746 Words
«Katrine Rask» Mi ira subía, ¿Qué acción podía haber en la cocina? Si por algo había entrenado es para el trabajo de campo, me encantaba. ―Formen fila― anunció uno de los guardias. ―¡Ha hacer su trabajo!― anunció otro de los guardias. Me sentía observada así que levanté mi vista tomándome con los ojos del Príncipe fijos en mí que se acercaban nuevamente. ―Señorita Rask, yo mismo la llevaré a su lugar, la veo en quince minutos cerca de la cocina― asentí en una pequeña reverencia, la cual esperaba no se hubiese visto inútil, había olvidado los distintos protocolos que se llevaban en este país. ―Bien señores... y señorita ha trabajar― anunció nuevamente el príncipe, aún sentía su vista fija en mi. Caminé sin detenerme, entre a mi habitación para segundos después salir al corredor para atender la llamada entrante de Patrick, un colega. ―Hola Patrick― susurre no queriendo llamar la atención de la gente alrededor. ―Hola Trine― era el único que me llamaba así ―Elliot me comentó que te llamaron a Dinamarca, ¿Cómo va todo?― preguntó. ―Bien tío Pat― le llame por su apodo ―Ya me han designado― me alegraba escuchar una voz conocida y de un amigo, porque si, los amigos de Elliot eran los míos. ―¡Oh Vaya!― rió. ―¿Qué tal tu puesto?― preguntó. ―No es un trabajo de campo― suspire. ―Pero lo ha decidido el príncipe― no tengo otra opción, quise agregar. ―Eso es malo, tengo que dejarte Trine, el deber llama― anunció. ―Claro, adiós tío Pat― aunque fue un momento corto de charla me alegro escuchar su voz. ―Adiós Trine― y sin decir más colgamos. Entre nuevamente a mi habitación necesitaba una ducha urgente, tenía que estar lista para ir a mi puesto. Después de aquella bendita ducha con el agua más cálida inimaginable salí enredada en una toalla, ya que mi ropa se encontraba perfectamente acomodada sobre la cama. Apenas iba a colocar mi ropa interior cuando la puerta sonó. Quizás sería alguna de las mujeres de servicio. No tenía idea de si usaría algún uniforme o mi ropa habitual. Si era alguna chica con mi uniforme tenía que abrir para colocarlo. ―¿Si?― abrí poco la puerta, dejando un reguero de agua en mi camino, tendría que tener cuidado a mi regreso no caer. ―Lo siento― vi cómo aquel hombre se giraba. ―¡Oh!― caí en la cuenta de que apenas llevaba una toalla y que el príncipe estaba frente a mí. ―Deme dos minutos― cerré la puerta y más rápido que mercurio alrededor del sol me vestí. Definitivamente no era una chica de servicio, y tampoco tenía un uniforme. Cuando por fin estuve vestida abrí la puerta un poco más. ―¿En que le puedo ayudar su alteza?― hice una reverencia, algo a lo que debería acostumbrarme poco a poco. Si mi mente no fallaba apenas han pasado diez minutos y en quince le vería. ―Sólo venía a informarle un pequeño cambio, ahora tendrá que pasar al despacho de mi padre en diez minutos― dijo mirando otro punto, pero ¿Por qué ha venido personalmente? ―Perdón por el atrevimiento, he mandado una mujer antes, pero no la ha encontrado― pareciera que me lee la mente. ―Si su Alteza, ahí estare― hice otra reverencia ―¿Por que tengo que ir con el rey?― pregunté, pues me parecía extraño si ya me habían designado mi lugar de trabajo. ―Mi padre cree que sirve para otro puesto, así que él se hará cargo de usted, yo ya no tengo nada que ver― cuando vi que se giró para irse, así que decidí irme de una vez, total ya estaba lista. Estaba siguiendo al príncipe también. Tal vez no notara mi presencia, camine alerta. Aunque aún no era mi trabajo, había sido entrenada para detectar aún la más mínima amenaza. Observe a mi alrededor, algo llamó mi atención, algo brillaba contra la luz del sol, y las sombras no deberían moverse ni brillar. Con paso apresurado corrí impidiendo el ataque a sangre fría contra el príncipe llevándome un gran rasguño en mi brazo izquierdo, pero neutralizado la amenaza, frente a la mirada atenta de un estupefacto Príncipe.
Free reading for new users
Scan code to download app
Facebookexpand_more
  • author-avatar
    Writer
  • chap_listContents
  • likeADD