Tenía en la actualidad unos 2.900 habitantes y por lo que demostraban los distintos censos de población decrecía año tras año. Por las fotos observé que las calles eran de tierra aplanada, el lugar céntrico constaba de algunas casas, muy pocos comercios, la infaltable Iglesia y una plaza central que debía servir de lugar de reuniones y chusmeríos que daba pena. Un poco apartado del radio céntrico existía también un enorme convento que debía servir de Escuela y Seminario (¿cuándo no?). Imaginé que allí no había posibilidades de crecimiento y expansión, los jóvenes y no tan jóvenes que podían trataban de emigrar y en el pueblo quedaban sólo los que envejecían y morían en él. Siempre me gustaron las personas que vivían en condiciones similares, eran humildes, frontales, de pocas palabras, leales y acostumbrados a sobrevivir, pero, internamente, me generaba una angustia tremenda, posiblemente bronca porque no los tenían en cuenta.
Casi sin querer comparé a mi hermana con Gimena y en esto no tenían nada que ver los sentimientos, apenas un poco de sentido común y de evaluación. Una se rascaba los ovarios y su vida era un pasar tratando de disfrutar de su abundancia, no tenía nada por lo que luchar, siempre le había caído todo del Cielo o de los bolsillos de nuestro padre y a menos que hubiera un cambio brusco, seguiría siendo así, en cambio con la otra era distinto. Pensaba en una infancia, posiblemente feliz, pero llena de privaciones, una adolescencia estancada, aunque con sueños para trascender y ganas de hacerlos realidad aun venciendo privaciones e incomodidades, en cierto modo o de más de un modo, era para aplaudirla e incentivarla.
Primero me había impactado su físico y su cara en que destacaban un par de ojos celestes que parecían absorberte, hasta el cabello rubio corto me había gustado, a mí, que siempre había abogado por la melena femenina. Luego, cuando la tuve frente a mí asintiendo ante lo que decía el tío, bajando los ojos al aceptar su intrusión, pero sintiéndose orgullosa de los sueños que quería alcanzar, me hizo sentirme bien y me dio una especie de ataque de altruismo cercano al mecenazgo. Yo tenía mucho más de lo que pretendía, mis sueños de estudios y Título, de algún modo, se habían esfumado, mi dedicación tendría que estar enfocada a mantener y acrecentar lo que tenía la familia y, claro está, Gimena, su Título y conocimientos, más su don de gente podrían ser importantes en eso. Indudablemente que ella tendría que poner todo de sí y yo sería exigente, pero una de las premisas era lograr que, además de cómoda se sintiera feliz y cercana a sus afectos. Con un par de ideas rondando en mi cabeza fui a abrir la puerta y le pedí que entrara para pasar a mostrarle el lugar en que dormiría.
- ¿Está seguro de esto Alejandro?, —preguntó dudando—.
- ¿Ya te pusiste en el lugar de Asistente y te olvidaste del tuteo? Te voy a explicar para que quede claro porque no soy de repetir las cosas, yo soy muy seguro en lo que emprendo, pero no soy “el dueño de la verdad”, estoy expuesto a equivocarme, parte de tu función será hacérmelo entender y para eso deberás apelar a tu sutileza, hacerme entender algo por capricho o porque “se te antoja” será para problemas.
- No creo que hacer la limpieza o cocinar lleve a algo caprichoso.
- En principio no, pero no quiero que seas sólo la “chica de la casa” y en la convivencia, aunque sea amistosa y laboral, siempre surgen problemas, por ejemplo y aunque parezca una tontería, si yo pongo un adorno en una repisa y a vos no te gusta, ni por asomo se te ocurra cambiarlo sin decirme antes porque lo hacés o convencerme de porque lo hiciste, ¿se entiende?
- Sí, se entiende, mi papá era igual, estoy acostumbrada a eso, —lo dijo con una especie de pena que se le notó en los ojos—.
- Acá pasarás a ser una Asistente, pero tu mayor obligación pasará por ser una buena estudiante dedicada a recibirte y a cumplir tus sueños, me convertiré en algo así como un Mecenas, eso sí, con muy pocas pulgas, vos sabrás como te adaptás y cumplís porque no soy muy proclive a dar segundas oportunidades.
- ¿Vos que ganarías con esto?, digo porque esto o todo no deja de ser un “toma y daca”.
- Por ahora no me interesa ganar, ya veremos más adelante y según vayas respondiendo y te ganes mi confianza, tengo empresas e inversiones y pienso seguir teniéndolas después de que te hayas recibido. Asumo un riesgo tratando de ayudarte, pero, no te equivoques, sé cómo “bajar las persianas” o mostrate la puerta si me generás problemas. Ahora voy a seguir con el mate y me vas a contar sobre tu vida o evacuar tus dudas.
- Dale, yo te los cebo, me encanta cebar y tomar mate. Nací y me crié en un pueblito netamente rural, estudié la primaria en la escuela del pueblo y la secundaria en el Convento, mi papá era una especie de Administrador de la Estancia más grande que había en el lugar, pero su trabajo era una cosa y mi casa otra, yo era la niña mimada, nadie se metía con la hija del gringo. Una noche, cuando yo tenía dieciséis años robaron ganado en la Estancia, le avisaron y salió con un par de peones a perseguir a los ladrones, hubo un tiroteo y lo mataron.
- Me imagino el cuadro, seguí tranquila, —le dije observando que le costaba contar—.
- Los dueños de la Estancia le dieron a mi mamá una linda casa a doscientos metros de la plaza del pueblo, pero ya no estarían los ingresos que tenía mi padre y hubo que salir a “pelearla”, vendíamos verduras que mi mamá cultivaba, limpiamos en algunas casas, a mi mamá le consiguieron la pensión de mi padre y así fuimos tirando, al terminar el Secundario, yo quería seguir estudiando y surgió lo de mi tío y luego de un tiempo y de hablarlo con mi mamá me decidí.
- ¿Novios, amigos con “derecho a roce” o algo así para alguna de las dos?
- Yo tuve un noviecito a los dieciocho, pero no entendía eso de querer estudiar y progresar y lo corté. Mi mamá vivió y vive rodeada de “gavilanes” porque es la más linda del pueblo, pero, por lo que sé y ella dice, “tu padre fue el primero y único y así seguirá”. Es una pena porque no llega a los cincuenta y parece de cuarenta.
- ¿Por qué no se vino a la capital con vos?
- Era lo que más quería, pero también sabía que era un albur porque nada era seguro y no teníamos dinero para aguantar un tiempo, decidimos que lo intentara yo sola, pero, ya sabés como me resultó a mí y ella sigue en el pueblo, casi, casi como prisionera, algo que yo voy a solucionar cuando me reciba.
- Se puede hacer largo, aun con la comodidad de que dispondrás, tenés como mínimo tres años más. ¿Te gustaría que viniera para estar más cerca?
- Eso sería otro sueño realizado, ni siquiera podemos hablar por teléfono porque no tenemos y a veces no duermo pensando en cómo lo debe estar pasando, a ella le debe pasar lo mismo, es angustiante.
- Bueno, largá el mate, ahh, por cierto, están riquísimos y acompañame, luego seguimos con lo de tu madre, ahora tengo que ir a ver una casa que se desocupó, no es tan lejos.
- ¿Siempre te agarra así?, jajaja, dale vamos.
- Sí, andá acostumbrándote.
“No te privás de nada”, —comentó en voz baja cuando subió al auto y se acomodó complacida en el asiento—. No le contesté y puse rumbo a la casa de fin de semana. Me había dicho el Abogado que había que hacerle un par de arreglos y quería verla primero, se me había ocurrido que si era una casa quinta que lo ameritara, no sería mala idea poner a alguien que hiciera de cuidador. Tendría que conocer a la madre de Gimena, pero, se me cruzó en la cabeza que así estarían cercanas, lógicamente no le diría nada a ella hasta concretar un par de cosas. Me llevó casi una hora llegar al lugar porque estaba en la zona de la Provincia y para arribar a esa Localidad había que cruzar gran parte de la capital, además el GPS nunca daba pie con bola. Gimena miraba todo como chico que descubre cosas nuevas.
- ¿No conocías esta zona?, —le pregunté casi adivinando la respuesta—.
- Si me sacás del recorrido del edificio a la Facultad y a la biblioteca y salvo algunos edificios históricos ando perdida “como perro en cancha de bochas”, si en este momento me bajás del auto, me muero del miedo, no sabría qué hacer, jajaja, todavía tengo el pueblo sobre los hombros.
- Siendo estudiante universitaria te hacía más mundana.
- En la Facultad soy una especie de Friki que está muy buena, eso lo sé y vos tuviste la oportunidad de verlo bien.
- Jajaja, lo reconozco, fue un maravilloso espectáculo.
- Sos, sos… mejor no te digo, mirón y sádico porque me diste un susto de muerte mientras te reías.
- Dale, dale, seguí con lo de la Facultad.
- Te decía que no faltan los que me invitan a salir o compañeras que me invitan a reuniones o juntadas de mujeres, pero estoy metida sólo en lo mío, además, no tengo ropa, tiempo o dinero para desperdiciar.
- Bueno, espero que ahora que eso va a cambiar, no actúes como pájaro al que le abren la jaula.
- Ni loca, se me hace que no te gustaría y no está en mi esencia, a lo sumo te preguntaré para que me asesores cuando quiera visitar algún lugar, pero yo soy como el canario, sólo me siento bien en la seguridad de mi jaula, jajaja. —Me encantaba conversar con Gimena y notar como se iba soltando a medida que ganaba en confianza—.
Cuando finalmente llegamos a la casa hasta yo me sorprendí, un enorme muro de tres metros de altura cubría toda la cuadra excepto por el lugar del gran portón de rejas trabajadas en filigranas como se hacían antaño y la puerta de ingreso, digamos peatonal. El manojo de llaves que me habían dado tenía una grandota y larga que entendí que era del portón y al probar fue la que lo abrió. Entramos el auto y el camino mejorado nos llevaba, unos cincuenta metros después, pasando por lo que serían las cocheras, a una inmensa casa de estilo señorial, la puerta principal era doble y se accedía a ella luego de subir unos cinco escalones de una escalera con peldaños en mármol.