— Sí lo siento mucho, pero como puedes ver, los parámetros de la normalidad no se aplican a mí — bajó la cabeza avergonzada — si te enojas estás en todo su derecho. — No te preocupes, ahora toma lo que te di; no aceptó una negativa como respuesta. — Está bien, muchas gracias — ella sonrió — créeme que cada vez que lo usé voy a recordarte con mucho afecto. Ella tomó las cosas y las puso en la cama. Después de esto se acercó a mí y me dio un abrazo seguido de un beso, esto bastó para que me pusiera rojo, cuando me miro ambos estábamos demasiado cerca; sus labios estaban a pocos centímetros de los míos. — ¿Ocurre algo? Parece que tienes fiebre, te encuentras más rojo que un tomate al punto que si fueras una tetera estarías sacando humo por todos los orificios. De repente ella reaccionó y

