Sábado, 2 de la tarde.
Díganme que no soy la única que ha tenido momentos en los que por mas que ruegas a la vida no ver ni siquiera por un segundo a una persona, siempre se topan a esa persona en específico.
Alguien tan pesado
Molestoso
Y sobre todo tan guapo que te llega irritar hasta los huesos.
No se ustedes, pero a mi me ha tocado cruzarme hasta en la sopa con la única y sensual cara de Marco Meyer.
El día después de mi pequeño incidente, en mi intento fallido por escalar una pared, que si me lo preguntan tranquilamente le podía hacer la competencia a el Monte Everest, desde ese dichoso día no he dejado de toparme con el espantapájaros.
Cuando salía a correr en el sendero, él iba trotando unos metros delante; cuando iba a comprar alguna cosa en el supermercado, él pasaba con su carro lleno de compras; cuando estaba caminando por la plaza, él estaba sentado en alguna banca mientras permanecía muy entretenido en su teléfono; cuando iba a alguna cafetería siempre lo veía tomando una taza de café mientras esta muy entretenido con varios libros o sino estaba con alguno de sus amigos, cabe decir que varias veces lo vi de lejos hablando con alguna chica. En muchas de estas ocasiones al principio, agradecía que no me notará, pero por desgracia las últimas dos veces que lo he visto, nuestras miradas no evitaron toparse, ganándome por su parte su típica sonrisa de lado y el guiño de su ojo.
Empiezo a creer que tiene algún tipo de tic, es eso, o tal vez él sabe que esa técnica le favorece mucho, porque no se puede negar que ese simple gesto lo hace ver muy atractivo y llamativo para los ojos femeninos.
Siento el liquido pegajoso expandirse en una fina linea por el dorso de mi mano, esto hace que detenga todos mis movimientos y traigo mi mente al presente.
¡Diablos! debo dejar de perder el tiempo pensando en ese tipo.
Con cuidado, dejo el plato con el strudel de fresas rellenas con crema pastelera sobre la mesa metálica y me voy directo hacia el fregadero para lavarme las manos de la miel de higo con la que se mancho mi piel, estando limpia retomo mi trabajo con el postre. Para mi suerte, el postre no se ha arruinado y solo son los bordes del plato blanco que tienen manchas de miel, tomando un trapo seco dentro del bolsillo de mi mandil blanco, limpio con cuidado la presentación del plato.
¡Listo!
Estando satisfecha con mi trabajo, llevo el postre hacia la barra que divide la cocina del resto del restaurante y toco el pequeño timbre de metal y en menos de 30 segundos Yolly, una de las camareras, llego rápido para llevarse el postre. Me apoyo un poco en la barra y veo detenidamente como ella deja el postre en la mesa 10.
La pareja cliente que esta en esta mesa le agradecen y el hombre coge la cucharita para tomar una pequeña porción del strudel y la acerca hacia la boca de la mujer frente a él. Creando una escena muy cursi, la mujer acepta gustosa el bocado, abriendo su boca para saborear el postre, con el incentivo de su pareja, el hombre también empieza a probar el postre, una sonrisa se ensancha en el rostro de él.
¡Si! les ha gustado.
Con emoción veo como ellos siguen degustando de mi trabajo.
- No acoses a los clientes Livi- la voz de mi amigo me hace girar mi rostro a mi lado izquierdo.
Resulta que James, mi nuevo amigo, comenzó a trabajar una semana antes que yo en el restaurante de Amelia Wilson, a la madre de mi amiga siempre le ha gustado ayudar a los jóvenes es así que casi todos los empleados somos estudiantes de medio tiempo y así podemos ampliar la experiencia laboral para el CV de cada uno.
- No los acoso, solo no puedo evitar contemplar que les guste mi trabajo.
- Sabes que eres muy buena, es obvio que les gusta lo que tu preparas.
- Aun es asombroso, yo nunca había cocinado nada para nadie que no sea de mi familia o amigos.
- Y ahora mira a los clientes que nos han tocado, ellos parecen mas dulces y empalagosos que el mismo strudel- James señala con la mirada hacia la pareja y en efecto, ambos están muy acaramelados mientras se susurran cosas al oído y siguen compartiendo el postre.
Los dos nos reímos por lo bajo.
- Chicos ¿por que siguen aquí? es su tiempo de descanso- Amelia nos sorprende mientras paso por nuestro lado para dejar su famosísimo volcán de nieve relleno de frutos del bosque.
-Lo siento Amelia, me entretuve viendo a los clientes- me disculpo yo.
- Ya sabes como es Liv, mira risueña a cada cliente que pida sus postres.
- Ambos hacen un buen trabajo, por eso los clientes están encantados con sus ricos postres, ahora vayan a tomar su descanso.
Obedientemente le hacemos caso y nos vamos hacia la sala de cambio, dejando nuestros uniformes en nuestras casillas correspondientes, salimos hacía la puerta trasera por donde ingresamos los trabajadores.
- ¡Ah! mis brazos me matan- mi amigo estira los brazos al cielo y después de dar un par de estiramientos se masajea los hombros.
- Tu tienes culpa de eso, debiste utilizar la batidora eléctrica.
- Sabes que soy un fiel creyente de lo clásico y las claras del huevo duran y salen mejor si los bates a mano.
- Lo que tu digas, señor amante de lo clásico- ruedo los ojos y él me da un ligero empujón en el hombro
- Así lo hacemos en Texas, amiga- él me responde con un exagerado acento que nos hace reír a los dos.
Los dos nos dirigimos hacia el enorme parque cerca del restaurante, se nos ha echo habitual ir ahí para tomar nuestros tiempos de recesos y aprovechamos en tomar aire libre. Hoy que es un día soleado, nos anímamos a comprar un par de helados y con estos en nuestras manos nos sentamos sobre una de las bancas mientras disfrutábamos del dulce y frio saber de nuestros helados.
- Livi ¿has oído sobre la fiesta de las calabazas?- su repentina pregunta me desconcierta.
-¿Fiesta de las calabazas? ¿Qué se supone que es eso?
- Según estoy enterado, a fines de la primavera en Lansing celebran las grandes cosechas de las enormes calabazas nativas, por eso festejan durante tres días consecutivos, ahí hacen una feria en donde hay una competencia para encontrar el mejor Pie de calabaza, habrá juegos de ferias y también, el último día de las celebraciones hacen una enorme fiesta en medio del bosque.
- ¿Una fiesta en el bosque? vaya, no lo sabía, yo vivo a solo unas horas de aquí y no sabia nada de eso y tu que vives a kilómetros de aquí ya sabes mucho mas que yo.
- Que te puedo decir, soy muy curioso- me responde restándole importancia encogiéndose de hombros mientras continúa lamiendo su helado- Además se por parte de mi vecina que esa fiesta , citando sus palabras: es la bomba>>
- ¿Y piensas ir a esa fiesta "bomba"?
- Lo estuve pensando pero no tengo con quien ir, no quiere estar solo- él hace un pequeño puchero.
- ¿Me parece James o me quieres invitar a qué te acompañé?- lo miro con una ceja alzada.
- Quizás si, quizás no, depende de tu respuesta- dice graciosamente haciendo ojitos de cachorro, me río por su expresión y le doy un leve empujón con mi hombro.
- Con total sacrificio, aceptaré acompañarte al bosque, sabes que me encanta pasar tiempo en la naturaleza.
- ¡Si! por eso eres una de mis favoritas Livi-ivi- James me da un ligero abrazo por los hombros- ¿crees que las chicas también querrán ir?
- ¿Sophie y Emma? claro a todos nos vendría bien despejar la mente un poco, deberías invitarlas.
- Estoy seguro que Emma si aceptará, aunque lo dudo con respecto a Sophie- su semblante decae un poco- ella me dirá que no si yo sé lo pregunto.
Su notable decepción hace que el gesto de su cara realmente muestre su sentimiento de tristeza.
¿Acaso está pasando algo entre ellos que yo no sepa?
- Si quieres, yo puedo preguntarle.
- ¿Harías eso por mi?- su rostro se ilumina cuando yo asiento con la cabeza.
- Da por echo que irán, los cuatro nos divertiremos.
Continuamos hablando de trivialidades, una vez que terminamos nuestros helados volvimos al restaurante.
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Domingo, 5 de la tarde.
A pesar de no ser una hora punta, se sabe que los fines de semana las familiar prefieren salir y comer fuera de casa.
Cómo mi madre dice: >
La mayoría de las personas de Lansing, están fuera de casa y estoy segura que una buena cantidad ha venido hasta el restaurante de la señora Wilson para almorzar y justo ahora para casi cenar.
Amelia no mentía cuando decía que necesitaba a todos los empleados posibles para los fines de semana, hoy el restaurante ha estado lleno a flor de piel, tanto que faltaban más camareros que atendieran las mesas con clientes, por eso la jefa solicitó nuestra ayuda para que solo por hoy tomemos los puestos de camareros hasta que la otra semana llegarán mas nuevos empleados.
Para ser un restaurante con apariencia costosa, siempre he visto los precios muy racionales y demás esta decir que la comida es deliciosa, por eso las personas vienen mucho aquí.
Termino de atender a las mesa 9 dónde está una pareja de ancianos, muy amablemente me dan su pedido, pidiendo que me esperen por un momento, llevo su orden hasta la cocina.
Está es mi décima mesa a la que atiendo, recibo algunos platillos para la mesa 5 y se los dejo, retirándome una vez que ellos agradecen.
Me coloco al lado de James quien también llega a mi lado, ambos estamos parados cerca de la puerta de la cocina esperando atender o llevar alguno de los pedidos.
-Después de esto, mi cuerpo solo deseará llegar a mi cama y fundirme en mi colchón- murmura él mientras se quita los lentes y los limpia un poco antes de volver a colocarselos.
- Suerte que mañana solo tenemos clases hasta el medio día.
Las puertas de vidrio, a unos metros de nosotros, se abren y ponemos atención a los nuevos clientes que se acercan directamente a nuestro compañero Flix, quien los recibe para referirles a su mesa.
Con atención veo caminar a una pareja adulta siguiendo a Flix, el señor tiene algunos rasgos que me parecen familiares pero no le doy importancia y miro a la mujer que está agarrada de su mano, ella lleva su cabello rubio brillante en una cola de caballo.
¿Que ella no es..?
Antes de siquiera formularme la pregunta mentalmente, mi visión se posa en la persona que camina detrás de los señores.
Con su porte firme y mirada neutral, Marco camina siguiendo a los señores delante de ellos, ahí reconozco a la señora.
Es su madre
Supongo que el señor a su lado es su esposo y padre de Marco, sus rasgos son más claros y familiares ahora que los veo a los dos.
Los ojos profundos del espantapájaros recaen sobre mi, mirándome al principio incrédulo pero relajando su mirada una vez que recorre todo mi cuerpo con sus ojos, de pies a cabeza.
La sonrisa se dibuja en su rostro y continúa caminado hasta llegar a la mesa.
Mesa 10
¡No! tiene que ser una mala broma.
No quiero atender a ese odioso.
Achico mis ojos y fulminó con la mirada a Flix, este una vez que los deja sentados, me mira brevemente pero viendo mi gesto, me mira confundido volviendo a su puesto.
Hoy me toca atender de la mesa 1 a la 10 y justo tenía que tocarme él.
- Oye ese chico es el que te ayudo a bajar, mira- con evidencia señala la mesa que ya había visto, antes que ellos se den cuenta, le doy una palmada en su mano haciendo que la baje.
- No los señales- le murmuró entredientes.
- Ok pero no seas agresiva, ya suficiente tenemos con Sophie- se queja mi amigo sobándose la mano, ruedo los ojos y agarro rápidamente uno de los menús para taparnos las caras.
- Concéntrate James, necesito pedirte un enorme favor.
- ¿A quien debo matar?
- A nadie tonto, pero necesito que atiendas a los clientes recién llegados.
- ¿Yo? pero si una de tus mesas.
- Por eso es un favor, yo...yo aún tengo vergüenza verle a la cara a ese tipo, me colgué de él como un koala aterrorizado.
James asoma su mirada un poco fuera del menú y luego vuelve a esconderla.
- Pero ya te a visto y está mirando en esta dirección, justo ahora.
Maldigo en interior.
- Solo ve y atiendelos, yo te cubro con una de tus mesas, por favor- le suplico en todo momento susurrando.
-¿ Y si Amelia nos grita por esto?...No lo sé
- Recuerdo que por mi, Sophie irá a la fiesta del bosque.
- ¿Que tiene que ver Sophie en esto?
- Tu bien lo sabes James, no creías que nunca me iba a dar cuenta que te gusta So- antes de terminar la frase, él me tapa la boca con ambas manos.
- ¡Está bien! ya entendí soy muy obvio- yo me encojo de hombros- se supone que sería un secreto.
- Prometo ser como una tumba, pero ahora necesito de tu favor.
- Bien, te cubro, ve y lleva el pedido a la mesa 15.
- Entendido capitán- con algo de entusiasmo dejo un beso en la mejilla de mi amigo- gracias James te debo una.
Veo sus mejillas teñirse del rosado de su sangre y riéndome me voy hacia la barra de pedidos.
Situación incómoda evitada=Listo✓