La Isla

1114 Words
Tenía una bronca que explotaba, pero era algo que no iba a concretar de ese modo o sí, nunca lo pude averiguar porque mi madre cambió completamente, sus facciones pasaron del enojo a un terror total cercano al pánico, yo había hecho fuerza tirándola del cabello para que se arrodillara y con la cara cerca de mi entrepierna me habló con una voz lastimera y como de nena. - Sí hijo, sí, me saco todo y hacé lo que quieras conmigo, pero, por favor, no me pegues ni me maltrates y te prometo que voy a hacer todo lo que me digas. ¡Por favor, por favor!, ¿qué querés que haga?, ¿cómo me pongo? Me muero, me muero si me pegás, casi me da un infarto recién cuando la vi a Mariana, cogeme si querés, pero no me pegues como a ella. El cambió fue radical y estaba, decididamente, aterrada, mi erección fue instantánea y pareció querer romper el pantalón. La levanté de los pelos, la hice girar para que me diera la espalda, le tomé el cuello con una mano, le apoyé el bulto en las nalgas y le apreté una teta logrando que los pezones se le eyectaran endurecidos. - Pedazo de puta, ¿te gusta que te peguen antes de cogerte?, ¿papá te coge así o tenés otro que lo hace?, —le pregunté notando que no se movía y dejaba que hiciera a voluntad—. - No, tu padre ya no me coge más y nunca me pegó, además no tengo a nadie, fue tu abuelo quien me castigaba siempre con una vara antes de cogerme sin que le importaran mis gritos, cuando murió tuve un novio antes de tu padre que me hacía lo mismo y el único modo de parar los castigos era dejándome coger, —me dejó anonadado, pero debía seguir la farsa—. - A mí no me importa que seas mi mamá, ahora no, pero te voy a coger cuando quiera y no harás nada sin mi consentimiento, igual tenés que tener un castigo por haberme llevado la contra. La arrastré de los pelos hasta el sofá y me senté escuchando que me decía, “por favor hijo, por favor”, no le di ni cinco de pelota, la crucé sobre mis muslos y tuve sus nalgas deseadas a disposición de la palma de mi mano, entendí que no debía mostrar debilidad o dudas y descargué mi palma, primero en una y después en otra nalga aún tapada por la falda del vestido de verano. No sé cuántos chirlos fueron, pero los daba con ganas y ella acusaba dolor sin dar muestras de ello, se notaba a las claras que se mordía para no gritar. “No más hijo, no más, cogeme ya si querés”, —rogaba con voz lastimera—. Entendí que la pobre arrastraba sus propios “mambos” y que lo que yo entendía como soberbia, hipocresía y supuesta seguridad, escondía todo un pasado de humillaciones, vejaciones y un enorme cúmulo de inseguridades que yo sacaba a la luz por mis reacciones de enojo y por toda la circunstancia que se había suscitado con lo de mi hermana. De todos modos, yo no tenía muy desarrollada la veta sádica, pero, ella no tendría por qué saberlo… - Tomá esto como una muestra de lo que puedo hacerte si te negás a algo que te pida, quiero que goces y que sientas mucho placer sin anteponer pelotudeces de madre—hijo, no tengo nada que perder y si no accedes me vas a conocer en mi faceta más mala. - ¿Querés que yo sea tu amante, sin que haya necesidad de pegarme? - ¿Por qué preguntas?... ¿Te gustan, te excitan los golpes? - No, los odio con toda mi alma, me descompone hasta de verlo en otra persona, pero, pero… - Sin “peros” mamá, de una forma o de otra te voy a tener a disposición, elegí la que prefieras. - Si tengo que elegir, quiero que me hagas sentir una verdadera mujer. - Está bien, tendrás lo que quieres, pero sin impedimentos ni tonterías, yo decido. - Seré toda tuya, pero, ¿qué hago si tu padre quiere?… - Allí no tengo historias, cumplí con él, aunque jamás vas a sentir lo que yo te daré. - ¿Querés que hagamos algo ahora? - No, aunque ya noté que estás toda mojada. Se lo dije acariciando sus labios por sobre la vedettina que tenía puesta y fue como si accionara un botón, se puso a temblar, tuvo contracciones aguantándose para no gritar y enseguida noté mi mano mojada. “Nunca me pasó algo igual, dejame que vaya al baño y después me contás que querés hacer con tu hermana”. La vi irse apurada al baño y supe que hoy caería una buena paja en honor al “lomo” de mi madre, imaginación para hacerme cualquier clase de “película” sobraba. Descubrir esa faceta escondida de la personalidad de mi madre no me hizo mal, al contrario, la iba a aprovechar para sacarme todas las calenturas acumuladas desde mi adolescencia, pero ahora me urgía pensar en lo que debería hacer con el tema de mi hermana. Graciela, mi madre, regresó con una sonrisa distinta, se paró detrás de mí y me acarició el cuello poniendo sus dos manos en él, nunca había tenido esa clase de demostración de cariño y eso me puso bien. - Me siento en el aire y con expectativas nuevas, vos dejá que yo me ocupo de tu padre, ¿qué es lo que querés que traiga para que Mariana lleve a la isla? - Ni idea, estimo que un par de mudas y los trajes de baño, un suéter, una campera, zapatillas, un jeans, sus cosas de higiene, habría que preguntarle. - Ahora está dormida, yo me ocupo de poner en un bolso lo que pueda necesitar y lo traigo mañana a la mañana. Vi que compraste pomada, un analgésico fuerte y un gel antiséptico íntimo, ella no creo que necesite, pero vos te vas a agarrar unas calenturas tremendas, lástima no estar allí. - Son sólo tres aplicaciones y ya me estoy acostumbrando a las “calenturas”, recién me hiciste poner a mil con tu orgasmo. - ¿Me dejás que te solucione ese problema?, Mariana debe estar vencida por el analgésico y yo tengo ganas que creí olvidadas, ¿podrá ser?, — ¡cómo mierda le iba a decir que no!, aunque estiré un poco más la apuesta—.
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