Adrien —Sé mía entonces, bichito...—murmuré sin dejar de besarla. Desplacé mis manos detrás de su espalda y las deslicé hacia abajo para poder tomarla de la cintura y acercarla a mi cuerpo. Este movimiento, pareció tomarla desprevenida, aunque no le disgustó, a juzgar por el pequeño gemido que soltó al introducir mi lengua en su boca. Sentí sus manos enterrarse en mi pelo, agarrando algunos mechones con sus dedos y acercándome más a ella de una forma posesiva que me volvió loco. Sus movimientos eran torpes y nada fluidos, así que dejé que su lengua se moviera al ritmo de la mía con cuidado. —Veo que alguien necesita más clases a parte de la esgrima—me reí burlón y me separé de ella para observarla divertido. —¿M-Más clases?—preguntó atónita.—¿A qué te refieres? —A
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