Capitulo 2

1083 Words
Capítulo 2 Era buena con el cuchillo Bowie; después de superar mi malentendido de caballerosidad al intentar ser indulgente con ella durante la práctica, nos divertimos muchísimo practicando. Muchos de los chicos mayores de la clase se preocupaban por preguntarle si quería practicar con ellos o se ofrecían a llevarle la bolsa de equipo. Siempre me daba mucha pena, pero ella solía sonreír y negar con la cabeza. Después de unas semanas, creo que el resto del grupo de los Hombres de la Montaña pensó que nos había adoptado a Jack y a mí de alguna manera, pero nosotros nunca lo sentimos así. Éramos simplemente los Tres Mosqueteros (o a veces los Tres Amigos). Los tres solíamos ir juntos en coche a los ensayos los miércoles por la noche, alternándonos; quien conducía elegía la música. Resultó que a Cary le gustaba el *bluegrass* cuando sintonice nuestra emisora local de AM que lo ponía, aunque ella no lo había escuchado mucho. Cuando le tocó conducir, me alegró descubrir que no solo le gustaban los Goo Goo Dolls, sino también un montón de *rock* progresivo poco conocido que a mí también me gustaba. No tardamos en conectar gracias a King Crimson, Kansas y Rick Wakeman. A veces llegaba a los entrenamientos con una mirada dura, como si estuviera enfadada. Jack y yo solíamos evitar insistir demasiado en lo que le preocupaba, pero era evidente que no era feliz en casa. Esos días, me alegraba mucho de no entrenar con alguno de los mayores, para que luego se fueran a casa con un arcoíris de moratones en los antebrazos y las costillas. De vez en cuando, venía a entrenar con un atuendo que parecía más propio de una clase de aeróbic de hace cinco años que de sus habituales vaqueros y sudadera. Con su diadema, mallas, calentadores y sudadera de cuello ancho, pronto empezamos a llamarlo su atuendo de —Flashdance—. No pude evitar mirarla más de lo normal cuando el cuello extra ancho de su sudadera caía sobre un hombro desnudo, dejando al descubierto el poco escote que le permitía su sujetador deportivo. Conforme avanzaba el otoño y se acercaba el invierno, nunca superé la atracción inicial que sentía por ella, pero al menos lograba disimular la rigidez que sentía de vez en cuando cuando se agachaba a recoger algo. Venía a los conciertos de mi banda de *bluegrass*, asistió a la ceremonia de graduación de Jack como *Eagle Scout* y ambos íbamos a sus exposiciones de arte. Era asistente de curaduría en la pequeña galería de arte de nuestro pueblo y, de vez en cuando, colaba algunas de sus propias pinturas en las exposiciones. No eran obras maestras como las de Dalí o Da Vinci, pero me encantaban los colores. Tenía un ojo increíble para el color y los pequeños detalles que hacían que las cosas parecieran reales. A veces eran abstractas y extrañas, pero aun así te transmitían algo. Parecían el tipo de cuadros que uno vería en la casa de un empresario exitoso. Tenía una habitación entera dedicada a pintar. Estaba cubierta con tela de pintor y tenía media docena de lienzos, algunos a medio terminar, dando vueltas por ahí. Su viejo radiocasete, salpicado de pintura, siempre sonaba con algo diferente cuando íbamos a su casa para ver una película y la pillábamos todavía trabajando. Todos nos disfrazamos por nuestra cuenta de personajes de películas que habíamos visto para las distintas fiestas de Halloween a las que nos habían invitado, sin saber que los demás también lo hacían. Nos reímos mucho al recordar la siguiente práctica con cuchillos: Jack de Conan el Bárbaro en su club de *paintball*, yo de Connor MacLeod, el Highlander, en la elegante fiesta de mi amigo Ty, y Cary de Gatúbela para la fiesta de la oficina de su marido. ¡Habría pagado por ver eso! Al finalizar el año, nos invitó a su Exposición del Solsticio, un evento que presentaba más obras suyas de lo habitual. Era muy importante para ella, así que Jack y yo decidimos ir. Mis padres hacía tiempo que habían dejado de preocuparse por que pasara tiempo con una mujer mayor y empezaron a insinuar que intentarían establecer contactos para mis cartas de solicitud de ingreso a la universidad con lo que se consideraba la comunidad artística de nuestro pueblo. Ir a la exposición de Cary fue la primera vez que la vi con algo que no fueran sus viejos pantalones de entrenamiento con cuchillo o su camiseta y vaqueros habituales para ir a comer tacos a los bares o restaurantes donde tocaba con mi banda. Supongo que también fue la primera vez que me vio con traje. Me lo había comprado —en parte con mi propio dinero— para las fotos de graduación. Un traje azul de tres piezas con corbata plateada y zapatos negros brillantes. Supongo que me quedaba bastante bien, para ser un larguirucho de 18 años. Al menos, eso pensaba yo entonces. Pero Cary... tuve que sentarme en un banco de la entrada y respirar hondo un momento cuando la vi con su vestidito n***o y su gargantilla de pedrería. Pensé que se llamaba —vestido de cóctel—, y le quedaba de maravilla: realzaba sus curvas, con un escote pronunciado y los brazos al descubierto. Sentí una envidia tremenda de su marido, me dolía la garganta. Claro que había tenido un par de novias con las que tenía una relación más o menos seria. Pero ver a Cary vestida así me hizo pensar que eran solo chicas. —¡Matt! ¡Jack!— gritó, dando pequeños saltos sobre las puntas de los pies mientras saludaba con la mano. Al hacerlo, uno de los tirantes de su vestido se deslizó, dejando al descubierto un finísimo tirante de un sujetador color burdeos. Incluso eso bastó para que metiera la mano en el bolsillo del pantalón, intentando disimular. Se acercó trotando, emocionada como una niña que muestra una manualidad de macarrones. Detrás de ella, el hombre rubio, a quien reconocí como su marido, la miraba con gesto adusto. Parecía enfadado. Como había empezado a descubrir, se enfadaba a menudo, sobre todo cuando no podía controlar lo que hacía Cary. En aquel momento no me di cuenta de lo imbécil que era, pero incluso siendo una adolescente egocéntrica e ingenua, podía percibir que la ponía tensa y ansiosa. Nos dio un rápido abrazo a Jack y a mí, y nos agradeció que hubiéramos ido. Saboreé las fracciones
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