Capítulo 5 — Los otros

696 Words
La mañana entraba al despacho de Isla en forma de luz blanca y cansada. No era una luz alegre. Era una luz de papeles, de café frío, de expedientes abiertos demasiado tiempo. El edificio antiguo del centro jurídico retenía el frío en sus paredes, y el aire olía a tinta, a polvo viejo y a algo metálico que siempre estaba ahí aunque nadie supiera de dónde venía. Isla estaba de pie junto a la ventana cuando llamaron. Dos golpes. No urgentes. No tímidos. Precisos. —¿Isla Navarro? Dos personas. El hombre llevaba un traje gris que había visto demasiados días largos. La mujer, un abrigo n***o ajustado, cabello recogido tirante, mirada que no se quedaba en nada demasiado tiempo. —Inspector Ramírez —dijo él, mostrando la placa con un gesto automático—. Y mi compañera, la subinspectora Rojas. Rojas inclinó apenas la cabeza. —Queremos hacerle unas preguntas sobre Dante Vega. Isla no los invitó a pasar. Eso ya era una decisión. —Todavía no soy su abogada. —Pero lo visitó —dijo Rojas. Su voz era suave. Casi amable. Eso la hacía más peligrosa. —Eso no es ilegal. Ramírez sonrió con cansancio. —No. Pero es interesante. —¿Por qué? —Porque el último abogado que lo visitó pidió retirarse tres horas después. Isla sostuvo la mirada. —¿Motivo? —Dijo que el caso olía mal. —Eso no es técnico. —No —admitió Ramírez—. Pero suele ser preciso. Rojas la observó con más atención. —¿Va a tomar el caso? Isla sintió el peso exacto de la pregunta. —Lo estoy evaluando. Ramírez asintió lentamente. —Entonces le damos un consejo no oficial. —No lo pedí. —Igual se lo damos —dijo—. Tenga cuidado con Dante Vega. —Eso se aplica a muchos acusados. —No —respondió él—. A él no. Se fueron sin insistir. Como si no necesitaran quedarse. Eso fue lo que más inquietó a Isla. Camila entró media hora después como si la gravedad funcionara distinto para ella. —Te ves fatal —anunció con una sonrisa enorme. Llevaba un vestido azul demasiado alegre para un martes gris, el cabello suelto en ondas imperfectas, olor a perfume cítrico y café recién hecho. Le dejó un vaso caliente sobre la mesa. —Hola para ti también. —No dormiste. —No. —Estás pensando. —Siempre. —No así. Isla suspiró. Camila se sentó frente a ella, cruzó las piernas, inclinó la cabeza como quien se dispone a escuchar algo importante. —Cuéntame. Isla dudó. Eso ya era una respuesta. —Estoy considerando defender a alguien que no debería. Camila arqueó una ceja. —Eso suena a martes. —Está acusado de homicidio. —Eso suena a miércoles. Isla negó con la cabeza. —Me amenazó sin amenazarme. Camila se quedó quieta. —Eso suena a hombre interesante. —Eso suena a problema. Camila sonrió con dulzura. —A veces es lo mismo. —¿Te gusta? —preguntó luego. Isla abrió la boca. La cerró. —No. Camila ladeó la cabeza. —Eso no fue un no. —Eso fue un no complicado. Camila estiró la mano y la apoyó sobre la de Isla. —Entonces ten cuidado. Lo complicado siempre cobra. La llamada de Lucía Vega llegó al atardecer. La voz era joven, firme, cansada. —¿Usted es Isla Navarro? —Sí. —Soy Lucía Vega. Isla se enderezó. —¿Cómo consiguió este número? —Eso no importa. - le cortó Lucía. - Solo le pido que defienda a mi hermano. Pídame la cantidad que desee, pero no lo deje solo. El realmente la necesita. — Estoy en todo mi derecho a evaluar y rechazar cualquier caso. - contestó Isla. — El me habló de usted. Dice que usted es la unica capaz de salvarlo. Isla estaba verdaderamente sorprendida de esta afirmación. — Tan pronto termine de evaluar el caso del Sr. Vega. Le notificaré a él en persona. Gracias por llamar, pero la proxima vez deje un mensaje con mi secretaria o saque una cita. — terminó la llamada.
Free reading for new users
Scan code to download app
Facebookexpand_more
  • author-avatar
    Writer
  • chap_listContents
  • likeADD