Mikkel Jensen.
Aún no me hacía la idea de una mujer cuidando mi seguridad. La verdad esperaba muchas especulaciones por parte de la prensa, es un tema que tenía que hablar con mi padre. Los rumores corrían tan rápido como el viento los llevara.
Estaba inmerso en mi teléfono, los correos llenaban mi bandeja, como es que ya me pedían favores o demandas cuando aún ni rey era, esto es cansado. Suspire.
Entonces el sonido de la camioneta siendo encendida me trajo a la realidad, debía relajarme un poco sino aquella gala no sería para nada soportable.
―Señorita Rask ¿Le gusta que la llame así o tiene algún sobrenombre?― pregunté, necesitaba saber un poco de ella, total, pasaría demasiadas horas detrás de mí.
―Puede decirme como guste su alteza― su vista no se apartaba de enfrente, con una mano conducía y la otra estaba alerta junto a su arma.
Parecía paranoica, pero hasta yo lo estaba, esta mañana casi me matan.
―Bien, te diré Rask― no era largo y estaba mejor a llamarla señorita Rask y su nombre no me consideraba con demasiada confianza para ello.
―Bien su alteza― seguía con su vista fija, ¿Que es que no era una persona normal?, pensé. ―¿Se le ofrece algo?― preguntó aún con su semblante serio.
―Si, necesito un par de aspirinas, suele haber una caja de ellas en la guantera delantera y una botella de agua― pedí en cuanto sentí el dolor más presente.
―Claro― se detuvo en un semáforo y sacando todo lo requerido me lo entregó.
―Gracias― dije educadamente, porque a pesar de ser mi guardaespaldas, era una dama y como tal merecía respeto.
Sólo asintió y no respondió.
El viaje fue tranquilo, parecía que por hoy no habría más intentos de asesinato.
Estábamos aparcando en la entrada de aquel lujoso hotel donde se llevaría a cabo la gala de las Naciones Unidas.
Cientos de presidentes, Reyes y algunos otros estarían presentes.
Una vez nos detuvimos en la entrada del lugar, los guardias al igual que Rask se bajaron a revisar todo rápidamente, una vez inspeccionado todo Ras se acercó a mi puerta y la abrió.
―Bienvenido su alteza― me recibió una chica con una tableta en mano delante de toda la prensa.
―Gracias, podría indicarme mi lugar― quería entrar lo antes posible, los flashes me estaban cegando.
―Claro, su mesa está en el centro junto con los directivos de las Naciones Unidas― me señaló. ―Y gracias por dejar que su país sea sede de este acontecimiento― con Rask siguiéndome entre buscando mi mesa.
―El presidente de los Estados Unidos viene hacia acá majestad― susurró en mi oído dejando a su paso un aroma a uvas exquisito.
―Parece que conoce a muchas personas― hable manteniendo la distancia y una sonrisa en mi rostro.
―Sólo la que mi trabajo me permite― y después de saludar a varias personas llegué a mi mesa esperando que esta noche pasará rápida y sin ningún problema como el de esta mañana.
―Querido amigo― llegó Rasmus sentándose a mi lado ―Creí que estarías en tu habitación después de lo ocurrido― esta vez susurro solo para mí.
―No iba a faltar al evento en el cual te esmeraste por muchos meses― sonreí ―Parece que todo está en orden, ¿Crees que me pueda ir antes?― susurre mirando a mi alrededor.
―Teniendo en cuenta el día que tuviste hoy te puedes ir después de dar tu magnífico discurso― se levantó de su silla para hacer una reverencia e irse de ahí con una sonrisa.
Mire a Rask antes de hablarle con una seña y se acercara más.
―Tan pronto de mi discurso necesito que prepares las camionetas para irnos de aquí― ella simplemente asintió y dio medio vuelta para volver a sus sitio y llevarse una mano hasta su muñeca y hablar despacio, tal vez dando una orden, yo solamente volví a colocar una sonrisa en mi rostro y esperar a mi escape.