Capitulo 2

2010 Words
· Años atras · - No... me puedo... mover... – apenas y le pudo decir por el teléfono. -  ¿Vanessa? ¿Qué dices? – su voz, su voz era como música, su voz ronca y varonil, a pesar de estar preocupada era una luz que la iluminó para mantenerse conciente.  Cerró los ojos pensando en él, pensando en su calor, la voz de él gritandole por el teléfono la despertó de nuevo, ella tiró el teléfono de lado, el frío le estaba entumiendo las manos y el cuerpo puntos negros nublaban su visión y sentía nauseas de ver la luz del móvil, con los dedos trémulos jaló el aparato y en dos movimientos compartió su locación a su contacto de emergencia.  Rodrigo gritaba al celular desesperado por no saber que estaba pasando, en eso vibró en su mano y vió el envío de geolocalización, abrió la notificación mientras corría hacía la puerta.  Sus manos, sus manos levantando su rostro, sus labios maldiciendo, el sonido de su celular, el sonido de su voz  - ¡Sí! ¡Necesito una ambulancia! ¡Rápido!... ¡No, no lo sé! ... ¡Es urgente...! – Vanessa abrió los ojos, con un esfuerzo casi sobrehumano, y se obligó a enfocar la vista, verlo a él - ¿Vanessa? ¿Me escuchas? – tan preocupado pero tan hermoso. -  Rodri... – le dijo con voz ahogada - ... me duele... -  Lo sé, lo sé, tranquila... – por un momento dejó de verlo, sus ojos se nublaron nuevamente y todo lo vió n***o,  Vanessa dejaba de sentir, ya ni siquiera podía sentir frío, el entumecimiento la llenaba toda, el frío penetrante de la noche hacía que Rodrigo temblara de frío pero aún así su chamarra cubría la cubría a ella para calentarla, - ¡Vanessa! ¡Aguanta! - gimió llorando - Resiste, ya van a llegar... Una ruidosa sirena ahogó la voz de Rodrigo y unas rudas manos empezaron a jalonearla, y ya sin la motivación del calor de él, ella dejó que la negrura la tragara.  ..... · Hoy · Después de invitarla a ese recuerdo tan doloroso Nessa estaba abrazando sus costillas y su mano instintivamente se fue a su costado para acariciar la profunda cicatriz.  - ¿Cómo es él, Nessa? – preguntó Odethe después de un minuto de silencio. - Dios griego de alabastro – dijo ella embelesada enderezándose un poco y estirando la mano para alcanzar los dibujos del escritorio, al estirarse la blanca playera se levanto dejando ver la gruesa y rosada cicatriz que se extendía por su abdomen. Al jalar una de las hojas y una lluvia de hojas de papel la cubrió, le tendió una de esas hojas y en ella, Odethe vio el dibujo hiperrealista de un hombre, un muchacho apuesto, de facciones regulares, mandíbula cuadrada y ojos grandes, debajo del dibujo había una firma. En el piso ella chilló al ver los dibujos en el suelo y ella empezó a recogerlos con sumo cuidado, acariciando con sus dedos el papel y sonriendo al principe de papel que la miraba desde su jaula de carboncillo.  -  ¿Vane? – preguntó confundida Odethe.  -  ¿Sí? – respondió ella levantando la mirada inocentemente. -  Aquí firmaste como Vane – le dijo con cuidado recordando la reacción anterior. -  Todos me llaman así – dijo con esos ojos dulces. -  ¿Qué más recuerdas? - preguntó Odethe sin dejar de darle vueltas en su cabeza a los cambios de actitud de ella... .... · Años atras · Un pitido agudo la despertó, abrió los ojos pero una luz muy fuerte la deslumbró, por lo que volvió a descansar los ojos. Quiso mover la mano para protegerse de la luz pero sus músculos no le respondían, después de muchos intentos pudo alzar la mano y ponerla sobre sus sensibles ojos. Cuando se acostumbró a la luz, buscó a su alrededor algo que le fuera familiar, pero el cuarto esteril y blanco no le dió pistas de nada. Entonces lo vió, dormido sobre un sillón reclinable al otro lado de la habitación. Se lo quedó viendo, se veía tan vulnerable, tan cansado, tenía ojeras debajo de sus hermosos ojos y el cabello obscuro alborotado. Ella se quedó adorandolo en silencio, empezó a llorar, algo estaba mal, lo veía diferente, la barba le cubría el rostro y se veía cansado. Una eternidad después se movió inquieto en su lugar y abrió los ojos. -  ¡Vanessa! – exclamó sonriendo ampliamente, corrió a su lado y se inclinó sobre ella. La besó en la frente y con cuidado tomó su mano que tenía una dolorosa intravenosa – háblame... – me exigió dejando caer una lagrima por su hermoso rostro – Díme como te sientes... -  No lo sé – dijo ella sonrojándome por su reacción, pasó su mano por su frente. Vanessa tocó los brodes de algo ajeno en su piel,  Rodrigo detuvo su exploración tomando su mano. Sostuvo las dos manos de ella con una sola de sus grandes manos y tocó un botón al lado de la cama  - ¿Qué haces? – preguntó al oír un timbre a lo lejos. -  Le llamo al doctor para que te revise, tranquila, lo peor ya pasó, ya estas despierta. – le dijo.  Su celular sonó en su bolsillo y él lo tomó y contestó mientras aún sostenía sus manos y trazaba círculos con su pulgar, con dos secos "ajam" y un "yo te aviso" cortó la llamada. Colocó su celular dentro de su pantalón y con extremo cuidado peinó el cabello de Vanessa.  - Me alegra tanto verte despierta - dijo en voz baja, casi en un murmullo ronco que revolvió las mariposas que tenían residencia en el estomago de ella.  El doctor entró en la habitación y se sorprendió al verla despierta, le pidió a Rodrigo salir del cuarto y Vanessa casi llora cuando el soltó sus manos, "tranquila, ya regreso" dijo él dandole un beso en sus manos, al verlo retirarse se sintió desprotegida,  el médico tomó sus signos vitales y llamó a su staff médico para traer otros aparatos para revisarla. Le preguntaron mil cosas a las que contestó "no" a la mayoria, le estaba dando ansiedad el no saber que día era y otros datos pequeños, pero la enfermera la tranquilizó, le cambió la bata y la hizo recostarse.  Vanessa observó al doctor salir y encontrarse con Rodrigo en el pasillo, la enfermera movió cosas en el suero que tenía junto y le sonrió suavemente, "pondré algo para que estés tranquila, ¿okay?" le dijo y en cuanto ella empujó el liquído en el tubo transparente Vanessa sinitó su corazón palpitar más suavemente. Rodrigo entró y agradeció a la enfermera cuando se retiró, acudió al lado de la cama y tomó la mano estirada que desde la cama de hospital ella le tendía.  -  Te llevaré a casa en cuanto me den autorización – dijo Rodrigo  - ¿Qué día es hoy? - preguntó con voz pastosa - Duérmete - le dijo él y le acarició el cabello provocandole escalofríos de placer con su tacto - No me gusta la barba - le dijo al sentir pequeños pinchazos en su mano cuando él le dió un beso - No tengo con que rasurarme - se río él regalandole una sonrisa de mil kilates - Al rato que llegue a casa me baño y me limpio  - nooo... - se quejo ella, estaba mareada, sus ojos se sentían pesados y un bostezo se escapó de sus labios - Duerme – le ordenó. -  Pero... – protestó - no... no me dejes sola...  -  Debes descansar, duérmete, mañana vendré – acarició su mejilla y se río con el puchero que ella hizo - me quedo hasta que te duermas...  Vanessa sonrió y dejó que el medicamento la venciera, siguió sintiendo el calor de la mano de Rodrigo y no se dió cuenta cuando se fue.  .... · Hoy · - ¿Él era tu novio? – preguntó Odethe poniendo el dibujo sobre el escritorio. - No – respondió ella apretándose aún más contra la chamarra.  - Querías que lo fuera - dijo afirmándolo - Él era mi mejor amigo. él era mi todo, mi única razón.  - ¿Qué pasó cuando saliste del hospital?  - Él me llevó a su casa, vivía solo y eso me sorprendió - ¿Porqué? - ¿Dónde estaban sus padres? ¿Qué p**e día era hoy?.... Al quedarme sola la curiosidad me mataba, hasta ese momento Rodrigo no me había dejado quitarme el parche que tenía en el rostro, así que me dirigí al baño y al verme en el espejo me arranqué las cintas que sostenían la gasa a mi cara. - Entonces lo viste... No te habían dicho nada...  - Grité y grité y grité y no pude parar - las lagrimas corrían por sus mejillas y algo en ella se veía roto - como loca, lloré, el odio me inundó al ver esa marca, SU marca en todo mi rostro, con el puño rompí el espejo. Enfurecida tomé mi chamarra negra de capucha, y salí a la calle, caminé sin rumbo; después de un rato, cansada decidí volver a casa, quería dormir, pero entonces los vi, o mejor dicho ellos me vieron a mí. - ¿Quienes? - preguntó Odethe en un susurro pero ella pareció no escucharla - "¡Hey!", me gritó uno de ellos, "¡¿A dónde vas tan deprisa?!" Primero sentí miedo, dolor, me paralicé y los escuche acercandose a mi. Era un j****o venado inmóvil que miraba las luces del coche acercándose a mi y prometiendo atropellarme.  "Corre" me suplicó una voz en mi cabeza, sentí como el odio corría por mis venas como un veneno extendiéndose por todo mi ser, congelada dónde estaba parada, y a pesar de la adrenalina que llenó mi pecho, no me moví. Una voz, aguda, molesta y chillona gritaba una y otra vez en mi cabeza: “¡Corre!” pero la ignoré y dejé que los dos tipos se me acercaran. Me tomaron por la cintura y me llevaron lejos de la calle principal, yo no puse nunguna resistencia, y aún así me tironearon, me golpearon y me empujaron, uno de ellos me azotó contra la pared y rompió la delicada piel de mi cuero cabelludo. Uno de ellos sacó una navaja para amedentarme y ese momento las estrellas que veía por el golpe se disiparon, golpeé al que tenía enfrente con mi puño, hundiendo su nariz y rompiendola y tomé la navaja del otro y la clavé en su yugular.  Mientras la sangre me bañaba me pregunté porqué no sentía nada en ese momento, giré con el otro tipo y lo patee contra el piso, me senté sobre él y enterré la navaja en su corazón. Me levanté y me quedé admirandolos, como basura en ese lote baldio lleno de tierra. Ellos hacían buena combinación, los charcos de su sangre se veían negros en la noche, aventé la navaja tan lejos como pude y me fuí.  Cuando llegué a casa me quité la ropa, la metí a lavar y me metí a la ducha, cuando salí corté un buen mechón de mi cabello para que la cicatriz de mi rostro se cubriera. Me quedé en bata mirando la televisión, algo de mi pensaba que en cualquier momento iba a salir la noticia de que habían encontrado dos hombres muertos pero no fue así. "Vanessa..." lo oí al entrar a la casa, pero no me volteé a verlo, me quedé con la mirada fija en la pantalla. Finalmente se colocó delante mío y fijé mi atención en sus ojos para preguntarle: "¿Cuando pensabas decirme que perdí un año de mi vida tirada en esa cama de hospital?"...  - ¿Un año? - Odethe se veía consternada - ¿pasó un año de lo que me contaste a esto otro que recuerdas?  - No lo entiendes, no perdí sólo un año, perdí toda mi vida... 
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