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919 Words
Confía en Tu Esposa - Es una carga que el que expresa el don en la familia Real de Glen debe llevar - murmuró Kaelion, pensativo. - Pero no es justo. - No es cuestión de justicia, Majestad. - respondió el sumo sacerdote, su voz teñida de una sabiduría distante. - Es cuestión de equilibrio. La habilidad de Nerias no está diseñada para salvarlo todo, sino para curar lo necesario y al mismo tiempo, enseñar la humildad. A veces, el mayor sacrificio es aceptar lo que no puede ser cambiado. Kaelion se quedó en silencio, asimilando la magnitud de lo que había aprendido. La conexión de Leocadia con el dios de la sanación era mucho más profunda y complicada de lo que había imaginado. Y, sin embargo, esa misma conexión la hacía aún más valiosa para él y para el imperio. - Gracias por su ayuda, sumo sacerdote. - dijo Kaelion finalmente, su tono firme. - Ahora entiendo lo que está en juego. El sacerdote asintió, su mirada evaluadora clavándose en Kaelion, como si estuviera midiendo la verdadera intención detrás de sus palabras. - Me alegra que lo comprenda, Majestad. - dijo con una leve sonrisa. - El poder de Nerias siempre tendrá sus misterios. Y no siempre es fácil de comprender. Con una última mirada a la estatua de Nerias, Kaelion se dio la vuelta, decidido a llevar consigo este nuevo conocimiento. Aunque no podía cambiar el destino de Leocadia, ahora sabía con mayor claridad los límites de su poder y lo que eso significaba para su vida y para su futuro juntos. - ¿Qué opinas, Eron? - La voz de Kaelion sonó más cansada de lo que quería mostrar. El peso de la interacción con el sumo sacerdote lo estaba afectando más de lo que esperaba. Eron observó con atención al emperador, su expresión seria, como siempre. Era un hombre de pocas palabras, pero sabía leer las situaciones como pocos. Después de un momento de silencio, su mirada se fijó en Kaelion y su tono, aunque relajado, no perdió su gravedad. - Majestad, el sumo sacerdote está jugando con sus emociones. - dijo Eron con calma - Está probando sus límites, buscando una reacción. Y lo ha logrado. No fue solo una provocación hacia usted; fue un juego de poder. Él sabe que, si lo provoca lo suficiente, algo cederá en su interior y eso es lo que quiere. Le dijo que sus descendientes no podrán ser salvados por su propio poder. Kaelion asintió lentamente, reconociendo la verdad en las palabras de Eron. Era difícil admitirlo, pero no podía negar que el sumo sacerdote había tocado una fibra sensible al mencionar a Leocadia. La mención de su esposa o un hijo, su vínculo con ellos, lo había hecho sentir vulnerable y esa vulnerabilidad era justo lo que el sacerdote deseaba explotar. - ¿Y ahora qué? - Kaelion murmuró, frotándose la mandíbula con frustración - No puedo seguir permitiendo que me manejen de esa manera. Tampoco puedo ignorar que hay asuntos más grandes en juego. Mi relación con el templo es... complicada. Eron lo miró fijamente, sin perder la compostura. - Deberíamos usar esto a su favor, majestad. En lugar de dejar que lo manipulen, demuéstreles que no tiene miedo. Tal vez lo que necesite no sea un golpe directo, sino una jugada más sutil, al estilo de la emperatriz. Ella, como siempre, sabe cómo manejar estos juegos. Kaelion lo pensó por un momento, luego negó con la cabeza. - No es tan simple. El sumo sacerdote no es alguien con quien se pueda jugar de esa manera. Y, además, estoy cansado de que todo lo relacionado con Leocadia se convierta en un campo de batalla. Eron no dijo nada más, pero su mirada indicaba que entendía lo que Kaelion quería decir. Había algo en el aire, algo más profundo que solo política o manipulación. Sabía que su emperador estaba lidiando con emociones complejas que ni siquiera él entendía por completo. - Lo que usted necesita ahora, majestad. - continuó Eron después de un largo silencio, - Es hacerle saber a todos que ya no es el mismo hombre que tomaron por sorpresa. Si vamos a estar en guerra, será por el control del poder, no por la provocación de un sacerdote. Kaelion lo miró de reojo, notando cómo el consejo de Eron era directo, pero también con un trasfondo de admiración hacia la forma en que Leocadia había logrado mantenerse en pie. - Y si eso significa aprender a jugar sus cartas como ella lo hace... entonces será un mal necesario - dijo Kaelion, aunque con una risa irónica. - Por ahora, haremos lo que sea necesario, pero no pienso quedarme callado por mucho más tiempo. Eron asintió con una ligera sonrisa, dejando en claro que el emperador había comenzado a tomar control de la situación, aunque de una manera más calculada. - Majestad, si se trata de control, entonces ya ha tomado las riendas. Kaelion guardó silencio mientras caminaban por el templo, dejando que sus pensamientos se agitaran. Sabía que debía regresar y hablar con Leocadia. La habilidad que había despertado en ella podría cambiar muchas cosas, pero aún no entendía completamente las implicaciones de ese poder. Sin embargo, algo en su interior le decía que este conocimiento sobre el despertar del poder de Nerias sería crucial para lo que vendría. - Hay mucho que no sé sobre mi esposa. - murmuró para sí mismo mientras salían del templo, su mirada fija al frente.
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