojos y una vez más me dejé llevar por el recuerdo de algo que no sabía si había sido actuado no obstante mis sentimientos sí eran reales.
Lecherías, 28 de noviembre de 2021.
Hora; 11:30 pm.
Sol
No podía creer lo divertido que había resultado comer con este hombre.
Si antes me sentía tímida a su alrededor, porque secretamente me gustaba demasiado, ahora me sentía un poco más relajada a su alrededor.
Después de la pizza habíamos ido al local continuo el cual era un karaoke.
Yo avergonzada no había querido cantar pero Jay no dejó que me sentara y dado a que no había mucha gente terminó convenciéndome que cantáramos juntos entre sonrisas cómplices y mariposas revoloteando en mi vientre.
Las miradas entre nosotros no se detenían incluso cuando más personas se unieron a nuestra canción.
Era como si el mundo entero hubiera desaparecido y solo quedáramos él y yo.
Los aplausos nos hicieron volver al presente y al ver la hora le dije que debía irme a casa aunque no era del todo cierto.
Sin embargo esto extraño que comenzaba a sentir en mi interior me parecía sumamente peligroso para alguien que acababa de conocer.
Jay no tardó en llevarme el problema fue que al detenerse en mi puerta él bajó conmigo ocasionando que mi corazón latiera desbocado en cuanto estuvimos frente a frente.
No podía dejar de admirar su increíble belleza masculina así como su sonrisa ladeada y perfecta.
—Sana y salva —dijo él cortando el silencio que se había formado entre nosotros y yo asentí antes de pasar inconscientemente mi lengua por mi labio inferior.
—Muchas gracias por traerme —le dije casi sin voz a lo que él asintió.
— ¿Tendrías una cita conmigo? —me preguntó desconcertándome por unos segundos.
Mis ojos se abrieron enseguida sorprendida mientras que mi corazón comenzó a latir a un ritmo anormal.
El nerviosismo se hizo cargo a continuación y como una niña pequeña lo único que podía pensar en hacer era escapar.
Y eso hice.
Rápidamente me metí a mi casa dejándolo ahí afuera con la palabra en la boca mientras que la vergüenza y la decepción por mi misma me golpeaba.
¿Por qué demonios había actuado de esa forma tan boba cuando lo único que quería era que me besara?
Llevaba deseando eso durante toda la noche y a la menor oportunidad escapo como una niña.
Pegué mi frente a la puerta lamentándome porque estoy segura de que más nunca volveré a verlo en mi vida por mi estupidez.
—Que boba Solange, que boba —me reproché a mi misma escuchando como el auto se encendía y él se iba de ahí.
Nunca más iba a verlo.
Pero esta noche quedaría memorable en mis recuerdos.
Mi gatito apareció pasando por mis piernas en repetidas ocasiones y fui a la cocina por su comida mientras que no dejaba de pensar ni un segundo en Jay.
Le di la comida a mi gato para después irme a mi habitación.
Entré en el baño para lavarme los dientes y deshacerme de mi maquillaje para después quitarme la ropa quedando en bragas como solía dormir pero un pensamiento atormentaba mi cabeza y no era otro que Jay Gallagher.
El hombre más perfecto que he conocido en mi vida al que he espantado por ser una tonta cobarde.
Bufé por lo bajo y me dije que debía superarlo.
Sin embargo esta noche soñé con amanecer entre los brazos de ese hombre magnífico y nada se sintió mejor que eso... Hasta que la mañana siguiente llegó y me di cuenta que solo había sido un sueño.
Con lo que debía conformarme inevitablemente.