cuartos contiguos

881 Words
Veinticuatro horas más tarde, Marie se había convertido en la flamante propietaria de todo un guardarropa  nuevo. - No necesito tanta ropa- protestó mientras Lilian la llevaba a otra tienda-. Gastar tanto dinero en cosas que sólo me voy a poner dos días, me parece una barbaridad. Y no quiero más ropa interior... Tengo de sobra. -Lo se, pero es necesario  -dijo Lilian-. Es posible que no seas tú quien deshaga tu equipaje, y tu anfitriona conoce muy bien los gustos de Nick... Si llevas tus cosas, se dar la cuenta que todo es una farsa. -Marie apretó los labios. -¿Y qué tipo de ropa interior debo llevar? -pregunto irritada. -bueno teniendo en cuenta que vas a pasar un fin de semana con el hombre del que supuestamente te has enamorado... tendrá que ser de seda y con gran cantidad de encaje -respondió su hermana. Marie hizo tal mueca de desagrado que Lilian añadió: - No pongas esa cara... no va a pagar ni una libra por ello. Y la semana que viene, si te apetece, lo puedes tirar todo a la basura. -eso es justo lo que haré -prometió. Cuando por fin llegó el viernes, Marie estaba tan tensa que creía que iba a estallar, Nick se presentó en el piso a la hora señalada, con puntualidad británica. -Me alegra observar que no has huido -dijo él, sonriendo. Nicholas traía puestos unos pantalones grises que enfatizaban la longitud de sus piernas y la estrechez de sus caderas. La camisa ligeramente abierta y arremangada mostrando su piel parecía un Dios. -¿debería? -preguntó ella. Marie se había puesto un top rosa sin mangas; una falda crema que le llegaba a la cintura y unos zapatos que aumentaban su altura unos cuantos centímetros. El la observó y se encogió de hombros. -no estoy seguro- respondió. -¿solo llevas una bolsa? - es un fin de semana, Nick. No toda la vida. Nick sonrió. - No, pero hablas como si te hubieran condenado a cadena perpetua. ¿Nos vamos? Marie entro al ostentoso auto y se puso el cinturón de seguridad y se dedicó a admirar la habilidad con la que Nick conducía entre tanto tráfico. .... 3 horas después.... Resulto ser un pueblo precioso según observaba Marie,  casa antiguas y jardines bien cuidados. La mansión donde empezaría su infierno era estilo gregoriano, Nick aparcó en el amplio vado de la entrada, donde ya había varios coches y salió del vehículo para abrirle la puerta a Marie y ayudarle a bajar. -No te preocupes; todo saldrá bien. Le he prometido a tu hermanastra que cuidaría de ti y pienso cumplir mi palabra. Marie salió y in segundo después Nick se inclinó sobre ella dándole un beso en la frente. Marie se sentía nerviosa. Solo había sido un beso, pero le había afectado tanto que no sabia si reír o llorar. -porque lo haz hecho ¿forma parte de una pequeña representación o acaso estas preparándome como en la fiesta? -No, es solo que me apetecía- contestó él-. Ah ...nuestro anfitrión. Graham Helsay apareció en la entrada de la mansión y sonrió. -Me alegro de volver a verte Nick. Y también a usted señorita... -Vélez, Marie Vélez. Pero llámeme Marie, por favor... este lugar es precioso- mirando a su alrededor. -Es nuestro santuario privado - comentó-. Siempre ha sido asi y siempre lo será. Su anfitrión los llevo hasta adentro donde la Sra. Blanca la ama de llaves los llevaría a sus habitaciones... -Ésta es su habitación, señorita Vélez. Espero que la encuentre cómoda... el señor se alojará en la habitación contigua. -dijo la mujer regordeta. -¿quiere que llame a alguien para que le ayude a deshacer el equipaje? -No se moleste, señora Blanca. Nos las arreglamos solos. ¿ Verdad, cariño?- intervino Nick, interpretando gloriosamente su papel. En cuanto se quedaron a solas, Nick la acompañó al interior y abrió la puerta que comunicaba laa dos habitaciones. Bienvenida, pero me temo que tendremos que compartir cuatro de baño... esta al otro lado del pasillo. Pero como vez no mentí con respecto a los dormitorios, incluso puedes echar cerrojo de la puerta que nos comunica. Marie se ruborizó. -Gracias, será mejor que desempaquemos. -una forma muy amable de correrme. - Ironizó él. Sin embargo, deberíamos dejar la puerta abierta y practicar nuestras habilidades sociales. ¿no te parece? -Prefiero estar sola un rato. Tengo que poner mis pensamientos en orden. -muy bien. Entonces, nos veremos después. Marie salió al balcón a pensar, deseaba a aquel hombre. No lo podía negar. Pero estaba convencida que dejarse llevar por el deseo era un lujo que no se podía permitir. Se sentía realmente agotada así que entro y se recostó en la cama. Al cabo de unos minutos, la puerta se abrió y Nick apareció descalzo y sin camisa. Antes de que Marie pudiera protestar, él se tumbó sobre ella, y la besó apasionadamente. Marie no se resistió. Llevó sus manos a sus hombros y lo atrajo hacia ella, dejándose llevar, excitada. Pero solo duró unos pocos segundos, Diana toco a la puerta y entró sin esperar ser invitada. -Oh!, Dios... -dijo la mujer. Nick se separo unos centímetros le dio un beso rápido y se sentó a un lado de Marie.
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