Capitulo 3

1451 Words
- ¿Deseas que te cuente los detalles mórbidos o deseas dejarlo así? - Como tú prefieras... – dijo Odethe lo más calmada que pudo aparentar, Vanessa resopló despectivamente y comenzó a trazar las siluetas de las mariposas mientras un silencio pesado y denso se cernía entre ambas. - Uff... –bufó ella frunciendo la nariz y mirando hacia la puerta de acero - ¿Te has dado cuenta como las personas gritan mucho? – el desprecio torció su boca mientras mascullaba - ¿Quiénes? – preguntó un poco cohibida por la mirada de ella. - Si se asustan, gritan. Si se alegran, gritan. Si se sorprenden, gritan. Si se enojan, gritan. Si les duele... gritan... pero hay un momento perfecto, silencioso, cuando sólo escuchas el sonido del corazón acelerado por la adrenalina; un momento en que sólo queda en el silencio un golpeteo sordo hasta que incluso ese sonido se pierde en la noche. Los ojos de Vanessa se fijaron en la grabadora, la luz que parpadeaba la hipnotizó por un momento, recordó como era común para ella ver ese foco, en los cuestionarios con los policias, con la psiquiatra, con los médicos... -Díme Odethe... ¿Alguna vez has olido un lugar como este? - Odethe negó con la cabeza -Siempre que he hecho entrevistas las he hecho en cárceles o en detenciones domiciliarias -Este lugar hiede, pero no apesta a desechos humanos, todo huele a miedo, huele a desesperación. Se quedaron en silencio por otro interminable minuto, sintiendo ambas la tensión del ambiente. Odethe súbitamente sintió sus piernas demasiado cerca de las de ella, replegó sus pies debajo de la silla y tragó con dificultad a través de su garganta seca. Sentía un hueco en el estómago y un temblor que nacía desde su mismo pecho, tenía ganas de salir corriendo de ahí y también de gritar, gritar lo más fuerte que se lo permitieran sus pulmones. - Yo creo que ella tampoco nunca había visto la sangre. A veces es tan infantil, tan niña, por eso no menstrúa a menos que yo esté presente, tiene miedo de eso que se supone que es taan natural – dijo con sorna - por eso no puedo dejarla sola, alguien tenía que defenderla; en todo caso después de la primera noche ella abrió los ojos y los gritos comenzaron de nuevo. Yo quería dormir un poco más, pero ella es tan testaruda, así que se despertó y cuando vio la sangre, gritó tanto que parecía loca, claro que despertar bañada en sangre no ha de ser agradable. -A ti parece no molestarte -Hay algo estético en el caos - dijo sonriendo y mirando al vacio, recordando algo - nuestra ropa, nuestro rostro, tenía formas, sombras de mariposas, incluso las sábanas parecían una bonita lámina de Rorschach – Vanessa rió – es una ridícula, con todo y ropa se metió a la regadera, pero... ¿Te digo un secreto? – dijo inclinándose hacia ella – El agua no limpia la sangre – le dijo en un susurro que le heló la piel – no lo hace. En eso la puerta de metal se abrió con un sonido metálico y un golpe sordo, a la habitación entró el guapo enfermero con una bandeja de comida. - Perdonen, lamento interrumpir – dijo Viktor mientras dejaba la bandeja en la mesa. Odethe se movió en la silla y se alegró de que las interrumpieran. - Hola guapo – le contestó ella desde el suelo del que no se había movido ni un poco. - Hola Nessa- dijo él mirándola cruzado de brazos – Hora de comer – le dijo en tono de orden. - ¿Sabes? – dijo ella torciendo el gesto y mirándolo con los ojos entrecerrados – Nuestra relación no avanza por la falta de comunicación, creía que te había dicho que no iba a comer. - No Nessa, - dijo él sonriendo – nuestra relación no avanza porque a mi me gusta más Vane. - Supéralo – le dijo ella con desdén, rodó los ojos y miró a otro lado - El trato que hice contigo – dijo subrayando la última palabra – era que ella venía - él señaló a Odethe haciendo que se estremeciera – pero tú tenías que comer. - Te están utilizando Viktor – dijo ella bajando el tono amenazándolo - quieren saber si la terapia funciona y te envían a ti como conejillo de indias. Nunca te has preguntado porque hasta ahora no había tenido trato con hombres, que solo me habían podido visitar o tratar mujeres, ¿no te preocupa eso? – a Viktor un escalofrío le recorrió la espalda estremeciéndolo desde dentro de su ser, pero se mostró firme con ella. - Tienes que comer Nessa – le dijo con autoridad. - Deberías llevar a nuestra visita a los jardines para que pueda fumar, por el modo en que se rasca el parche de nicotina, lo necesita con urgencia. - Debemos darle tiempo para comer – le dijo el enfermero a Odethe - ¿Me acompaña por favor? - Claro - contestó ella tomando su grabadora y saliendo del cuarto sin mirar a Vanessa antes de salir. Caminó por el largo pasillo blanco, tenía la mente revuelta, el estómago y la garganta hechos un apretado nudo y el corazón acelerado, sus tacones que resonaban ruidosamente en el piso le crisparon los nervios. Sintió un mareo desde la cabeza que le dio un vértigo espantoso, pensó que de un momento a otro se desmayaría y haría el ridículo de su vida. Por fin vio la puerta doble de cristal irrompible que daba a los enormes y soleados jardines del Hospital Psiquiátrico Saint Claire, buscó una banca de metal forjado que estuviese vacía y se desplomó en ella. Se arrancó el parche de nicotina con tanto odio que dejó un cuadrado rojo escarlata en su pierna. Respiró lenta y pausadamente por unos minutos y cuando sintió que recobraba el control de si misma sacó del bolsillo de su saco la grabadora y debajo de ella encontró “su salida de emergencia” trozada en dos partes. - Genial – resopló enojada moliendo en su puño lo que quedaba de su cigarro. - Por eso yo guardo los míos en una cigarrera – frente a ella una alta e imponente figura le tendió de una hermosa caja plateada un cigarro blanco con filtro. - Gracias Doctora – aceptó Odethe y mientras ella se lo encendía con un mechero antiguo le sonrió suaviznado su rostro, Odethe se calmó en cuanto la calada de gris humo entró en sus pulmones -No necesitas decirme doctora - dijo ella sentandose a un lado y mordiendo la boquilla que mantenia sus dedos elegantemente lejos de la ceniza del cigarro - Puedes llamarme Carmen... - Gracias... Carmen, ¿Le puedo hacer una pregunta? – le dijo Odethe tirando la ceniza en el cemento y viendo como se desmoronaba con el frío del invierno. - Por supuesto – contestó ella mirándola con recelo en sus ojos grises. - ¿Qué le sucede a Vanessa? - ¿Ya tan rápido se desesperó? – preguntó ella sonriendo y estirando la delgada piel de su rostro mostrando más de una línea que delataba su edad - Solo quiero saber como es que terminó en este lugar, por sus antecedentes ¿no debería de estar en una prisión? - Sí – Carmen pasó una mano rápida por su canoso cabello y le dio otra calada a su cigarro – es cierto que es peligrosa y por eso no tiene privilegios que tienen otros internos, pero Nessa requiere vigilancia médica especial - Entonces debería de estar en una prisión – dijo Odethe con fervor - con supervisión de un psiquiatra, pero alejada del mundo y más importante, pagando lo que hizo. - Pero justo ahí está el punto más importante Odethe, ¿porque haríamos que Vane pagara por algo que no hizo? Ella no es culpable de nada, no fue ella. - ¿Nessa? ¿Vane? – preguntó Odethe frunciendo el ceño - ¿Qué no es lo mismo? – -Vaya... - Carmen levantó una ceja - pensé que eras una profesional - susurró dejando escapar el humo - Lamento que no hayas llegado preparada, debiste de haber leído el expediente antes - dijo poniéndose de pie y apagando el cigarro contra su zapato blanco – Estoy obligada por la confidencialidad médico-paciente, pero si quiere un consejo – dijo mirándola a los ojos, - vas a tener que oírlas a ambas si quieres la historia completa, estoy segura de que esa historia bien merece un Pulitzer – le dijo mientras sonriendo se alejaba con la bata ondeando en su espalda.
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