La noche cayó sobre la pequeña oficina en la que Julia se encontraba aún iluminada con la cálida luz del foco sobre su cabeza. Se había pasado el día adelantando lo más posible el retraso de su padre, sabía que se vendría pronto una temporada de mucho trabajo con la llegada del invierno, por lo que si no comenzaba a tratar los temas importantes que habían quedado atrás no podría tener mucho descanso después. Su teléfono vibró indicando que había llegado un mensaje.
" Son las diez, estoy afuera"
Miro el reloj sorprendida, no se había dado cuenta del tiempo, tomó sus cosas apresurada, salió de su despacho para darse cuenta que ya todos se habían ido el lugar estaba oscuro y desierto, suspiro de cansancio dirigiéndose a la salida donde un ansioso hombre la esperaba.
— ¿Has estado todo el día ahí metida?.
Se escuchó la voz de Pablo mientras la castaña se acercaba a él.
— Hola Pablo — Julia le dirigió una sonrisa al hombre frente a ella — Gracias por venir, te he dicho que saldría muy tarde.
— Tu jefe te debe compensar por esto.
— La verdad es que no lo conozco, además solo hago mi trabajo ¿Vamos a cenar?.
Pablo sonrió abriéndole la puerta del coche que había arrendado.
— Te gustara el lugar, mi amigo me ha ayudado con la reservación casi no dejan entrar a cualquiera.
— Sabes que también habría aceptado comida china e ir a algún lugar a comerla.
Pablo frunció el ceño, Julia no parecía de las chicas a las que sorprendes con dinero eso era claro, pero le sorprendió que fuera más sencilla de lo que imaginaba y más a sabiendas de lo que decía la prensa de su familia.
— Lo tomaré en cuenta para la próxima vez.
— Así que habrá próxima vez.
— Puedo venir por ti todas las noches que tu jefe te de mucho trabajo.
Julia miró al hombre que manejaba tranquilamente por las calles casi desiertas de la ciudad. Se alegraba de haber conocido a alguien que no la asociará al instante con su familia, ella creyó que podían ser buenos amigos pero le parece que las acciones de Pablo tienen la intención de otra cosa. Suspiro, no quería decir algo que lo ofendiera y se alejara porque le agradaba su compañía pero tenía que dejarle claro que solo era una amistad.
— Llegamos.
Julia miró asombrada el lugar antes de irse medio año al extranjero Joaquín le había dicho que la llevaría a aquel lugar pero nunca logró conseguir reservación al parecer le habían dicho que solo con tres meses de anticipación, ni siquiera los contactos de su padre hicieron algo, a Julia no le había importado pero Joaquín en ese momento explotó al no conseguir lo que quería. Y ahora se encontraba con un hombre que apenas conocía, el cual le había dicho según su amigo le había conseguido un lugar aquel mismo día.
Los dos jóvenes llegaron a lo que sería su mesa, la cual consiste en una mesa giratoria redonda casi a raíz del piso había cojines para poderse sentar y frente a ellos tu propio chef preparaba los alimentos al instante. Julia miró a su alrededor, estaban en una pequeña terraza individual, la luz de la ciudad de fondo se veía espectacular.
— ¿Cómo consiguió tu amigo este lugar?.
— Es amigo del dueño.
La castaña lo miró sorprendida pero no dijo nada más, esperaron a que el chef terminará de preparar la comida, Pablo le agradeció y este se retiró dejándolos solos.
— ¿Te gustó el lugar?.
— Es increíble.
— Podemos venir cuando quieras.
— Gracias — Julia dejó la comida de lado suspirando — Escucha me caes muy bien a pesar de llevar poco de conocernos, pero…
— Julia se que vas a decirme que tienes novio eso lo sé — dijo interrumpiendo el moreno — Yo casi no tengo amigos en la ciudad soy muy reservado, pero contigo puedo entablar una buena conversación así que no te preocupes.
Julia suspiró aliviada y sonrió, no esperaba esa respuesta de Pablo pero la dejaba más tranquila.
— Platícame mejor porque alguien de tu edad está en el departamento de cultura del estado.
— ¿No ves las noticias?.
— No.
— Bueno, mi apellido es Valtierra soy hija de Salvador Valtierra ¿Has escuchado de él?.
— Vaya, ¿eres la hija del senador?— dijo con fingida sorpresa Pablo.
— Si, verás antes de que mi padre se convirtiera en senador era director de la secretaría de cultura, su nuevo jefe quería a alguien joven y de confianza por lo que mi padre pensó en mí.
— Pues por el tiempo que le has dedicado hoy a tu trabajo creo que eres bastante competente.
— Gracias, no es lo que me hubiera gustado hacer pero mi padre me lo ha pedido, así que ha sido imposible negarme.
Pablo observó cómo la mirada de Julia se cargaba de tristeza al decir esta última parte y a pesar de que no le importaba porque la chica estaba triste si quería ganarse su confianza debía actuar diferente.
— ¿Qué te preocupa?.
Julia se acomodó mejor entre los cojines había quedado satisfecha con la cena.
— En la universidad iniciamos un proyecto Joaquín y dos amigos más, para ayudar a que las comunidades indígenas tengan mayores oportunidades de empleo o bien de incentivar su trabajo y a pesar de que mi nuevo jefe me dio la oportunidad de utilizar los recursos del departamento de cultura con el trabajo que tengo encima no creo poder darme abasto para continuar el proyecto.
— En algún momento creo que lo puedes lograr Julia.
— Espero que si, la verdad que se necesitan muchas manos que ayuden, además del dinero claro aunque este aún no es problema, ¿Porque no nos acompañas a mí y a Joaquín este fin de semana? Iremos a una comunidad a una hora de aquí quizá el proyecto te guste y tú amigo pueda ayudar también, no les pido dinero solo que los conozcan entre más gente mejor.
Pablo hizo una mueca, no le agradaba la idea de tener que pasar el día en un lugar en la sierra, con insectos, gente sin modales, seguramente habría niños. El joven empresario hizo una sonrisa forzada.
— Haré lo que pueda, ¿Cuánto tiempo llevas con Joaquín?.
Julia se sorprendió por el cambio de tema tan abruptamente.
— Hum...cumpliremos dos años en un mes.
— Felicidades, es mucho tiempo.
— Si — dijo sonriendo — Nos conocimos en la universidad, era una de las personas que no me hablaba solamente por mi apellido, además es inteligente, bondadoso, es un hombre increíble.
Pablo la escuchaba hablar, era claro que estaba enamorada de aquel hombre lo que hacía más difícil su conquista, pero esto solo lo hizo sonreír el reto se ponía cada vez mejor.
— Pues parece ser el hombre de tu vida.
— Él dice que me tiene una sorpresa para este aniversario, mi madre dice que quizá sea el anillo.
El hombre de cabello azabache casi escupe su bebida, el hecho de pensar que Julia se casará con aquel tipo lo hacía sentir extraño.
— ¿Estás muy joven no?.
Julia alzó los hombros.
— Tu lo has dicho, parece ser el hombre de mi vida así que la edad no importa, pero porque no me cuentas algo de ti.
Pablo la miró de manera inquisitiva.
— Soy huérfano y no tengo hermanos, pero tú si tienes uno según la prensa, ¿Cómo es él?.
La castaña lo miró con el ceño fruncido, pero suponiendo que decía la verdad que no tenía a nadie comprendía porque no quería hablar de ello.
— Se llama Diego, tiene diecisiete años como todo adolescente quiere salir a divertirse, es noble solo que nuestra madre a veces le mete otras ideas en la cabeza que lo vuelven un niño malcriado.
— Supongo que tu padre tiene que apretar el cinturón para ponerlo en orden.
— Quizá aunque dudo que Diego le haga el mínimo caso, en fin no me has dicho en qué trabajas Pablo.
El joven pelinegro imaginó que no podría seguir de incógnito, por lo que pensó rápidamente en que el puesto de su amigo sería lo ideal.
— Bienes raíces.
— ¿Bienes raíces? — repitió Julia con sorpresa.
— ¿Por qué te sorprende?.
— No te vi la cara de que pudieras ser vendedor.
Pablo sonrió ladinamente recargándose en los cojines.
— ¿Entonces de que tengo cara?.
— ¿Banquero quizá? — Julia lo miraba divertida — ¿Político?.
— Quizá algún día sea presidente.
— Quizá.
El joven empresario se perdió un instante en aquellos ojos miel que lo veían de manera divertida, se dio cuenta que una calidez se sintió en su interior por lo que rápidamente se levantó ante la mirada de sorpresa de la castaña por la repentina acción, el rostro del moreno se volvió serio cuando pronunció palabra.
— Es tarde, se ha pasado el tiempo y mañana los dos trabajamos.
Julia miró la hora en su reloj, daban las doce menos cuarto, se sorprendió de lo rápido que pasó el tiempo en aquel lugar.
— Oh vaya, no vi la hora.
Pablo asintió y comenzó a avanzar a la salida, no sin antes decirle “te espero afuera”. En ese momento la castaña no entendió el repentino cambio de humor de su nuevo amigo, pero decidió no tomarle importancia, después de todo el cansancio comenzaba a hacer mella en ella y de tan solo pensar en lo que le esperaba el dia de mañana en el departamento de cultura, la hizo estresarse aún más. Julia lanzó una última mirada a aquel lugar, definitivamente tendría que venir en algún momento con Joaquín, sonrió y con ese pensamiento se dirigió a la salida.