Julie.
Miles entraba y salía de mi oficina con sus fornidos brazos llenos de carpetas las cuales debía revisar. Sí, había recibido un ascenso y ahora era la jefa de la oficina. Ahora era la socia de Greg, mientras que mi mejor amigo Miles ocupaba mi antiguo puesto.
Las cosas mejoraban más y más en cuanto a mi vida laboral y económica. Había aprendido a no malgastar y a hacer calzar el dinero para pagar todas las facturas, incluso, el departamento pequeño que antes alquilaba en un futuro podría llegar a ser mío.
– Cal te extraña demasiado. – Habla Greg, mientras pone su firma en un documento para luego entregármelo. –Balbucea todo el tiempo que quiere jugar contigo, tiene a mi esposa realmente loca.
– Yo también lo extraño demasiado, es un pequeño adorable. – Afirmé.
En los últimos meses, Greg, Natalie y Miles eran prácticamente mi familia, los únicos que se habían quedado a mi lado después de todo lo que ocurrió. En los primeros días, Natalie no sabía que decirme o hacer para que yo saliera de la cama, o masticara algo. Luego de eso, Miles se le unió obligándome a empezar de nuevo. Enfoqué todo de mí en el trabajo llegando a ser la socia de Greg en la empresa, ahora yo no era la que hacia las carpetas, yo era la que las revisaba y las firmaba.
– Pareces feliz, me alegro que estés bien ahora.
Asiento con la cabeza evitando dar comentarios sobre el tema. Greg nota mi incomodidad con el tema y simplemente lo deja a un lado, ambos hacemos nuestro trabajo en silencio hasta que por la puerta entra Miles, con las carpetas en sus brazos.
– Aquí hay más, no paran de llegar. – Miro el reloj y agradezco al cielo que faltan cinco minutos para poder ir a casa. Me levanto y guardo todas las cosas en mi bolso para poder irme.
Al cabo de cinco minutos extiendo el brazo para pedir un un colectivo. Al fin, podré ir a casa.
– ¡Espera! – Me doy vuelta y me topo con Miles, quien viene corriendo en mi dirección. Ambos nos metemos al auto para darle la dirección al chofer y así para que comience a conducir. El auto comienza a moverse.
– Natalie no pudo venir a buscarme hoy. – Dice, recuperando el aliento. – Albert se descompuso, tengo que pasar a verla a su casa, le compré flores.
De su bolso, con mucho cuidado, saca un pequeño ramo de rosas rojas. Natalie y Miles eran novios hace pocos meses atrás, dos tal vez. Se habían conocido a través de mí y ella estaba absolutamente loca por él. Claro, como todo hombre al pobre de mi amigo le costó darse cuenta, pero ahora están juntos viviendo su cuento de hadas.
– Que bien que al final pudiste abrir los ojos y ver que le encantabas. – Dije. – Ustedes los hombres son bastante torpes.
– Hey, eso no es verdad.
El auto frena y la puerta se abre. Miles y yo nos corremos a un lado para el tercer acompañante. Edward Sheenan tiene la manía de aparecerse siempre que ando en colectivo y esta vez, no es la excepción. Con su cabello suelto y revuelto se sienta al lado de mi amigo y aun no se percata de mi presencia.
– Aquí tiene. – Dice mientras le entrega el dinero al chofer. Se voltea y me mira a los ojos, luego mira a Miles y frunce el ceño.
– Julie. – Realmente, me sorprende el hecho que no me haya llamado perra o algo por el estilo. Edward Sheenan ha cambiado mucho desde los últimos meses que no lo había visto por ninguna parte: su cabello había crecido y se veía más alto que antes, al parecer, se había tatuado otro par de cosas y lucia cansado. Quizás, Rough Diamonds tenía mucho trabajo últimamente.
De todas formas, no descartaba que él siguiera odiándome a pesar de todo. Le hice de todo al pobre de su mejor amigo, es algo bastante justo por su parte y por la mía, igual, al principio yo también lo odiaba a muerte, pero ahora, no me causa ningún problema.
– Sheenan. –Saludo.
– ¿Se conocen? – Pregunta Miles. Asiento.
– ¿Quién es este tipo? – Preguntó Edward de vuelta.
– Miles, mi mejor amigo. Miles, él es Edward Sheenan, integrante de Rough Diamonds.
Ambos se estrechan las manos y se quedan en silencio. El rizado parece un poco molesto mientras mira la ventana. Llega la hora de que Miles debe bajar, se despide y quedamos solo Sheenan y yo en el auto, haciendo la situación súper incómoda.
– Así que novio nuevo.
– Eso es mentira, Miles es mi amigo. ¿Celoso, Sheenan?
– No, yo tengo alguien quien me ama, no necesito a alguien más. – Rio el chico de ojos verdes. – Pero es un secreto, shh.
Se pone el dedo índice entre los labios indicando lo anterior para luego ambos ponernos a reír.
– Ya sé, ya sé, cuentas con mi silencio. ¿Cómo te ha ido?
Es sorprendente que estemos teniendo una conversación estable, sin insultarnos o con sonrisas falsas. No, estamos como dos personas normales teniendo una charla en un taxi, contando que había sido de nuestras vidas desde el último día que nos habíamos visto (no en muy buenas condiciones)
– Excelente. ¿Tienes novio?
– No, ¿Por qué la pregunta?
– Nada, nada, es para un amigo, te vio en la fiesta y le pareciste linda. – Comenta, con su teléfono en las manos.
– Sí, no estaba en las mejores condiciones ese día.
– Lo vi. – Dijo Sheenan. – Escucha, sé que no tiene nada que ver contigo, pero quiero que sepas que Jane está…totalmente loca. Después de la fiesta no sé qué pasó y Co…– Lo corté.
Algo que menos quería en los últimos días, era la mención de ese par de nombres. La verdad, sí, todos, los tres nos habíamos enredado la vida entre nosotros, dolía demasiado ver que me había dado cuenta que estaba enamorada de él demasiado tarde y no necesitaba saber nada de esa pareja.
– Edward, no me interesa para nada saber de esos dos, enserio, no me interesa si están juntos y felices.
– Ese es el tema, Julie. – Dijo Edward. – No son felices. Jane está rara, no es ella, es como tú cuando estabas con Colin pero mil veces peor, lo ignora y no sé, mi amigo no sabe qué hacer.
– No pienso hacer de doctora corazón si eso es lo que quieres.
– No, no, lo entiendo. Creo que Colin aun siente cosas por ti, me ha confesado que se arrepiente.
El auto se detiene a las afueras de mi viejo edificio. Agradezco internamente a cualquier fuerza que me estuviera ayudando, porque no sabía cuánto tiempo más iba a poder soportar el tema de Jane y Colin antes de ponerme a llorar como una tonta o algo.
– Me tengo que ir, adiós Edward.
– Julie, espera…
– Es tarde, adiós.
Bajé prácticamente corriendo del auto para entrar al edificio y refugiarme en las paredes del ascensor. Pequeños sollozos sonaban al mismo tiempo que el ruido del ascensor subiendo hasta mi piso. Simplemente, viejas imágenes de Colin y yo siendo novios o simplemente imaginando que pudiéramos juntos.
El amor es algo que te deja absolutamente perdido, a ciegas. Es la muestra clara de que a todos les encanta sufrir.
Una brisa cálida golpeaba mi hombro con extrema suavidad. Me remuevo entre las sábanas y lo siguiente se escucha es una risa suave. Lentamente abro un ojo para ajustarlo a la luz, luego el otro. Una cabellera rubia, una sonrisa blanca y un par de ojos azules me reciben entre la claridad de la habitación.
– ¡Mierda, voy a llegar tarde! – Antes de que pudiera poner un pie en el piso los fuertes brazos de Colin se enredan en mi cintura impidiendo el movimiento de mi cuerpo. Suelta un par de risitas en mi oído para luego dejar un beso en mi cuello.
Me estaba volviendo loca, en cualquier momento podría explotar por tener al chico más hermoso del mundo a mi lado.
– Colin, suéltame, es duro, pero tengo que irme a trabajar.
– No, amor, me niego a que me dejes. – Rió de forma suave para luego besar mi mejilla, con esas simples carcajadas resonando en mi cabeza una y otra vez, creando paz en un tiempo récord.
– Greg va a enojarse, tengo una reunión muy importante y…
– Una reunión conmigo, una aquí, en esta cama–Murmura–Por favor, si quieres hablo con Greg y asunto resuelto.
– Colin.
– Quédate conmigo, por favor.
Con un largo suspiro y con la cabeza llena de pensamientos acepté. Me hundí en los cálidos brazos de Colin, aspirando su olor y disfrutando de su compañía. Cada día, era casi imposible despegarme al rubio de encima, era algo que me fascinaba, pero también había recibido varios llamados de atención por haber faltado al trabajo. Poco me importaba después cuando Colin se encontraba besándome los labios con todo el amor del mundo posible.
– No tienes ni idea cuanto me encanta estar así, tan quieto y pacífico.
Asiento con la cabeza afirmando.
– A mí también me gusta estar así contigo Colin, contigo solamente.
– Solo yo.
– Solo tú.
– Te amo. –Y selló todo con un beso en los labios, con el mismo amor y cariño de siempre. Yo podía vivir de los besos de Colin, sin ellos, no sé qué sería de mí.