Capitulo 3

2178 Words
- Casi el 100% del tiempo, tu marido es un santo, lo tengo claro - La santa soy yo por aguantarte, anda y que te den Y sonreí al ver la mirada asesina que me estaba dirigiendo en ese momento. Seguí trabajando y me olvidé de todo. Un par de horas más tarde escuché un taconeo acercándose y levanté la cabeza de los papeles para ver como llegaba Carmen a mi puerta. Estaba maravillosa, como siempre, era increíble que con 40 años tuviera ese tipazo y lo guapa que estaba. Ella dijo: - Hola, Carlos ¿Se puede? Me levanté y le dije: - Pasa, Carmen, pasa, buenos días Ella entró y se dirigió hacia mí para darme dos besos, y noté sus pechos pegándose a mí. Olía de maravilla y me quedé un par de segundos sin reaccionar. Ella me miraba sonriente y le dije carraspeando: - Ejem, bueno, siéntate, Carmen Nos sentamos los dos, yo en mi mesa y ella delante de la mesa. Pero entonces dijo: - Pero Carlos ¿Así tan formal? Ven, siéntate a mi lado La miré incómodo, y pensé que era verdad, que mi actitud al quedarme en mi mesa le daría que pensar que la cosa era demasiado seria y no quería que aquello pareciera tan serio, así que me levanté y me senté en la silla al lado de la suya, pero rápidamente me arrepentí al ver sus piernas cruzadas, su falda se había subido bastante mostrando sus muslos, y vi el canalillo que dejaba ver su camisa algo abierta. Cogí unos papeles de la mesa para disimular un poco. Nos quedamos callados hasta que ella dijo: - ¿Y bien? - Sí, un momento (mientras ojeaba los papeles sin verlos, intentando concentrarme) - Me ha extrañado ver tu convocatoria de reunión ¿Pasa algo? - No, bueno, sí - ¿El qué? - Verás, Carmen, es… - Es ese inepto de Pablo ¿No? - ¿Qué? - Es un inepto, un incapaz - Carmen, eso no es… - No tiene ni puta idea, y no admite ideas nuevas, es un machista que me ignora porque soy una mujer más inteligente que él - Carmen, Pablo no… - ¿Qué quiere ese imbécil? - Yo… Noté como empezaba a sudar. Entonces me vino a la cabeza la imagen de Cristina hacía un par de horas y me reí por dentro, ahora me sentía como ella. Respiré profundamente y le dije: - Carmen, Pablo ha solicitado que te vayas de su departamento - ¿Sí? Pues mejor, no quiero trabajar con ese idiota - Pero, es el tercer departamento donde no te has integrado, Carmen, esto no puede seguir así - ¿Yo no me he integrado? Más bien son ellos que no quieren adoptar nuevas ideas y… - Y luego está lo de tus faltas al trabajo, me ha dicho que casi siempre llegas muy tarde, te vas temprano y bastantes veces no has venido diciendo que te encuentras mal Carmen me miró sin decir nada durante unos segundos. Luego dijo: - Sabes a qué se debe eso - Pero… - Sabes lo mal que lo estoy pasando con esto del divorcio - Sí, y lo entiendo, pero… - Sabes que me tuve que coger una baja por depresión, no paraba de llorar y me sentía miserable - Sí, y lo siento much... - Carlos, tú eres un hombre sensible e inteligente, sabes como estoy, necesito apoyo, no esta mierda de Pablo - Sí, sí y… - Esto ya me hunde del todo, Carlos, del todo Y se inclinó hacia mí, dejándome ver más su escote. Mis ojos no pudieron evitar ir hacia ese canalillo tan sensual y carraspeé: - Ejem, ejem, espera, tranquila, sabes que te apoyo, que te apoyamos - No lo veo así - Sí, mujer, es solo que… bueno, que creemos que es mejor un cambio de aires para ti - Oh, Carlos, no sabes lo mal que estoy Y vi como sus ojos brillaban a punto de echarse a llorar. No podía verla llorar y le dije: - Mira, si vas a estar mejor, hemos pensado que aportarías mucho en… - En Marketing y comunicación - ¿Qué? - Sí, oh, Carlos, soy una persona muy creativa y emotiva, y se me da genial la comunicación, sabes lo buena que era como comercial y era por como me comunicaba con los clientes, es perfecto para mí - Pero… - Sí, ahí podría aportar mucho, muchísimo - ¿No te gustaría volver a Ventas? - No, no quiero estar de viajes ni nada de eso - Pero, no sé, en la oficina, como administrativa o… - No, no, me gusta más Marketing - Bueno, no sé, Carmen, lo tendría que hablar Carmen se inclinó aún más y me cogió la mano, diciendo: - Oh, Carlos, pero confío en ti, eres la única persona de la empresa que me entiende y apoya de verdad, sé que lo harás por mí ¿Verdad? - Sí, bueno, lo intentaré, claro - Gracias, eres el mejor Y me dedicó una sonrisa radiante que me dejó de nuevo sin habla “Pero ¿Qué tiene esta mujer que me deja temblando?”. Observé sus labios, perfectos, gruesos pero naturales ¿Qué se sentiría al besarlos? ¿Al morderlos suavemente? Entonces se levantó alisándose la falda. También me levanté y ella me dijo: - Me has alegrado el día, Carlos, de verdad - Bi… bien - Que ganas tengo de empezar, es lo que necesito, un nuevo comienzo, dejar de pensar en lo antiguo, experimentar cosas nuevas Y me guiñó un ojo de forma simpática pero también sensual. De nuevo me dejó temblando. Ella siguió hablando: - Por ejemplo, estoy terminando de pintar y amueblar mi nueva casa - Ah, genial - Es pequeña, dos dormitorios, para mí y mi hijo pero está quedando genial - Bien, bien - Cuando esté terminada, haré una fiestecita de inauguración. Vendrás ¿No? - Yo.. sí, sí, claro - Será algo tranquilo, solo mis mejores amigos Y me volvió a sonreír. Entonces, me dio otros dos besos y dijo: - Bueno, te dejo trabajar, espero que nos veamos en el almuerzo durante la semana ¿No? - Mmmm sí, sí - Chao, Carlos Y la miré irse, me fijé en su preciosa melena morena y en como se le meneaba su increíble culo al compás del ruido de sus tacones. Entonces empecé a escuchar las notificaciones del chat de mi portátil. Me senté en mi sitio y vi que era Silvia: - ¿Qué quería esa zorra? Y 7 y 8 mensajes más preguntando e insultando a Carmen. Suspiré y le contesté: - Cosas de recursos humanos Entonces vi como Silvia se levantaba y avanzaba rápidamente hacia mi despacho. Suspiré. Silvia no aguantaba a Carmen desde hacía años, pero no solo no la aguantaba, no la tragaba y la odiaba pero es que Carmen tampoco decía nada bonito de Silvia aunque Carmen no rezumaba odio, Carmen era más bien despectiva respecto a Silvia. Silvia entró con cara de enfado y cerró la puerta diciendo: - ¿Qué ha hecho esta vez esa zorra? - Silvia, son cosas de RRHH - Joder, Carlos, despierta ya, esa tía es un bicho - Silvia… - Ni Silvia ni nada, esa tía ha venido aquí a engatusarte como siempre, que lo he visto, esas miraditas, inclinándose para mostrarte el escote… aghhhhh menuda zorra - Silvia… - Que asco me da, es… es… y los tíos sois tan tontos, babeando por esa zorra, joder, Carlos, que eres el tío más listo que conozco y con ella eres un bobalicón - SILVIA, YA VALE Ella me miró enfadada pero se calló. A Silvia le aguantaba mucho porque llevábamos años trabajando juntos, pasándolo mal en urgencias del trabajo durante fines de semana agobiados, los dos solos porque no había más gente en el departamento. Nos quedamos mirándonos y entonces ella se sentó y dijo: - Antes has dicho que te fías de mi criterio ¿No? - Sí, ya lo sabes - Pues escúchame, esa tía es un bicho - ¿Y qué quieres? ¿La echo porque no te cae bien? - No, la echas porque es una manipuladora y una jeta, que no da un palo al agua - Silvia, eso no… - Joder, Carlos, que lo sabe toda la empresa - Pero… - Pero ¿Qué? - Silvia, Carmen está pasándolo mal, ya sabes lo de su divorcio - El ex estará dando palmas con las orejas por haberse librado de ese bicho - Silvia, ya vale, de verdad Nos volvimos a quedar callados, mirándonos. Hasta enfadada sus ojos llamaban la atención, tan verdes. Entonces dijo: - Bueno ¿No me vas a decir que quería? Porque sabes que me voy a enterar Suspiré y terminé diciéndole: - Va a cambiar de departamento - ¿Y?… ah, no, eso no - ¿Qué? - Espero que no la vayas a meter aquí, te mato Aquí me reí, ni había pensado en eso, sería suicidarme aguantando a las dos todo el día. Silvia seguía mirándome enfadada. Le dije: - No, Silvia, nunca te haría eso - Ah, es que… - Se va a Marketing - Perfecto - ¿Perfecto? - Donde no hacen el huevo, allí no llamará la atención, son todos igual que ella - Silvia - ¿Qué? Todo el mundo lo dice, son… - Hoy tienes el día criticón ¿Eh? - No, hoy tenía un día de puta madre hasta que he visto a esa zorra Meneé la cabeza, menuda tirria le tenía a Carmen. Ella dijo: - De verdad, Carlos, ahora en serio, no te dejes manipular por esa, es una especialista y los tíos sois muy tontos ante un buen par de tetas - Pe… - No, escucha Inspiró y dijo: - Eres mi mejor amigo y me pongo negra cuando veo como intenta manipularte, aquí o en el almuerzo - Eso no es verdad - Lo siento pero sí, es la verdad, y no me lo puedo callar más - Silvia - Te lo digo por lo mucho que te aprecio, lo sabes Suspiré. Ella dijo: - Lo sabes ¿No? - Claro que lo sé - Pues escúchame, no te lo voy a repetir más, eres mayorcito… Me reí, y tanto que lo era, ya cercano a los 50. Ella continuó sin hacer caso de mi risa: - Eres mayorcito y no voy a darte más la tabarra, pero cuando estés con ella, observa sus gestos, como todo está orientado a calentarte, a insinuarse - Cada uno somos como somos, Silvia - Sí, y ella es una manipuladora Nos callamos de nuevo. Entonces le dije: - Gracias Ella me miró con suspicacia. Le repetí: - Gracias por preocuparte por mí - Pues claro que me preocupo - Lo sé - Y te lo he dicho veinte mil veces, búscate una buena mujer, pero buena, no un bicho - Ya… - Tengo amigas que… Meneé la cabeza sonriendo porque ahora Silvia había entrado en modo casamentera. Me levanté y le dije: - Voy a por un café ¿Vienes o te quedas? - Que idiota eres Pero se levantó sonriendo. Le dejé paso para salir de mi despacho pero antes de salir, la retuve cogiéndole suavemente el brazo y le dije: - Gracias, de verdad Y ella sonrió. Tras echarme el café me volví al despacho y me senté. Pensé en todo lo que me había dicho Silvia. Era la única persona que me hablaba tan francamente porque en realidad, casi no tenía amigos de verdad, solo la tenía a ella. A veces, Silvia se inmiscuía demasiado en mis asuntos pero sabía que lo hacía por mí. Y cuando nos enfadábamos siempre eran enfados de minutos, al final alguno bromeaba o algo, y nos reíamos. Y sabía que Carmen tonteaba mucho conmigo y con otros pero es que ella era así, le gustaba el tonteo, pero era un tonteo superficial, nunca serio. Y ese era el gran problema de Silvia con Carmen porque hacía años Carmen tonteó con el marido de Silvia antes de estar casados y Silvia, que no se callaba nada, armó una buena bronca con ella en una fiesta de empresa. A partir de ese momento, no se podían ver. Miré la hora y vi que se me hacía tarde, tenía una reunión a la que ya llegaba tarde, y luego almuerzo con los directores de la empresa y más reuniones. Apagué el portátil, lo metí en mi mochila y me despedí de Silvia y los demás: - Me tengo que ir, ya no volveré, nos vemos mañana Silvia me miró extrañada: - ¿Ocurre algo? - No, no, me voy a una reunión y luego tenemos almuerzo y reunión de dirección, que ya sabes que se hacen eternas - Ah, vale - Para cualquier cosa, dadme un toque al móvil - De acuerdo - Buena tarde, chicos Y todos me desearon lo mismo y me fui.
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