Me levanto del suelo, vuelvo a sentarme en el taburete al lado de mi cosita bella. Llevo un trozo de melón a mi boca, mastico, mirando a los tres conversar de manera muy amena. Trago el melón, me limpio mis labios y tomo aire. —¡Daemon y yo estamos embarazados! Alessandro se ahoga con su café, Fiorella deja caer el cubierto en el plato, sobresaltada por mi grito. Dante ha gritado detrás de mí y mi bello semental solo niega con una sonrisa en sus labios. —¿Es eso cierto? ¿Lo que ella dice es cierto, Daemon? —le pregunta Don Perfecto—. ¡¿Seré tío al fin?! —¡SIII! —respondo yo emocionada—. ¡Serás tío! —¡Seré tío! —¡Si idiota! ¡¿Acaso eres sordo o qué?! —¡No lo sé! ¡Es que no lo puedo creer! —¡Pues créetelo, Don Perfecto! ¡Por eso yo gritaba horas atrás! —¡Cállate por favor! ¡No me ar

