SANTIAGO JONES
Ser rico, millonario y joven es un poco difícil, llama demasiado la atención, las chicas con las que estoy son interesadas, nadie como mi querida July Brown, es la ideal para ser mi novia, o eso es lo que dicen los demás.
July es una chica de buena familia, sus padres son amigos de los míos, por lo tanto, todos esperan a que terminemos casados y con tres niños corriendo por la casa.
La decepción que se van a llevar.
La familia de July no saben que ella es lesbiana, de hecho, no lo sabe nadie, a mí me lo ha llegado a decir una vez, pero fue inconscientemente, se le salió esa información cuando estaba borracha. Veo como mira a las chicas y con los chicos es muy diferente.
July es una de las personas con las que puedo contar con su amistad y confianza, siempre está cuando la necesito y viceversa.
Sé que July tiene miedo del que van a decir sus padres, por eso aparentamos una relación.
- ¿Mentir? -había preguntado.
Era un día de lluvia torrencial, gotas gruesas y calles totalmente húmedas.
- Por favor Santi, sabes que mis padres están impacientes por que salga con alguien-suplicó.
Estábamos en mi habitación, me posé sobre mi cama y le pedí que se sentara conmigo.
- Sé lo que eres-argumenté sin más- sé que no te atraen los chicos, sé cómo miras a las chicas, sé que eres una buena persona, solo basta con que lo digas y te apoyaré en todo.
Suspiró.
- Santiago, si no fuera realmente necesario no te lo pediría, todos esperan a que nos casemos y tengamos mil hijos. No quiero eso, no quiero aparentar algo que no soy, pero finge conmigo un tiempo -hizo una pausa mientras me acomodaba el cabello- por favor
La sujeté suavemente de las manos, ella era como mi hermana pequeña y debía protegerla.
- Te ayudaré en lo que necesites, pero ten el valor de mostrarte tal y como eres, eres un sol, una luz y puedes guiar el camino de cualquiera.
Le di un beso en la frente mientras ella agradecía.
Nunca podría hacerle daño a alguien como ella.
El trato con July fue que la trataría como para pretenderla, nunca nos besaríamos, nunca involucraríamos nada. Solo salir y divertirnos.
Ella aun no puede mostrarse tal y como es con nadie que no sea yo, por eso tengo la certeza de que mi deber es protegerla.
-
Por otro lado, soy un empresario joven, trabajo en la empresa de autos más costosos de mi ciudad, BATEN, somos una empresa innovadora, autos deportivos, nuevos diseños, siempre traemos sorpresas nuevas, soy uno de los inversionistas más importantes de ahí, significa que no pueden aprobar nada sin mi consentimiento. Todo es color de rosa de día. Pero de noche es otro cuento.
Tengo un trabajo muy bien pagado para esta noche.
- Solo quiero que sufra-argumentó el hombre de traje, se notaba que estaba guardando mucha rabia.
- ¿Argumentos? -había preguntado yo.
Mi mascara intimidaba, era una máscara blanca con una sonrisa ensanchada enorme y solo los ojos estaban descubiertos. Nadie podía saber mi verdadera identidad.
- Mi esposa y ese hombre han estado juntos seis meses, mi esposa está embarazada de ese bastardo, ella tiene tres meses y alguien que no es de mi sangre está creciendo en su vientre. Descubrí esto desde hace un tiempo, pero decidí dejarlo avanzar para ver que sucedía, hace tres días mi esposa me dio la noticia de que estaba esperando un hijo mío.
- ¿Y no es posible que ese hijo sea tuyo?
- Me hice la vasectomía hace un año, tenemos dos hijos grandes, yo ya no quería tener a más niños, no quería volver a empezar de cero y criarlos, tenía suficiente con dos, pero claro, ella no lo sabe.
Oh….
- ¿Qué partes quieres que le corte? -pregunté cambiando de tema.
- Te lo dejo a tu criterio, solo sé que odia las ratas y las arañas-dejó un sobre muy inflado en la silla que estaba en medio de nosotros- haz que sufra, es lo único que pido.
Asentí y él se marchó.
No hago esto por gusto, lo hago por dinero, el pago es muy bueno.
Realmente bueno.
Alisté todas las cosas para hoy, le tengo un regalito.
O varios.
Subí todo a la camioneta, no tenía un lugar específico para hacer este tipo de trabajos, pero si me daba el tiempo de buscar todo lo necesario para que el trabajo salga bien.
Me dirigí a un lugar en el bosque, muy lejos. Donde nadie puede oírnos.
Ahí estaba él, en la cabaña, a oscuras, estaba muy nervioso y asustado.
Que ganas de sacarle un ojo, pero esta vez no seré yo el que disfrute esto.
Estaba atado a una silla, lo había traído horas antes. Sé que no iba a salir vivo de esta cabaña, por que puse explosivos en la única puerta de la misma, si en algún caso intentara salir y zafarse de las ataduras, entonces su cuerpo explotaría en pedazos. El único que sabía las claves para desactivar los explosivos era yo. Nadie más estaría involucrado.
- Entonces, ¿Tienes miedo Chase? -pregunté arrastrando la silla hasta donde estaba el hombre con camisa blanca, empapado de sudor y casi pude ver una lágrima rodando por su mejilla.
El hombre solo sollozaba.
- Creo que tienes que confesar tus pecados antes de irte al infierno, ¿no crees Chase? -cuestioné acercándome hasta estar a centímetros de su rostro.
Más y más sollozos.
- No me hagas daño, ¿quieres dinero? Te puedo dar más dinero del que te ofrecieron por hacerme esta broma… so…solo tienes que decirme… ¿cuantos millones quieres? Te… te los puedo conseguir ahora mismo.
- Shhhh, silencio Chase, dinero tengo, que otra cosa puedes ofrecerme a cambio de dejarte ir? -mencioné en un tono realmente cruel.
- Tengo propiedades… sí... si quieres te doy mis propiedades…
- Chase, Chase, Chase, se nota que no entendiste la parte en la que mencioné que tengo dinero…
Sus piernas temblaban al igual que sus labios.
- ¿Recuerdas a Carol? ¿La madre de dos hijos? ¿Sabes que ella está embarazada? -hice una pausa que nos dejó en un silencio sepulcral- sabes que está embarazada de ti? ¿Sabes que vas a tener un hijo con tu amante? ¿Qué diría la prensa he? Ya veo los titulares, periódicos…
- ¿Periódicos? – el hombre titubeaba.
- Si Chase, periódicos-alcé mi mano trazando una línea horizontal imaginaria- el magnate hombre de negocios, tendrá un hijo con su amante, oh… y sin olvidar las noticias… -empecé a susurrar- y su amante era nada más y nada menos que la esposa de su mejor amigo de toda la vida…
Ese fue el dolor que quería causarle, que se diera cuenta de lo que hacía, del dolor que había causado, de los errores cometidos y eventos que desenfrenaron su existencia.
- ¿Qué crees que sintió Morgan cuando se enteró que su esposa iba a tener un hijo con otro hombre? ¿Acaso estaba feliz? O por alguna razón molesto, ¿tal vez? No lo sé, tal vez con sed de venganza, tal vez porque no quería causar una revuelta en su vida…
- Morgan jamás haría eso…. Somos…. Somos mejores amigos-su comentario me hizo dar carcajadas.
- ¿Mejores amigos he? -pasé un cuchillo arrastrándolo por su pierna para que supiera lo que iba a pasar- qué dirías si te menciono que los hijos que tienes con Elena no son tuyos… oh, pero eso no lo sabes, ENHORABUENA, te acabas de enterar.
Mas sollozos.
Enterré el cuchillo en su pierna dándolo vueltas en la misma de manera circular mientras gritaba de dolor.
- Me enteré que te dan miedo algunas cosas, mi querido Chase-le acerqué una rata a su cuello y sintió temor.
- No me acerques a esas cosas, te lo suplico-rogó.
- Oh, ¿entonces no quieres saber lo que se siente he? ¿Sabes que a mis pequeñas y roedoras amigas les gusta la carne humana? Y ni hablar de las arañas, seguro que les encantará poner huevos en tu cuerpo inerte.
De una estocada le enterré el cuchillo en su estómago abriendo un gran hueco en el mismo, ya casi no tenía vida, pero podría sufrir más. Lo puse en el sueño. Coloqué una cubeta con ratas adentro, las coloqué rápidamente en su estómago con piedras encima para que no se moviera, puse las arañas dentro de sus pantalones.
- Ahora te explicaré lo que va a pasar mi querido Chase, mis amigas van a buscar por donde salir, necesitan respirar y la cubeta no les dará mucho tiempo de oxígeno. Buscarán por donde salir y tu sentirás todo lo que han hecho, tengo un mensaje de tu amigo para ti, y dice: que bueno será tirarme a tu esposa como lo has hecho con la mía -dicho esto quité el seguro de la cubeta dándole paso a los roedores, abrí su pantalón y las arañas estuvieron en su m*****o en segundos.
Casi olvido mencionarlo.
- Nos vemos en el infierno.
Dicho esto, salí de la cabaña, a los pocos minutos ya no se oían gritos, su cuerpo yacía inactivo en el piso.
El trabajo ya estaba hecho.
-
- ¿Te das cuenta que si reducimos los costos de las llantas y compramos unas más baratas se perderá el exitoso mercado que tenemos actualmente? Tenemos una buena racha en este momento, hay que aprovecharla-grité frenético en la junta.
- Santiago, cálmate, sabes que, si no estás de acuerdo no podemos aprobar nada, era una idea de uno de los asesores para que disminuyamos costos-el hombre de traje habló.
- No es por los malditos costos, nosotros ofrecemos calidad, y la vamos a seguir manteniendo a menos que caigamos en la quiebra.
Dicho esto, salí de la sala de reuniones, realmente necesitaba un café, un té o lo que sea que sirva para calmarme.
No pueden tratar de disminuir la calidad de nuestra empresa, es imposible, así solo no venderíamos nada y el mercado decaería gradualmente.
-
Me encuentro en mi casa, frente al mar, con un libro en la mano. Momento perfecto. Las vistas son estupendas, y más si ves a las chicas que se pasean alegremente por este lado de la playa.
Todo es perfecto mientras no me distraigan de mi lectura.
O tal vez pueda hacer una excepción por la forma en la que me están sonriendo, podía invitarlas a casa más tarde.
Sería divertido.
Bueno, eso pensé hasta que alguien tocó mi puerta, a malas ganas tuve que ir y abrir, incluso me tropecé con el piano, el dedo pequeño del pie siempre desviándose.
Tardé unos minutos en reponerme, había olvidado el timbre.
Volvió a sonar y lo recordé.
Abrí y era lo menos que esperaba encontrarme al otro lado de la puerta.
Ella se veía tan diferente, sus ojos eran del mismo color que los míos, tenía el cabello n***o hasta la mitad, y de ahí bajaba de otro color, un rojizo.
Vestía de un short blanco corto, unas sandalias de verano, una blusa delgada negra y una camisa delgada con líneas y flores.
Hacía años que no la veía.
Estaba tan cambiada, tan diferente, tardé un poco en articular alguna palabra, de hecho, ninguna.
Ella al ver que no articulaba nada pasó sus manos por su cabello acomodándoselo un poco nerviosa.
Seguíamos en silencio.
Estaba a punto de hablar, aún sin saber que decir, ella me ganó.
- Hermanito.