Charles sonríe mientras disfruta de la presencia de una mujer que se encontraba sentada en su regazo, mostrando gran parte de su pecho, su corsé de color rojo llamativo resaltaba su blanca piel de terciopelo.
Bass eleva la mirada de los pechos de ella hacia sus rojizos labios y sonríe aún más al ver que ella acaricia su mejilla. Por supuesto, las caricias de esa mujer eran únicamente porque pago por ella, ya que ninguna mujerzuela de ese saloon era cariñosa con un cliente porque le naciera.
—Esta noche la pasaras conmigo, preciosa.
—Por supuesto que sí, cariño. Todo lo que quieras, siempre y cuando seas generoso conmigo.
—Claro que sí.
En eso alguien irrumpe en el saloon, Charles mueve la cara para ver a uno de sus hombres ingresar apresurado, se quita el sombrero y camina hasta él sonriente y todo sudoroso y mugriento.
—jefe.
—¿Qué quieres?
—Hice lo que me pidió.
—¿Y?
—¡Está hecho! —charles sonríe para luego mirar a la rubia que tenía en sus piernas.
—Eso hay que celebrarlo.
Se levanta bruscamente mientras sujeta a la mujerzuela del codo y empieza a caminar con ella a las malas hacia la parte de arriba del Saloon que funcionaba como hotel.
[…]
Esa madrugada la temperatura bajo bastante, el frio que estaba haciendo era bastante intenso que despertó a Jhon, el pelinegro se sienta en la cama para luego frotar su rostro. Traga saliva, pero se da cuenta de que su garganta estaba áspera.
Hace amago de levantarse, pero en eso escucha un sonido que lo pone en alerta, se queda muy quieto al sentir una especie de pasos en la parte de afuera de la casa. Frunce el ceño mientras que observa hacia todos lados, pero la luz de las lámparas ya estaba extinta.
No obstante, se pone en pie y camina con pasos suaves para asomarse en la primera ventana que consigue, mira atreves de las cortinas, pero no logra ver más que una fuerte brisa. Luego escucha los pasos por la parte del frente de la casa.
Camina con un poco de prisa hacia ese lado de la casa, corre la cortina con delicadeza y solo logra ver la mecedora ir de un lado para otro con velocidad.
Traga saliva, sabía que alguien estaba afuera.
Retrocede un poco para poder ver mejor por la ventaba cuando su espalda se topa con un pequeño armario que se abre por su solo, él voltea ya que era un idiota por hacer ruido, pero al hacerlo observa un rifle.
—¿Qué? —se sorprende que una servidora de dios mantenga un arma en su casa.
Toma el arma y revisa que estuviera cargada, ¡y lo estaba! eso si era aún más extraño. Niega, mientras que mantiene el arma sujeta con su mano izquierda, por suerte era diestro y la herida que tenía no le afectaba en nada.
Vuelve a correr la cortina y es cuando escucha los pasos muchos más cerca. En eso oye como los caballos se alertan y se inquietan, el sonido de las pisadas estaba más cerca de la puerta, Jhon carga el arma y se pone en alerta.
—¿Qué está haciendo? —la voz de Lucila no lo perturba, él solo le hace un gesto de que mantenga el silencio y ella se queda muy quieta.
Lo ve como lleva el rifle de su padre con la otra mano pareciendo bien lo que hace, pero ella se pregunta si ese hombre había perdido la cabeza. Estaba herido, ¿Cómo pretendía disparar? Y sobre todo ¿a quién le iba a disparar?
—¿Qué hace? ¿a quién piensa dispararle? Usted no ve que está mal herido—musita mientras pone la mano sobre el arma, pero en eso escucha unos pasos afuera y se queda paralizada.
—Guarde silencio, señorita Lucila.
Ambos se miran a los ojos, Lucila comenzó a sentir un poco de miedo ya que esa situación había pasado mucho tiempo atrás cuando estaba con su padre vivo.
Ve como Jhon levanta el arma, ese hombre no podía disparar, dudaba que fuera capaz de hacerlo. Hasta podría llegar a lastimarse.
Ella hace amago de quitarle el arma, pero de la nada él abre la puerta y dispara con tanta habilidad que la deja petrificada. Sus ojos se abren enormemente al escuchar varias detonaciones más mientras que lo observa disparar con destreza.
Sus pasos eran firmes y su puntería parecía tan certera. En eso deja de escuchar los disparos y reacciona, niega y corre hacia afuera para encontrarse a un lobo muerto en su pórtico.
—¡Dios mío! —exclama horrorizada al mismo tiempo que cubre su boca.
—Era una manada de lobos —ella escucha que Jhon habla mientras que sus ojos no dejaban de ver a aquel enorme animal —. Lograron escapar con los disparos, pero este no logro salvarse.
—¿Lobos?
—Seguro buscaban matar a algún caballo.
Lucila niega, ella tenía la culpa de eso. Jhon la observa y se mantiene a su lado en silencio.
—He dejado su antigua ropa, las vendas y todo lo demás lleno de sangre en la parte de atrás de la casa, iba a quemar todo, pero lo he olvidado.
Ahora Jhon lo entendía, los lobos fueron llamados por el olor a sangre que expedía de la casa. Sin embargo, muchos de esos animales se encontraban en los establos.
—Su establo no es muy seguro, me parece que hay que reforzarlo para evitar que los lobos o los coyotes regresen y quieran asesinar a una de sus yeguas.
—¿Qué dice?
—Vamos a quemar todo lo que tiene en la parte de atrás.
Jhon ingresa en la casa dejando al lobo muerto en la entrada, Lucila observa al animal un poco más y luego sigue a Jhon a la parte de atrás. Cuando llega donde estaba Jhon, lo encuentra amontonando todo dentro de una cubeta de metal, seguido de eso le prende fuego y esto empieza a quemarse rápido.
Ella ve el fuego crecer y termina por aproximarse a Jhon.
—Ha sido mi culpa lo de los lobos.
—No pasa nada, señorita.
—Si no hubiera sido por usted, quizás entran en la casa —ella se abraza con sus propios brazos, había salido de su habitación en camisón, ni tiempo le dio de colocarse una bata encima para cubrir la desnudes de su cuerpo.
—Me parece que sus intenciones era el establo —Jhon mira hacia un lado notando que Lucila estaba congelándose —. Será mejor que regresemos a la casa, esto se quemará solo.
Ella asiente y se encamina hasta el interior de la casa sintiendo la presencia de Jhon muy cerca, luego ve como el deja el arma al lado de su cama.
—¿De quién es el arma? —él la mira fijamente mantenido la seriedad en su rostro—. Me sorprende que una sierva de dios mantenga un arma en su casa.
—Era de mi padre, hacia mucho que no la veía.
—¿Sabe disparar? —ella niega —. Debería aprender a hacerlo, ya que tiene visitas inesperadas.
—Creo que es muy pesada para mí.
Jhon guarda silencio al ver que ella baja la mirada, luego observa que Lucila estaba casi desnuda, usaba solo un camisón bastante envejecido y casi transparente.
—¿Hace cuanto murió su padre?
—Un año.
—¿Murió por culpa de aquel sujeto que ayudaron?
—Si.
Era el mismo destino que ella iba a tener si él se quedaba en esa casa por más tiempo, Jhon baja la mirada.
—Me iré mañana —Lucila se le enfría el cuerpo de una manera inesperada —. No quiero causar problemas en este pueblo, se ve que es muy tranquilo, y tampoco deseo que le pase nada malo a usted señorita Lucila.
Ella observa a Jhon con sus enormes ojos azules, en el fondo de su corazón no deseaba que él se fuera, pero ¿Por qué?
—considero que aun esta débil para hacer un viaje, señor Jhon.
—¿No crees que lo mejor es que me vaya de tu casa?
—¿Me está diciendo que está siendo perseguido por bandidos, señor Jhon? —ambos se miran a la cara sin siquiera parpadear.
—Soy un forastero, eso debe bastar.
Lucila se da la vuelta, no podía obligarlo a quedarse, si el deseaba marcharse, entonces no se lo impediría.
—Como usted lo prefiera, señor Jhon. Trate de descansar esta noche —ella avanza hasta su cuarto para encerrarse luego.
—Buenas noches, Lucila.
Aunque fuese un pueblo tranquilo para vivir, no podía quedarse, con Bass detrás de él. Necesitaba ayudada para poder deshacerse de ese forajido que solo causaba problemas.
Sin embargo, tendría que hacer un largo viaje a la siguiente ciudad más grande toda California para poder volver a implantar la idea que tenía en mente, no obstante, su muerte seguramente ya fue un hecho ante.
¿Cómo podría volver a levantarse de las cenizas?
Los bandoleros hacían de las suyas, eran quienes regían los pueblos y hasta algunas ciudades. Quizás si conseguía la ayuda de algún juez reconocido él podría…
Pero baja la mirada y recuerda a su esposa y su hija, por sus ideales ellas habían fallecido. Por tratar de hacer el bien, su familia pereció y de la peor manera.
En cualquier parte que estuviera iba a poner en riesgo a quien sea que este de su lado, levanta la mirada para ver el cuarto de Lucila. Como la misma mujer que le salvo la vida, no podía permitirlo.
[…]
Al día siguiente justo cuando llega el alba, Lucila despierta como siempre, para su sorpresa se topa con la presencia de Jhon. Él parecía listo para marcharse, la joven envuelve su cuerpo en una frazada cuando sale de su habitación.
—Lamento si la desperté, lady.
—No se preocupe, ¿ya se marcha?
—sí, prefiero hacerlo ahora antes de que el sheriff regrese.
—Le he conseguido algo apropiado para su viaje.
Ella ingresa en el cuarto y saca unas botas vaqueras, las deja en el suelo y se aleja.
—Las suyas ya no estaban en condiciones actas para cabalgar.
—Gracias, ha sido muy amable conmigo, lady Lucila.
—¿Y a donde ira, señor Jhon?
—A cualquier parte, quizás una ciudad grande.
Ella asiente, lo ve ponerse en pie y salir de la casa, ella lo sigue y se queda bajo el marco de la puerta, el caballo de Jhon ya estaba ensillado, esperaba a su dueño cerca del pórtico. Observa como Jhon monta con algo de dificultad, ella intenta andar hacia él, pero se detiene.
Al final, él logra subir, la venda de su brazo había desaparecido. Ella esperaba que al menos la herida se mantuviera cerrada. De pronto, Jhon echa un vistazo hacia donde ella esta y Lucila se pone nerviosa inmediatamente.
El caballo de Jhon avanza hasta la entrada de la casa y ella solo puede verlo a él y su partida, sabía que no lo volvería a ver.
—Lady…
—Solo espero que tenga un buen viaje a donde sea que se dirija señor Jhon. Cuide mucho su herida, sabe que si se abre de nuevo puede correr mucho peligro.
—Entiendo, agradezco que me haya cuidado, estoy profundamente agradecido, y espero que esto no le cause ningún tipo de problemas.
Ella niega y sonríe de medio lado, luego nota que Jhon no porta ningún tipo de arma, ¿Cómo pensaba cabalgar por el horizonte sin un arma?
—Espere un momento —ella ingresa en la casa y luego vuelve a salir con el rifle en sus manos —. La va a necesitar, señor Jhon.
—No puedo aceptarla, es el arma de su padre, debe conservarla, lady Lucila.
—Quiero que se la lleve, usted necesita protegerse durante su largo viaje. Yo solo debo cuidarme de los lobos y coyotes.
Ella tenía razón, estaba desarmado, necesitaba un arma con la cual pudiera defenderse. Sin embargo, esa arma era especial para ella, como lo era su caballo para él. Lo único que le quedaba de las personas que amaba.
¿Cómo podría llevarse algo que era especial para ella?
—Lléveselo, por favor. Me sentiré tranquila sabiendo que si puede usarla.
—Gracias —Jhon la toma junto con una correa llena de cartuchos con balas—. Prometo que cuidare bien de su arma, señorita Lucila.
—Solo Lucila —ella le sonríe mientras que lo observa con esos ojos azules tan hermosos y cautivadores.
—Adiós, Lucila.