Capítulo VIII

1071 Words
No hay más uniones legítimas que las que están gobernadas por una verdadera pasión. —Stendhal. De repente él me tomó en brazos sin dejar de besarme mientras comenzaba a caminar y me dejó desconcertada cuando me dejó una vez más en el asiento de copiloto de su auto y nuestras miradas volvieron a encontrarse. — ¿Qué haces? —le pregunté por medio de un susurro confundida con los labios hinchados por nuestra inexplicable pasión desatada. —Te llevaré a mi casa. »A donde realmente perteneces. A donde quiero tenerte por primera vez —soltó y esperó por ver mi reacción pero lo único que podía sentir yo era el deseo recorriéndome de pies a cabeza. Necesitando mucho más que sus besos. Estaba completamente nerviosa pero de algo estaba segura. Quería esto más que nada. En cuanto Jay que estaba de acuerdo se inclinó una vez más para tomar mis labios con otro delicioso y adictivo beso que fue más corto que el primero. Rápidamente cerró mi puerta y corrió hasta su asiento volviendo a tomar mi mano entre la suya creando un insesante cosquilleo dentro de mi vientre por lo que estábamos a punto de hacer. No necesitamos más palabras de por medio. El viaje se hizo largo y tortuoso. Tenía ganas de estirar mis manos y acariciar cada parte de su cuerpo caliente pero me reprendí de inmediato por el desvergonzado pensamiento. Mis mejillas se pusieron rojas y el color aumentó más gracias a su mirada inquietante que de vez en cuando me miraba. También los nervios estaban por todo mi cuerpo y a veces me preguntaba si esto que estaba haciendo era correcto. Es extraño cuando toda mi vida había sido casi indiferente a los chicos y de repente mi mundo da un giro brusco justo en el momento que mis ojos se encuentran con los de Jay Gallagher. Mi dureza se hace papilla frente a su masculinidad tentadora. No puedo ser inmune a él. Lo necesito tanto que estoy ardiendo por él y debería estar avergonzada, lo estoy un poco, pero no para quedarme paralizada. Su perfume delicioso llega a mis fosas nasales de vez en cuando adorando en secreto el aroma que sé que al culminar la noche tendré por todo mi cuerpo. Cerré los ojos con el corazón latiendo con fuerza bajo mi pecho tratando de controlar mi respiración agitada y solo los abro cuando escucho de él una maldición baja escapar de su boca. Me fijo en sus nudillos volviéndose más blanquecinos por la presión con la que está apretando el volante. Mis pupilas viajaron por su rostro, sus ojos estaban fijos en el camino mientras que su mandíbula estaba firmemente apretada como si se estuviera conteniendo. Un escalosfríos recorrió por mi cuerpo ocasionando que casi gimiera por todo lo que estaba sintiendo. Tenía que calmarme. Tranquilizar mi corazón arritmico. Saqué la punta de mi lengua nerviosa para lamer mi labio inferior tratando de concentrarme en el camino yo también pero parece que ese movimiento llamó su atención pues sentí sus ojos en llamas posados sobre mi labio ahora humedecido. El auto se detuvo y esto fue razón suficiente para que mi corazón saltara. Sin embargo no me esperé que de repente su boca caliente estuviera una vez más sobre la mía reclamándome en posesivo silencio. Inevitablemente mis brazos rodearon sus hombros perdida en el deleite al que solo Jay podía llevarme. Estaba mareada por las sensaciones pero receptiva a su toque. Me sentía como mantequilla entre sus dedos completamente derretida por su toque inesperado. Mis labios lo besaban con la misma fuerza aferrada a él. Una de sus manos le dio una ligera caricia a mi vientre erizándome por completo mientras que la otra seguía anclada a mi cintura. Su lengua se adentró a mi boca quitándome el aliento y entrelacé la mía con la suya al mismo ritmo. Esto es lo mejor que he experimentado en mi vida y lo más irreal es que solo eran besos compartidos. ¿Qué pasaría cuando la pasión fuera desatada por los dos? —Estoy ardiendo por ti, mi princesa —susurró él por encima de mis labios de forma sumamente erótica y sus ojos estaban completamente de acuerdo con sus palabras. Parecía querer comerme de un bocado. Y lo más inquietante es que yo misma quiero que lo haga. De repente se separó de mí dejándome desconcertada y anhelando por más pero al mirar al frente me di cuenta de que él solo se había detenido por un semáforo. Reanudó el camino otra vez sumergiéndonos en un silencio electrizante pero gracias al cielo llegamos antes de lo planeado. Al detener su auto otra vez me fijé que estábamos frente a una propiedad impresionante que me dejó paralizada por un momento sin embargo esta quedó en el olvido cuando la puerta de copiloto fue abierta y Jay me tendió su mano grande para ayudarme a salir. No dudé ni un segundo en hacerlo no obstante me impresionó que hubiera llegado tan rápido a mi lado. Ni siquiera lo había escuchado salir del auto. Hice a un lado esos pensamientos y continué caminando con él quien aferraba mi mano con fuerza a la suya. A primera vista este lugar era impresionante y magestuoso pero al entrar me quedé sin aliento por lo hermoso que era. —Ahora estamos en casa, mi princesa. Esta lucía como la casa de mis sueños sin embargo no tuve tiempo de mirarla por mucho rato porque de forma abrupta Jay me hizo girar para chocar justamente contra su pecho amplio para después estampar sus labios sobre los míos. Su mano que sostenía mi muñeca se deslizó hasta mi cintura y la ancló ahí mientras que la otra se metió por las hebras de mi cabello ocasionando que las mariposas en mi estómago revolotearan de inmediato. Yo enseguida correspondí a su beso llevando una vez más mis manos a su cuello mientras que sentía los nervios recorrerme de pies a cabeza. ¿Realmente iba a hacer esto? ¡Dios mío conozco a Jay de apenas un día! ¡¿Cómo es posible que haga esto?! Sin embargo la respuesta la obtuve solo cuando volví a mirarlo. Comprendí que los hombres como Jay Gallagher no abundaban y él era tal y como yo había deseado en un hombre. Sin pensar demasiado me apreté mucho más a su cuerpo. Sí. Definitivamente quiero hacer esto.
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