Capítulo 3.

1194 Words
Julie. Greg y yo nos recostamos en nuestras propias sillas de trabajo. Con un gesto, alejo las carpetas de mí. No quería volver a ver un papel en mi vida. Hoy habíamos recibido mucho más trabajo de lo usual, Greg y yo estábamos un poco ocupados con algunas juntas y ni siquiera podíamos tomar un respiro. – Queda demasiado, maldición. El sábado es el cumpleaños de Cal y todavía no tengo nada preparado. – Tranquilo, vamos a alcanzar a revisarlo todo. – Lo sé, solo que se ve demasiado. – Ambos soltamos un largo suspiro. – Por cierto, ¿Cuántos cumple el pequeño Cal? – Va a cumplir tres años. Está tan grande, aún recuerdo cuando lo tomé en mis brazos estando en el hospital, era tan pequeño y rubio. – Sí, pero sigue igual de adorable. – Mi esposa quiere que le haga una fiesta, con torta y todos sus amigos que van con él al jardín de niños. Con estas carpetas no creo que tenga tiempo de tener todo en orden. – ¿Y acaso no piensas invitarme? – Levanté la ceja mientras me cruzaba de brazos, fingiendo estar ofendida. – ¡Lo siento! He tenido la cabeza por cualquier lado. – Se disculpa Greg. – Sabes que Cal te adora, lo he dicho innumerables veces. – Hey, ¿Qué tal si te ayudo? Podría ayudarte a organizar la casa, así te quito un poco de estrés de encima. – No quiero molestarte, Jules, has hecho mucho por mí. – Dice el mayor de los Gallagher con un tono de pena en la voz. – Que va, es por Cal, el pequeño se merece que celebremos sus tres años. Yo te ayudo, no hay problemas. – Muchas gracias Jules, eres la mejor. – Por nada, esto es una vuelta de mano por ayudarme cuando estaba en esa fosa sin salida. – Mejor no pensemos en eso otra vez, volvamos al trabajo. – Asentí con la cabeza mientras tomaba el bolígrafo entre mis dedos nuevamente. Se esperaba una gran tarde llena de trabajo. (…) El carrito de supermercado avanzaba a la misma vez que nosotros lo hacíamos. Era sábado, Miles y Natalie iban por detrás de mí recolectando las cosas importantes y necesarias para un cumpleaños de los estantes para ponerlas en el carro. Mi misión era comprar todo y llevarlo a la casa de Greg, ahí todos acomodaríamos para celebrar el cumpleaños de Cal. – ¿Llevamos gorros de fiesta? – Pregunté, con la lista en mis manos tachando la palabra “Globos” en ella. – Sí, uno para cada persona. Los enamorados no paraban de besarse y reír alrededor mío. Me sentía un poco incomoda cada vez que hacían eso, era como hacer mal tercio en medio de ellos. – Sigamos, ¡Y dejen de besuquearse frente de mí! – Lo siento. – Miles besó en los labios a su novia para después soltar una risa. Con el carro y el par de enamorados por delante conseguimos encontrar todos los dulces, la piñata, los globos, los gorros, los vasos, las bebidas y todo lo necesario para tener una celebración digna. Nos acercamos a la caja para pagar todo y luego trasladarlo a la casa de Gallagher mayor. Cuando llegamos a su casa. La esposa de Greg nos recibió amablemente, todos en la casa nos pusimos a ordenar muebles, acomodar la mesa y todo lo demás. En el patio, había una gran mesa extendida para unas treinta y cinco personas. En medio, había un gran pastel y por el pasto se habían regado globos de todos los colores. Había un par de columpios, una casa de plástico para niños pequeños y un arco de fútbol. Pusimos decoraciones por los árboles y música para hacer el ambiente. Los regalos estaban apilados en una esquina, ya me puedo imaginar al pequeño Cal mirándolos con toda la tentación en el cuerpo. – Y aquí está, ¡El cumpleañero!  – Dijo Elise, la esposa de Greg y madre de Cal, mostrando al pequeño rubio sonriente, con una camiseta, una corbata y unos jeans. Sus pequeños amigos lo saludaron uno a uno. – Hey, Jules, nos tenemos que ir. – Dijo Natalie, llamando mi atención mientras me tocaba el hombro. – ¿Por qué? –Pregunté, haciendo un puchero. – Hoy me presenta a sus padres, intentamos ayudar, pero no nos podemos quedar más, lo siento. – Se disculpa Miles. – No te preocupes, nos vemos luego. – Me despido de ellos y voy afuera. Me sirvo una bebida mientras veo como los niños pequeños juegan fútbol en el arco que estaba en el patio. El tiempo pasa rápidamente. La hora de cantar el cumpleaños feliz llega tan pronto que apenas puedo darme cuenta. La gente de se reúne alrededor de Cal y el gran pastel de cumpleaños. Las velas se prenden y todos empiezan a entonar la canción. – ¡Cumpleaños feliz, te deseamos a ti, cumpleaños Cal, que los cumplas feliz, feliz, feliz! – Luego todos aplauden con euforia. Lo siguiente, es a Cal con su pequeña naricita llena de crema corriendo a mis brazos. – ¡Feliz Cumpleaños, Cal! – Exclamo mientras lo abrazo. – ¡Julie, Julie, Julie! – Beso su mejilla y estamos abrazados un rato. A Cal lo conozco hace un par de meses. Greg lo había llevado a la oficina un día después de que el chico hubiera estado en el jardín de niños. Era bastante inquieto, desordenó tres carpetas de más de cien hojas completas alrededor de toda la oficina, trabajo que me costó hacer por un mes. ¿Me enojé? En absoluto, Cal se ganaba tu corazón con un simple “Hola”, incluso, nos pusimos a regar hojas por los corredores los dos juntos y se podría decir que nuestra amistad se forjó en esa situación. – ¡Llegó el mago, llegó el mago! – Todos los niños exclamaban agitadamente. Un hombre con gorro de copa n***o y una capa negra se encontraba saliendo al patio con un montón de niños a su alrededor. – ¡Tío Colin, Tío Colin! – Exclamó Cal. Me doy vuelta rápidamente al escuchar el nombre de aquel hombre, al mago se le cae el gorro mostrando el cabello rubio que conocía perfectamente. Tomó al niño entre sus brazos y lo abrazó fuerte. En ese momento, se me paralizó el corazón. Sus ojos azules chocaron con la luz del sol que apenas había, un azul luchando contra el anaranjado del otoño. Se veía más guapo y hermoso de lo normal, llevaba unos jeans y una camiseta absolutamente negra común y corriente, como siempre. Miré a todos lados buscando alguna cabellera pelirroja o rubia, pero nada. Al parecer, había venido solo. Mierda, mierda, mierda. – Hola niños, vengo a hacer magia para ustedes y este pequeño, ¡Feliz Cumpleaños Ca…! – La frase se corta. Sus ojos se topan con los míos en un choque directo, y yo no sabía si mi sistema respiratorio seguía funcionando, o el cardiaco. Entonces, veo como sus labios sueltan un suave y un inaudible “Julie” Mis piernas comenzaron a temblar y yo también.
Free reading for new users
Scan code to download app
Facebookexpand_more
  • author-avatar
    Writer
  • chap_listContents
  • likeADD