May había vuelto a dormir con él. Había sido tan maravilloso, como lo recordaba, pero mejor aún había sido despertar abrazada a él. Luego de aquella clase de guitarra improvisada, la caminata hasta su casa se llenó de palabras. Le había agradecido su gesto, se habían vuelto a reir de la desafinada voz de ella y habían reconocido que la sonrisa de aquel niño les había llegado al corazón. May le pidió que no dejara de enseñarle y al ver sus ojos suplicantes, Pato no se había logrado negar. La sensación de volver a tener aquel instrumento en sus manos había sido abrumadora y tranquilizante a la vez, el momento no habría podido ser mejor, frente a los ojos curiosos de un pequeño que solo deseaba reconectar con el recuerdo de un padre que ya no estaba, no había tenido excusas para sentiment

