Capitulo 7

2202 Words
Pero entonces dijo algo que me produjo pánico, dijo de llamar a Héctor. Me dio mucho miedo que Héctor supiera de mis dificultades y casi le suplico que no lo llamara, pero él me tranquilizó y lo llamó. Y lo que nos dijo me dejó pasmada, nos ofreció contratarnos desde ya. Y cuando Héctor se fue, me dijo que me quedara y me explicó el sueldo y aluciné, jamás me habría imaginado cobrar eso, me salvaba la vida porque podría volver a tener vida, tener tiempo para mí, tiempo y dinero, poder salir, poder relacionarme, quizás buscar a un chico… Todo eso lo pensé mientras lo escuchaba. Yo ya quería firmar, necesitaba firmar, pero él me paró, como siempre era la voz de la sensatez, aunque fuera como fuera el contrato, pensaba firmarlo, lo tenía clarísimo. Entonces, cuando ya me iba a ir, me explicó que incluso podría darme un adelanto para el mes, y eso ya fue demasiado para mí, lo abracé y me noté a punto de echarme a llorar. No lo solté hasta que estuve segura que tenía controladas las lágrimas, no quería que viera a una niña tonta llorando. Le hubiera dado mil besos. Cuando lo solté, vi que estaba incómodo pero me daba igual, ese hombre me acababa de cambiar la vida, se merecía mil abrazos. Me fui y al llegar a mi sitio, hablé con Héctor bajito. Silvia quiso saber que pasaba y le explicamos todo, emocionados, y le dimos las gracias porque ella nos había dado el visto bueno. Pasé la mañana como en una nube, alucinada. Había pasado de verlo todo muy n***o a tener ahora un futuro. Si hubiera tenido móvil habría llamado a Sara y habría gritado y llorado de alegría mientras le contaba, pero me tuve que reprimir hasta la noche. A la hora del almuerzo, Héctor me dijo de irnos a comer ya que siempre íbamos juntos a comer a un parque al lado, con nuestros tuppers. Pero ese día yo no llevaba y le di una excusa: - Hoy no voy a comer Él me miró extrañado y preguntó: - ¿Y eso? - Estoy… estoy a dieta Puso cara de sorpresa total: - ¿A dieta? - Sí - Pero… pero… si estás muy delgada - He cogido unos quilos y me los quiero quitar antes de que sea tarde Él me miró y supe que se estaba preguntado que donde estarían esos quilos porque claramente estaba muy delgada. Continué con mi mentira: - Ayuno durante el día y como por la noche - Ah - Ve tú Entonces, mis tripas me traicionaron y sonaron. Me puse colorada y dije: - Perdón, yo… - Pero tienes hambre - Claro por eso es ayuno Le sonreí y él se encogió de hombros. Fue hacía un microondas que teníamos allí y calentó su comida. Cuando me llegó el olor casi me desmayo, que bien olía. Héctor me miraba, curioso. Luego se fue. Volvió media hora más tarde y me dijo: - Cris… yo… - ¿Qué pasa? - Perdona pero, es que mi madre me ha metido esto además del tupper, y yo no puedo comer más, y si lo llevo de vuelta me va a echar la bronca ¿Lo quieres para esta noche? Miré y vi que era una ensalada césar. Se me hizo la boca agua, me encantaba esa ensalada. Le dije: - Pero, déjala aquí y mañana te la comes - Es que debe estar en frío… incluso si quieres, te la puedes comer ahora, tampoco es mucha comida ¿No? Para tu ayuno no afectará mucho ¿No? Lo miré pensando que no tenía ni idea, que seguro que pensaba que porque tenía lechugas ese tipo de ensaladas no engordaban. Meneé la cabeza e iba a decírselo pero mis tripas volvieron a gruñir. Me iba a dar algo, llevaba 48 horas sin comer. Cogí la ensalada y le dije: - Gracias, pero dime cuanto te debo - No… no lo sé, fue mi madre… no me debes nada - Insisto - No, otro día me invitas a una coca cola y ya está, en paz ¿Vale? - Serán varias coca colas - Como veas Nos quedamos callados. Entonces dijo: - Me voy a tomar un café ¿Comes y hablamos del contrato? Asentí y abrí con ansias el envoltorio. Eché la salsa e intenté comer con calma. Héctor me contó que revisaría el contrato esa tarde con su padre pero que seguro que todo estaba bien. Casi no lo escuchaba mientras comía y disfrutaba de los sabores. Entonces dijo: - ¿Quieres que te avise esta tarde cuando termine de revisarlo por si mi padre me dice algo? - Claro - Bien - Ah, no, no puede ser - ¿Por qué? - He perdido el móvil, estoy sin móvil - Oh - Tengo que buscarme uno Se calló y seguí comiendo. Entonces dijo: - Te… te pu… te puedo dejar uno - ¿Qué? - Sí, es que me regalaron éste el mes pasado, tengo el anterior guardado ¿Lo quieres? Lo miré. Tenía un gran problema sin móvil, sobre todo por el bono de transporte. Le dije: - Pienso comprarme uno en cuanto pueda - Claro pero ¿Cómo haces ahora para venir en bus? Lo miré sorprendida, parecía que me había leído la mente: - Pago en efectivo - Ufff, eso sale muy caro - Ya - Te lo traigo mañana - Pero… - Si lo tengo en un cajón, no lo necesito, lo usas hasta que puedas ir a la tienda o lo que sea - No sé, Héctor - ¿Por qué? - Me parece que es abusar - ¿Abusar? ¿Por qué? Ya te digo que lo tengo en un cajón - ¿De verdad no te molesta? - Claro que no, si te lo he dicho yo, tú no me has preguntado - Ya, pero… - Nada, mañana te lo traigo, no hay problema… o… Espera, le digo a mi madre que me lo traiga cuando venga luego a recogerme Entonces se puso colorado, se le había escapado que su madre lo recogía. Sonreí y dije rápidamente para que pareciera que no lo había notado: - Jo, pues me vendría genial - ¿Sí? Pues luego te lo doy y ya te lo configuras tú bien esta noche - Muchas gracias, Héctor Él se puso aún más colorado. Sabía que estaba abusando de él, aprovechándome que le gustaba para conseguir cosas de él, pero era algo que me venía genial. Le compraría algo con mi primer sueldo para agradecerle todo esto, aunque iría con cuidado para no darle esperanzas. Terminé de comer y me sentí genial. Nos pusimos a trabajar y cuando se terminó la jornada, él me dijo que esperara y al rato llegó con su móvil. Lo reseteó de fábrica y me lo dio. Cuando lo cogí le dije: - Pero si está como nuevo ¿Por qué lo cambiaste? - Porque… bueno, me regalaron otro Se lo agradecí y me quedé configurándolo y poniendo la tarjeta de transporte. Volví a casa usándola en el bus. Al llegar no estaba Sara, estaría en el gimnasio, que a esa hora siempre iba. Me tumbé en la cama sonriendo. Era increíble, el día anterior me había pasado el día tumbada, deprimida y llorando, y ahora estaba sonriendo con cara de tonta. Por una vez tenía suerte en la vida. Y dos hombres me habían salvado, primero Carlos y luego Héctor. Sonreí pensando en ellos. Luego, me puse a leer el contrato, muy despacio como me había enseñado Carlos. Apunté varias cosas que no entendía y luego escribí a Héctor preguntándole si su padre había revisado el contrato. Me dijo que sí, que estaba todo bien, incluso mejor que bien por el sueldo y algunas condiciones que me explicó. Le pregunté por mis dudas y Héctor me las resolvió rápidamente. Le dije: - Entonces, mañana firmamos ¿No? - Por mí sí - Genial - Vale - Muchas gracias, Héctor - De nada Pensé que ya habíamos terminado de hablar por el chat cuando escribió: - ¿No estás enfadada? - ¿Enfadada? - Por convencerte a romper tu ayuno Me quedé flipada, el pobre se sentía mal por la ensalada. Le dije: - Que va, que tontería, pero si has sido un sol - Pero… - Mira, sinceramente, lo del ayuno es una tontería, estaba muerta de hambre pero… pero son cosas de chicas - Ya, lo siento - No tienes que sentir nada, al contrario, te lo agradezco un montón. Y lo mismo con el móvil, me has salvado la vida jiji - Ya, bueno, es que… - De verdad, hoy te has portado genial, más que genial, eres mi mejor amigo, muchas gracias - De nada… una cosa, ese móvil, te lo puedes quedar, yo no lo necesito - No, de eso nada - Pero si está bien, no te va a dar problemas - No es por eso, es que es tuyo - ¿Y si te lo vendo? - Mmmmm ¿Por cuánto? - No sé ¿un euro? - Eres idiota - Pero si lo tengo en el cajón, no lo voy a usar - Dime un precio normal - No sé, es viejo - Está como nuevo, lo cuidas muy bien ¿No? - Sí, claro… ¿20 euros? - 100, te doy 100 por él ¿Te vale? - Claro - Pues hecho, muchas gracias - De nada Y ahí sí cortamos. Esperaba que todo esto no le diera esperanzas de tener algo conmigo, pero tampoco quería ser una arpía y no agradecerle lo que había hecho por mí. Cuando llegó Sara corrí a contarle las nuevas noticias. Gritamos y reímos juntas, ella tan feliz por mí que me emocionó. Luego hablamos de su chico: - Me dijo que lo viste desnudo ¿Qué tal? - Ufff, que barbaridad jajajajaj - Ni te imaginas lo bien que funciona en la cama jajajaja Y me estuvo contando como lo conoció, donde habían ido el domingo… Y terminó diciendo: - Y tenemos que salir juntos porque tiene amigos que… por cierto ¿Te he contado que se está sacando una plaza de bombero? - Noooo ¿Por eso está tan cuadrado? - Síiii, jajaja, y tiene amigos que también se están sacando la plaza, te los tengo que presentar - Vale, vale jajaja - Tía, me follo a un bombero, bueno, un futuro bombero, una de mis fantasías jajajaja - ¿Sí??? - Sí, ahí dándome duro con la manguera jajajaja, y tiene buena manguera jajajaja Y nos partíamos de risa. Entonces Sara dijo: - Vamos a pedir algo de comer, me muero de hambre Iba a dar la excusa de mi estómago pero estaba tan de buen humor que me apetecía seguir con Sara y dije: - Tía, es que… me he dejado la cartera en la ofi - Jo, Cris, que cabeza tienes, siempre te pasan cosas así - Ya, lo siento - Bueno, esta vez pago yo, la próxima tú - Vale Y pedimos comida a domicilio. Nos pasamos toda la cena riéndonos y haciendo planes de futuro. Me acosté con una sonrisa y el ánimo por todo lo alto. Héctor Me eché en la cama. Había discutido de nuevo con mi padre. Se había enfadado de verás con lo del contrato cuando le dije que lo iba a aceptar. Él quería que me fuera con él, a su empresa, pero yo.. yo no podía dejar a Cris, aunque eso jamás se lo diría a mi padre. Además, me gustaba trabajar con Silvia y Carlos, estaba aprendiendo muchísimo. En la empresa de mi padre me tratarían entre algodones, nadie hablaría conmigo abiertamente por miedo a que le contara algo a mi padre. Pensé en Cris. Esa mañana me había preocupado, tenía muy mala cara. Tuve claro que algo le había pasado durante el fin de semana. Quería preguntarle durante el almuerzo. Con Cris me pasaba algo que no podía hacer con otras chicas, podía hablar con ella, contarle mis tonterías sin que se riera de mí. Además, me parecía la chica más guapa y sexy del mundo. Y era muy inteligente, siempre entendía las cosas a la primera. Y no hablaba de tonterías. Era… era perfecta. Pero sabía que tenía algún problema con su familia porque, aunque no hablaba de ese tema, alguna vez se le había escapado que estaba sola. Y también algún problema económico porque siempre miraba mucho por el dinero. Cuando empezamos las prácticas, le dije que todos los días podíamos comer en un restaurante cercano pero ella no quiso, decía que prefería traerse su comida y tuve claro que era por el dinero. Con este tema de los almuerzos tuve mis primeras broncas con mis padres, por querer llevarme comida al trabajo. Ellos no lo entendían. Al final conseguí que Berta, la cocinera, me apartara algo de comida todas las noches para así poder almorzar con Cris. Esos almuerzos eran lo mejor de mi vida, ella me contaba cosas o me escuchaba sin reírse si le contaba alguna frikería de las que me gustan.
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