736 Words
«Mikkel Jensen» ―¿Nuevos reclutas?― preguntó mi amigo quien se dirigía junto a mi al patio de entrenamiento. ―Creí que el Palacio tenía millones de guardaespaldas ya― ―Si, ya sabes después de lo de Antón, mi padre ha estado duplicando la seguridad, y que mejor aquellos que aún no prestan su servicio a la corona― mis manos permanecían en mi espalda y mi gesto serio, pose que tomaba solo en ciertas ocasiones. ―Vaya― pronunció. ―Creo que alguien no debería estar aquí― me había mantenido mirando hacia al suelo. ―¿Por qué lo...― mi vista se detuvo en lo que veía mi amigo Rasmus. ¿Una chica? ¿Mi padre había reclutado a una chica? ―¿Crees que ella realmente esté entrenada?― la pregunta de mi amigo me devolvía la realidad. ―No lo sé, pero no creo que papá sepa de esto― aparte la vista buscando a mi padre. ―Mikkel, ven aquí― me llamó mi padre desde el otro extremo, con pasos firmes avance hasta él. ―¿Qué te parecen los nuevos reclutas?― gire a mirar a los otros tres que había ignorado completamente al ver a la chica y a mi amigo observándola a lo lejos. ―¿En verdad llamaste una chica?― pregunté sin pensarlo. ―Claro, es de las mujeres que se han preparado militarmente, aunque no aquí, además sólo ella no ha prestado servicio― dijo como si nada. Mire a los otros tipos a lado de ella parecían hombres peligrosos y debidamente entrenados. ―¿Es de este país siquiera?- La idea de una extranjera merodeando  me alertó, tal vez quisieran levantar un plan en mi contra, como si no tuviera ya suficientes. ―Si, lo es, Katrine Rask, vivió aquí hasta los cinco años cuando fue adoptada por Elliot Banner, ingresó a los dieciocho al Ejército estadounidense y trabajó para la Casa Blanca hasta ayer― dijo como si nada ―¿Y porque sólo tienes interés en ella? ¿No consideras una amenaza a los demás?― me interrogó. ―Si, pero nunca confíes en una mujer...― su risa me calló. ―Vamos, que machista, sabías que yo tenía una guardaespaldas hasta que se retiró por maternidad, son más bravas si me lo preguntan y poseen un magnífico sexto sentido― dijo orgulloso. ―Ya lo veremos― me aleje de mi padre hasta llegar donde se encontraba Rasmus. Entonces sonando un silbato y colocándose todos en una fila delante de mí observé a cada uno de los nuevos reclutas. Quizás detrás de una carita de Ángel escondía algo peor, ya veremos de que es capaz. Tome su expediente, aquellos hombres eran jóvenes, no habían presentado su servicio porque apenas y terminaron su entrenamiento, ella ya era mayor. ―¿Por qué no te has presentado antes si tenías entrenamiento militar? Es tu deber ¿Lo sabías?― me dirigí a ella. ―Lo siento, pero hace veintidós años que no resido aquí― su mirada se posó en algún punto detrás de mí, su postura era recta y mantenía la calma al hablar y respirar. ―De acuerdo, usted está designada al área de cocina, las mujeres de servicio se sentirán en paz con usted― y cerrando su expediente seguí a designar un lugar a los demás. Una vez terminada mis asignaciones debía ir a tratar otros asuntos de estado con mi padre y Rasmus. ―Oye, que te haya hecho el comentario de que era una mujer no significaba que debías despreciarla así― dijo Rasmus detrás de mí ―Se ve que tiene demasiada experiencia en seguridad―. ―Amigo...― me detuve un momento ―Ella no ha vivido aquí por mucho tiempo no me basaría en su experiencia si en cualquier momento puede vender su lealtad para el país que la vio nacer y yo no permitiré eso― dije para seguir avanzando. ―Si lo planteas de esa manera creo que tienes un punto, pero aun asi, creo que ella es la mejor capacitada para tu seguridad― decidí ya no responder ante sus comentario y mejor seguir con mis obligaciones. ―Para que veas que no soy malo la escoltó personalmente hasta su nuevo lugar de trabajo― di medio vuelta para regresar al lugar donde estaban los reclutas.
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