Los días se van pasando para ambos, en donde Margaret no ha tenido ni un contacto con aquel chiquillo. Ni siquiera una mirada y eso, por una razón extraña razón, a Luke lo tiene algo confundido por decir lo menos.
Está en uno de sus descansos, sentado sobre unas cajas comiéndose una fruta y pensando en eso, cuando dos cargadores más antiguos se acercan al mismo sector y comienzan a hablar.
—Estos días ha estado bastante movido todo, espero que venga un bono jugoso —dice uno frotándose las manos.
—Sabes que la bruja siempre se encarga de que tengamos nuestro bono.
—A propósito de la bruja, ¿te has dado cuenta de que ha estado silenciosa estos días? Parece que el regaño del marido la tiene por el buen camino.
—Que comentario más machista —dice el más joven a modo de burla y eso a Luke no le gusta para nada, por lo que se los hace saber.
—¿En serio ven como bueno que un hombre trate así a su mujer en público? —los dos levantan una ceja sorprendidos, porque es la primera vez que el chico habla con ellos.
—Claro —dice el joven—. Además, ella estaba tomándole la mano a un hombre que no es el suyo, ¿te gustaría que tu mujer hiciera algo como eso?
—Para empezar, yo no tengo mujer ni la tendré jamás… —antes de que siga hablando, el más viejo lo interrumpe con una carcajada y le dice.
—Entonces, no tienes derecho a opinar, porque nunca sabrás lo que es el respeto de pareja. Es algo que no está escrito, pero que se sabe.
—¿Eso quiere decir que todas las doctoras y enfermeras son solteras? —les dice Luke lanzando el corazón de su manzana a la basura—. Porque ella estaba viendo mis manos heridas, solo eso.
—Ella no es enfermera —dice el hombre—. El enojo de su marido es lógico. Yo creo que lo tuyo es porque fue contigo el asunto.
—No —dice el parándose en todo su tamaño y los hombres se sienten intimidados por alguna razón que no saben explicar—. Pero tengo una madre y una cuñada, a las que, si mi padre y mi hermano las tratarán así en público o en privado, no les iría bien conmigo. Gracias al cielo que crecí en un hogar donde se me enseñó a valorar y respetar a las mujeres.
—Sí, lo dice el que la llamó vieja amargada —Luke se ríe y los mira.
—Sí, porque ella me insultó primero. Es la igualdad, ¿no? Ella sabe que fue en tono sarcástico, muy diferente a lo de su marido.
Luke se va de ahí, le quedan diez minutos más de descanso y no los compartirá con esos hombres.
Camina por entre los pasillos sin mirar bien por dónde va, pensando en aquella mujer a la que todos parecen odiar y, si es capaz de analizar bien el asunto, solo cumple con su trabajo.
«Eso, piensa como presidente de la compañía», le dice su consciencia, pero el se sacude la cabeza como si le atacara una avispa, por lo que de nuevo no ve la figura que sale del ascensor.
Los dos caen al piso, él sobre ella y cuando se miran, Luke consigue ver un leve sonrojo en el rostro de Margaret antes de que ella lo empuje para quitárselo de encima.
—¡Pero que delicada! —dice él poniéndose de pie y extendiendo la mano para ayudarla, pero ella lo rechaza—. ¿Ahora no quiere ayuda? Usted está loca.
—Soy precavida, moco… señor Evans. Ya una vez quiso ayudarme y terminó soltándome de nuevo —Margaret de pone de pie con cierta dificultad, hasta que Luke la toma por la cintura para ayudarla. Ella le aparta la mano, se sacude la ropa y busca su libreta.
Su rostro palidece cuando ve que está en manos se Luke, porque ahí hay algo que él no debería ver. Y por supuesto que lo hace.
El hombre está pegado mirando aquella imagen dibujada a lápiz en donde está él, de perfil y cargando unas cajas. Sus ojos se van a Margaret, quien le quita la libreta y la cierra. En ese momento Luke saca su versión idiota, sonríe socarrón y se acerca a ella con todo el ego inflado.
—Así que la señora Brooks sabe dibujar, si quiere puedo servirle de modelo, puede ser con ropa o sin ropa, la verdad es que mi cuerpo no me acompleja.
—Es usted un inmaduro —le dice ella tomando su postura de jefa y mirándolo con severidad, a pesar de que en su mente hay una imagen de él… muy diferente—. No se crea especial, en esta libreta tengo varios dibujos, no solo usted trabajando. Me gusta recrear las tareas que se hacen aquí.
Luke cambia su expresión y le quita la libreta, comienza a revisarla y se da cuenta de que es así. Hay dibujos de los camiones, montacargas, grúas, etcétera. Todos con detalles de su funcionamiento y él solo se la regresa de mala gana, con el ego herido y la actitud idiota que lo caracteriza la mayoría de las veces.
—Bastante malos son sus dibujos, aburridos como usted.
—Gracias por el cumplido —le dice ella con una sonrisa sin emoción—. Solo me reafirma el por qué no dejo que nadie los vea —Luke está a punto de responderle, pero ella ve su reloj y le dice—. Todavía no es hora de almuerzo, debería estar cumpliendo su trabajo, señor Evans.
Ella camina pasando por su lado y Luke comienza a hacerle gestos con el rostro burlándose de ella, por alguna razón esa mujer lo desespera. De pronto, ella se detiene frente a la puerta de vidrio y le dice sin mirarlo.
—Mocoso maleducado —él se detiene y ella se ríe—. No puede decir que no se lo ganó… aquí las señoras de limpieza dejan los vidrios como espejos.
Margaret cruza la puerta y cuando esta se cierra, Luke ve su propio reflejo, se da una palmada en la frente y se va tras ella para irse a su lugar de trabajo. Pasa por fuera de la oficina del señor Morgan algo distraído, pero la voz severa de Margaret lo detiene para espiar la conversación.
—Solo una semana más de prueba, si ese muchacho no se pone en sintonía con el trabajo, lo mejor será que se vaya.
—Sí, señora Brooks, la mantendré informada.
—Y ya lo sabe, ni una palabra de esto a nadie, porque él es el primero de la lista de despidos, pero no el único.
Luke se esconde en el pasillo que da a los baños y la ve pasar de regreso al ascensor. Se pasa las manos por el cabello y cierra los ojos, esa mujer quiere correrlo, pero él no le dará en el gusto. Si tiene que quedarse horas extras esta semana, lo hará sin dudarlo, no puede permitir que lo despidan o su padre lo dejará en la calle.
—Ya vas a ver, vieja amargada… te vas a quedar con las ganas de despedirme, porque te voy a demostrar que soy mejor de lo que ven.
Regresa a su puesto de trabajo y esta vez se mentaliza para hacerlo mejor que antes.