Claro que fuimos a bañarnos y adentro de la bañera, agachada y aferrada a las canillas de la ducha, tuvo que morder el toallón para no gritar cuando volvió a experimentar una nueva “rotura” de su culito tentador y “glotón”, ella misma fue la que comenzó con los “jueguitos” todo partió de su empecinamiento en darme una mamada que no le resultó porque le costó meterse un cuarto de v***a en la boca. “No hay caso, nunca aprendí, vas a tener que metérmela otro ratito en la cola”, —dijo en voz baja haciéndose la inexperta—. No me quedó más remedio que darle gusto, no iba a dejar que se fuera con insatisfacciones… Finalmente, luego de que nos vestimos, nos tomamos la dichosa copa e hizo varias bromas referidas a la incomodidad para sentarse. Se fue decidida para tratar de convencer a la hermana. Eran casi las diez y media de la noche y bajé a comprar algo para cenar, estaba esperando la comida cuando vibró mi celular, en la pantalla apareció un GRACIELA1, supe enseguida que era mi madre y atendí de mala gana…
- ¡Alejandro, Alejandro, tu hermana desapareció!, tu padre no está en casa, no me contesta el teléfono y no sé qué hacer.
- Siempre la misma exagerada, ¿qué mierda es esa de que desapareció?, estará en casa de alguna amiga o cogiendo con su nuevo noviecito.
- Te digo que no, llamé a dos de sus mejores amigas y no saben nada de ella, es más, desde que anda con ese tipo se ven poco. Además, está el mensaje…
- ¿De qué mensaje me hablás?
- Hace más de quince minutos que me llegó un mensaje que decía, “me quieren vio…”, nada más que eso, tengo miedo de que le haya pasado algo.
- Voy a ver si la ubico, espero que no sea una pelotudez de mi hermana porque le voy a dejar el culo chato a patadas.
- Llamame Alejandro, llamame si sabés algo, estoy desesperada.
Corté la comunicación y me fui a la confitería dónde se solían reunir, yo lo conocía al tipo de haberlo visto charlando muy de “amigote” con uno de los mozos y a ese me dirigí preguntando dónde lo podía encontrar a “fulanito” aduciendo que le había conseguido algo que me había pedido, que se me había hecho tarde y me urgía dárselo.
- No creo que hoy se aparezca por acá, parece ser que tenían una “fiestita” con unas amigas, encima no invitó, jajaja, si te pidió “falopa” para esta noche date una vuelta por la quinta del amigo, queda por tal zona y, en una de esas “la ponés”, jajaja, es una casa con columnas altas en el frente, pero yo no te dije nada.
- Que se cague, yo no voy a andar dando vueltas con esto encima, me voy a mi casa y lo veo mañana.
No me dio más bola el “camarero charlatán” y me fui, salí despacio del estacionamiento para no denotar ningún tipo de urgencias, pero apenas doblé en la primera esquina, aceleré con ganas para tratar de llegar a esa casa. Estaba furioso con mi hermana, por su inconciencia, por “regalarse” con el primero que le gustaba, haciendo lo que se le “cantaban los ovarios”, pero, además, me tenía muy preocupado el asunto ese del mensaje, me hacía un montón de “películas” con eso.
Una cosa era que se echara los “polvos” que quisiera y con quien quisiera pues, supuestamente, ya era adulta, otra muy distinta era que la obligaran a hacerlo. El barrio que me habían señalado era en una zona residencial cercana al centro de la ciudad, no tendría más de diez manzanas y tuve que ir pasando despacio y mirando de casa en casa para tratar de ubicar una con columnas altas en el frente. Finalmente la encontré, se veía iluminada sólo en la planta alta y en el frente, había también dos autos estacionados en el interior y cercanos a la puerta de entrada.
No vi el coche de mi hermana y tampoco vi cámaras, ni encendidas ni apagadas. Pensé que la única manera de averiguar qué es lo que pasaba y si mi hermana estaba allí era entrando a la casa. Estaba cagado hasta el pecho porque no sabía que podía encontrar, pero, ya estaba allí y el recuerdo del mensaje me hizo decidir. Estacioné el auto en la entrada de la casa aledaña que parecía sólo de fin de semana y regresé para saltar el portón de rejas de la casa grande. Estaba tremendamente tensionado y repensaba todos los golpes aprendidos en mis clases de Artes Marciales, ni siquiera intenté probar si la puerta principal estaba abierta y protegido por los coches pasé por el costado de la casa prestando atención a cualquier ruido extraño.
Debajo del balcón de una de las habitaciones que tenía luz escuché gritos apagados de una mujer y me puse medio loco. No sé me ocurrió hacer denuncias ni golpear ni nada que pudiera considerarse normal y traté de subir al balcón por unos salientes que había en las columnas que parecían sostenerlo. Me sostuve como pude, tenía fuerza para aguantarme con mis brazos y logré llegar a un costado del balcón, miré hacia adentro y se me nubló todo. A mi hermana se la estaban cogiendo dos tipos, en realidad uno se la cogía manteniéndola sentada mientras ella le daba la espalda y el otro al que reconocí como el “noviecito”, estaba desnudo y le pegaba con una fusta en las tetas y le cruzaba la cara con golpes de mano abierta mientras el que la penetraba le sostenía la cara tirándole del cabello.
Tenía la cara toda ensangrentada, la boca tapada con un pañuelo de cuello y miraba sin ver… “Decime ahora que no querés que te cojan y que no me vas a dar la plata que te pedí”, —eso fue lo último que le escuché decir al “noviecito” antes de romper con una patada la puerta de vidrio del balcón y entrar como tromba en la habitación. Al que tenía la fusta lo alcancé con un puñetazo en la sien y cuando se aflojó le tomé el brazo y le efectué una torsión.
Ni siquiera gritó, pero el ruido que hizo el hueso en la articulación, en lugar de asustarme pareció que incentivó mis ganas de dañar, al otro no lo pude alcanzar enseguida porque se zafó de mi hermana y la empujó contra mí, me la saqué de encima tirándola a un costado y alcancé a agarrarlo de los pelos cuando pretendía escapar, después me ensañé y le dejé la cara hecha pulpa, tampoco podría caminar por un tiempo largo porque la patada aplicada en la rodilla le dejó el pie mirando al revés. Me fijé que mi hermana estaba desmayada pues se había golpeado contra la pared cuando me la saqué de encima, la acomodé sentándola y me dediqué al que le hacía de novio.
Me quedaron los nudillos doloridos de los golpes que le apliqué y el otro brazo tuvo el mismo tratamiento, los dos hombros se le salieron de lugar y parecían dos colgajos, por lo menos tuvo la suerte de no despertar y no sufrir dolor. El problema fue cuando bajaron los niveles de adrenalina, no sabía qué hacer y matarlos no era solución porque había demasiadas pistas que me apuntaban, así como, seguramente, huellas de mi hermana o ADN. Busqué en los bolsillos y en un par de mochilas que tenían y encontré sobrecitos de cocaína, los documentos, dinero en efectivo y los celulares, el de mi hermana incluido.
La droga se las metí en la boca y parte se las soplé en la nariz haciendo un canuto con un billete, los tres “ravioles” que sobraron los dejé sobre una mesita, todo lo demás lo guardé en una bolsa de plástico junto con la ropa de mi hermana, la funda de la almohada y la sábana manchada de sangre, también me guardé la fusta y un consolador que había sido usado. No sabía que más hacer para borrar las posibles huellas, hasta los tres vasos usados me guardé, tomé la bolsa y me la cargué a mi hermana al hombro, salí por la puerta principal y no me costó nada llevarla hasta mi auto y mandarme a mudar de allí. Quedó hecha un bollo en el asiento y tuve que acomodarla para que la sangre que salía de su ceja partida y de su nariz no me manchara el tapizado, ni siquiera atiné a sacarle la mordaza, tenía la cabeza enfrascada en pensar que es lo que me podría haber olvidado y recordé que no le había sacado el ADN de mi hermana de las vergas de los dos tipos, ni en pedo lo haría, pero tampoco tenía antecedentes como para que quedara registrada.
Se quejaba y se movía cuando estacioné el coche en mi cochera, subí por el ascensor desde el subsuelo cruzando los dedos para que me viera nadie y entré en mi departamento dejándola sobre el sofá, fui a buscar todas las cosas al auto y cuando cerré la puerta me quedé mirando el cuerpo desnudo y mancillado de mi hermanita. Las tetas, los muslos, el cuello y el vientre estaban surcado de marcas profundas por los golpes recibidos con la fusta, pero en la espalda y en las nalgas eran como para que se te cayeran las lágrimas de sólo mirarlos.
Le saqué la mordaza cuando estaba reaccionando y noté que me miraba despavorida, a la par que totalmente “sacada”. “¿Qué hiciste?, ¿qué hiciste?”, —comenzó a gritar un tanto histérica y mi respuesta fue inmediata—. El revés de mi mano le reventó el labio inferior del lado derecho de la cara y la fuerza del golpe la tiró del sofá… ¡Vas a hacer todo lo que yo diga y lo que yo quiera, pendeja de mierda, no te quiero volver a escuchar si no te doy permiso para hablar!, —le dije enfurecido levantándola del cabello y poniendo su cara a centímetros de la mía—. Había pasado por un montón de cosas como para aguantar pendejadas o histerismos de una caprichosa y sí, yo también estaba un poco “sacado”, además de asustado por las posibles consecuencias.
“Sí Alejandro, está bien”, alcanzó a contestar tragando sangre y comenzó con las quejas por los dolores de su cuerpo. Yo tenía pomada para los dolores musculares, pero eso no le podía aplicar, la haría gritar como marrana, le di a tomar un analgésico fuerte y la levanté para llevarla al baño, la dejé sentada en el inodoro y me puse a llenar la bañera. “Yo no sabía Alejandro, no sabía”, —me decía llorando angustiada—, entonces la miré con mi mejor cara de seriedad implicando reproches y no le contesté, se calló la boca en el acto con un temor enorme en la mirada—. Luego de eso y con el agua a punto, la levanté de nuevo y la deposité dentro de la bañera diciendo: