Capítulo 8: Equivocación

1238 Words
Cuando se llega la hora del almuerzo, todos se marchan al casino, excepto por Luke, quien le hace un gesto al señor Morgan para que lo espere y el hombre se queda en una esquina para escuchar lo que tiene que decirle. —Dime, muchacho —las palabras salen serias del hombre, lo que a Luke le hace comprender que su trabajo está pendiendo de un hilo. —Quería saber… digo… hoy escuché que hay mucho trabajo, está llegando más cargamento desde el puerto y quería saber si necesita que me quede horas extras —las últimas palabras le salen a penas, porque para Luke es tragarse su orgullo y aceptar que su destino depende del hombre frente a él y de la vieja amargada. El señor Morgan se rasca la cabeza pensativo, hasta que sin reflejar nada en su voz, le dice. —No lo sé, pero luego del descanso te tendré noticias. —Gracias. Luke hace lo mismo de siempre, se va por su comida, pero antes de quitar la tapa de su contenedor, decide irse al casino junto a todos los demás. Es mejor que muestre que tiene ganas de quedarse ahí y, en el caso de que pase la prueba de su padre, lo mejor es conocer a la gente que hace posible la mayor parte del funcionamiento de la empresa. No es tonto, solo orgulloso, apostador, mujeriego, ególatra, sarcástico y hasta infantil, pero tonto no. Cuando cruza la puerta del casino, varios se quedan en silencio y con las miradas posadas en él, pero como a eso Luke está acostumbrado, le da lo mismo y busca un lugar en donde tomar asiento. Todos siguen en lo suyo y Luke se dedica a comer tranquilo, hasta que uno de los chicos comienza a hablar con él. —Hasta que te animaste a venir aquí. Supongo que sabes mi nombre, pero te lo digo de todas maneras, soy Néstor. —Hola, Néstor. Tú eres el otro chico nuevo, ¿verdad? —Sí, pero me han acogido bastante bien, casi ni se nota que soy nuevo. Todos son muy amables… Los dos comienzan a hablar, en realidad Néstor habla más que Luke y por primera vez se siente como una persona de verdad en lugar de una bolsa de dinero y popularidad de la que todos sacan beneficio. Cuando se termina la hora, los dos se ponen de pie y se van a lavar los dientes antes de seguir con sus labores. El señor Morgan le dice que se le permite hacer hasta dos horas extras, por lo que Luke se pone a disposición de la empresa por todo lo que haga falta y cuando llega la hora de salida, el hombre le dice que llegarán dos camiones más para descargar, así que el chico se queda. Cuando David llega a la casa, deja un tierno beso en los labios de su esposa y le pregunta como cada día por Luke. —Nuestro hijo no ha llegado —le dice ella algo preocupada—. Y lo estoy llamando, pero no me responde. —Ese chiquillo… seguramente está en sus andadas de nuevo, pero ya verá —besa otra vez a su mujer y sale de la casa mientras rastrea el teléfono de Luke. Sin embargo, si esperaba que la señal lo llevara a un bar o algo parecido, se sorprende cuando el punto marca la empresa. David conduce hasta la empresa y, como algo muy inusual, se aparece por la zona de carga, quedando con la boca abierta al saber que Luke, su hijo descarriado y flojo, se ha quedado horas extras. Llama al encargado del turno y le pregunta disimuladamente, lo que lo deja aún más atónito. —Del turno anterior solo se quedó ese muchacho, Morgan me dijo que él mismo se ofreció para quedarse más, y sabe, por el exceso de cargamento por el cambio de temporada en las tiendas. —Parece muy comprometido. —Sí, Morgan me dijo que no tuviera miedo de darle las cajas más pesadas, porque las levanta como si estuvieran llenas de plumas. David lo deja seguir y se marcha con cautela, para que su hijo no lo vea, se sube a su auto realmente impactado, coloca las manos en el volante y mira a la nada. —Creo que lo rompí —dice en un susurro, sin creerse aquello. Pero eso no es todo, el fin de semana no lo ven salir de su cuarto más que para comer y en el trabajo, se hace más amigo de Néstor. Todos se toman sus minutos de descanso, excepto por él, porque está decidido a mostrarle a todos que sí es un buen trabajador. Cada día, cuando Margaret se acerca para las cosas que debe hacer, él trata de mostrarse más cooperador y responsable, pero pareciera que la mujer no quiere fijarse en nada de lo que hace para quedarse con su puesto, porque no lo ve ni por casualidad, y es lógico, tienen demasiado trabajo por hacer. Para cuando se cumple la semana de prueba, ve a Margaret llegar a la zona se carga cerca del horario de salida y Luke se tensa, porque sabe lo que se viene. Ella y el señor Morgan se van a la oficina del hombre para hablar, mientras que el pobre se queda pensando en qué decidirán finalmente. —¿Qué te pasa, Luke? Te noto raro, ¿estás cansado? —le pregunta Néstor ofreciéndole un vaso de agua. —No… estoy pensando si hoy llegarán más camiones del puerto. —No creo, oí a la jefa decir que los de esta mañana fueron los últimos en ingresar. Vamos, que nos quedan pocas cajas antes de entregar el turno. Luke se bebe el agua, sin dejar de ver a la ventana de la oficina en donde Margaret debe estar jugándose su destino. Un rato después, el señor Morgan detiene todo el trabajo y les hace un gesto para que se acerquen hacia donde está Margaret y les dice. —En nombre de la empresa quiero agradecerles por todo el esfuerzo que han puesto esta semana. Los más antiguos saben lo que significa un cambio de temporada en Taylor’s Wear, los nuevos acaban de aprenderlo —algunos se ríen y Margaret levanta por primera vez la vista, la que brevemente pasa por Luke—. Durante esta semana todos han sido evaluados, especialmente los empleados nuevos y, así como quienes trabajaron enérgicamente tendrán un bono extra, hay una persona que no logró encajar en el equipo y, lamentablemente, será despedido. A Luke le tiembla el cuerpo de rabia, esa mujer se está vengando de él por todo lo que ha pasado entre ellos, por decirle vieja amargada y el hecho de esforzarse toda esa semana, de trabajar sin descanso, no sirvió de nada. Por eso, al mismo tiempo que Margaret dice quién es, Luke explota. —¡Vieja amargada…! —Néstor… Paredes —todos se quedan en silencio, a Margaret le salta un ojo, mientras Luke abre mucho los suyos porque metió la pata hasta el fondo. —Señora Brooks, yo… yo creí que me despediría —pero Margaret solo se acerca a él, con el ojo cada vez más chico y le grita. —¡¡A LA OFICINAAAA!! Y por primera vez Luke se siente pequeño, muy chiquito, por una acción suya… una que no tiene idea de cómo arreglar.
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