Colin.
– ¿Vienes? – Pregunté mientras sostenía mi mochila en las manos.
– No puedo, tengo que ir al gimnasio a juntarme con unas amigas y luego de compras. – Dijo, mientras se levantaba de la silla para tomar su bolso. – Vámonos juntos.
Al fin.
Había esperado tanto para que me dijera que hiciéramos algo juntos (al menos, besarnos) aunque no fuera por un tramo tan largo al menos estaríamos el uno al lado del otro.
Ambos caminamos hacia la puerta, nos subimos al ascensor y marcamos el primero piso.
– Oh, toma, se me olvidaba. – De su bolso saca una barra de chocolate de leche con una cinta de regalo. Me lo entrega y yo miro el paquete con incredulidad. No puede estar haciendo esto.
– Es para Cal. – Agrega. – Para que sus dos años sean realmente dulces.
– Cumple tres.
– Es lo mismo.
Miro la barra dándole vueltas y vueltas para ver si es un tipo de broma. Cal es intolerante a la lactosa y lo primero que se le ocurre a Jane es regalarle un chocolate de leche. Ella lo sabía, quizás estaba demasiado encerrada en sí misma para acordarse y comprar otra cosa.
– Esta vez te pasaste Jane.
– ¿Qué? Es un regalo, no tuve tiempo para comprar otra cosa, además a todos los niños les gusta el chocolate.
– Cal es intolerante a la lactosa, ¿Qué dirías si te regalaran algo que no puedes usar o comer?
– Lo lamento, duh. Solo quería entregar un detalle.
– Mejor no entregues nada si lo haces por protocolo en vez de hacerlo por corazón. – Comenté. – Estás tan encerrada en tu mierda para darte cuenta de lo que te rodea.
Las puertas del ascensor se abrieron justo a tiempo. Molesto, salí del cubículo de metal dando grandes zancadas hasta llegar a mi auto, donde aceleré sin mirar atrás.
Debía relajarme y olvidar lo mal que estaba mi vida amorosa. Hoy era el día de mi grandioso y rubio sobrino el cual tanto adoraba, mi compañero de juegos, mi pequeño yo. Ese niño alegraba tu día con una simple sonrisa, tenía ese don que yo necesitaba en los últimos días.
(…)
– Hola Elise. – Le di un beso en la mejilla mientras sonreía. Entré a la casa ya vestido como un mago. A Cal le encantaba la magia y los magos, había estado practicando semanas a través de un par de amigos y por YouTube para su cumpleaños. En serio le debía demasiadas cosas a ese niño.
– Hola, que bueno que llegaste, Cal estaba preguntando por ti.
– Ese pequeño, ¿Dónde está?
– En el patio con sus amigos, jugando.
– Vamos para allá entonces.
Acomodé mi gorro y los trucos que tenía bajo la manga. Guardé algunas cosas en mi mochila y caminé al patio con mi regalo entre las manos, antes de salir ya se veían las decoraciones en los árboles, la mesa de cumpleaños y un montón de globos repartidos en el piso. Los niños corrían de un lado a otro sin descanso.
– ¡Llegó el mago, llegó el mago!
En menos de cinco segundos tenía un montón de niños a mí alrededor, entre ellos Cal. Sonreí mientras lo tomaba en brazos, sin querer, mi gorro se cayó y el regalo también, pero no importaba porque tenía a mi sobrino en los brazos.
– ¡Tío Colin, Tío Colin! – Exclamó. Lo apreté más contra mí, lo había extrañado tanto. Justo cuando hacia mis planes familiares donde planeaba visitar a mi madre o visitar a Greg se me interponía un concierto o alguna entrevista haciendo imposible llevar a cabo todo lo que quería.
– Hola niños, vengo a hacer magia para ustedes y este pequeño, ¡Feliz Cumpleaños Ca…! – En la esquina, con un vaso rojo y su cabello castaño haciendo contraste con las hojas que había tiradas por el pasto, estaba ella, ahí, parada mientras sostenía su mirada en contra de la mía. Sus ojos cafés pegados en mi figura.
Julie, Julie, Julie.
Usaba unos jeans azules gastados, pareciendo celestes, unas zapatillas converse y una blusa blanca de manga corta, sus piernas estaban más delgadas de lo que podía recordar y su cabello mucho más castaño y largo.
Después de tantos meses, ahí estaba. Probablemente, la chica más hermosa que haya conocido.
Había olvidado lo pálida que era, también sus labios rosados, había olvidado un montón de cosas que me moría por recordar pero la situación no me acompañaba para nada. Estábamos ella, yo, y muchos niños.
– Aquí está tu regalo, Cal. – Recogí del suelo aquella caja con papel de regalo y una cinta. Se la entregué y en segundos mi sobrino ya tenía puesta su capa de mago, su gorro y una varita mágica.
– ¡Que empiece el show! – Vi a Julie c******e a un lado para dejarme al frente de los niños, ella se sentó en una silla con su vaso en las manos mientras miraba el espectáculo atentamente.
– Bien, ¿ven esta pelota? – Enseñé al público una pequeña pelota roja, asegurándome que todos la vieran. – Oh, pero ahora solo son pañuelos.
Todos los niños aplaudieron gracias a la magia, pero todo era un simple truco obtenido gracias a una tienda de trucos y cinco euros.
– Tengo algo por aquí, sí, ¡Aquí está! – De mi manga, saco un ramo de flores rojas. Los niños parecen completamente extasiados con todo el show y eso que va demasiado lento. Quizás, debería dedicarme a la magia de ahora en adelante.
– Cal, como eres el cumpleañero me dices a quien se lo tengo que dar.
– ¡A Jules, a Jules, dáselo a Julie! – Mi mirada automáticamente se dirige a la castaña del fondo. Ella luce tan sorprendida como yo, incluso niega con la cabeza repetidamente. Me acerco a ella y le extiendo el ramo de flores. Con poca decisión, lo toma sin decir una palabra. El mini choque eléctrico que tuve cuando toqué sus dedos fue inexplicable.
– Lo mejor será seguir el show. – Dije, mientras caminaba de vuelta al frente para seguir enseñando los trucos.
(…)
Nos sentamos a comer pastel. Todos los puestos estaban ocupados menos el que estaba en frente de mí y solo faltaba que Jules se sentara en la mesa. Así que, como era de esperarse, ella se sentó en frente de mí, tampoco gritaba de emoción, pero tampoco se veía triste. Solamente incómoda.
¿Quién no lo estaría?
Ganas de hablarle no me faltaban. ¿Y si me insultaba? ¿O simplemente me ignoraba? Maldita sea.
Ahora agradezco un montón que Jane haya sido tan…tan ella para que no estuviera aquí, si no, estoy seguro de que la tercera guerra mundial se hubiera desatado. También, su lado celoso, ese lado que había descubierto hace unos pocos meses hubiera aparecido, arrasando todo a su paso sin ninguna piedad.
Ella leva el tenedor de plástico a su boca cargado de pastel para luego saborear. Pone un mechón atrás de su oreja y comienzo a preguntarme si tendrá novio. Espero que no, enserio quiero no tenga a nadie de esa manera.
Oh no.
Miles, hijo de puta. De seguro está con ella, de seguro en cuanto supo todo lo que pasó en la fiesta inició todo ese complot de conquistarla y hacerla su novia. Ese tipo nunca me dio buena espina, es tan solo un estúpido con cara bonita. Ugh.
Me doy cuenta que estamos los dos solos en la mesa. Los niños pequeños solamente corren alrededor de la mesa haciendo un juego del cual no tengo idea y somos los únicos adultos en la escena.
– Mmh…hol-
Ella se levanta de la mesa antes de que pueda terminar. Recoge todos los platos y se va al interior de la casa. La sigo. Antes de que pueda darme estoy corriendo detrás de ella, solamente quiero saber cómo está, que ha hecho y si alguien se le ha acercado amorosamente.
Pero claro, ¿Con que cara podría decirle un miserable “hola” después de que la humillé en aquella fiesta?
Debía hablarle, era una orden de mi subconsciente. Necesitaba escucharla hablar.
En la cocina, tenía un gran lote de platos en los brazos, en punta de pies intentando guardarlos en la alacena. Me acerco rápidamente antes de que se le caigan y la tomo por la cintura para que pueda alcanzar.
– Gracias. – Murmura. – Pero podía sola.
Su voz. Sonaba un poco más ronca que antes, supongo que ha estado horas sin hablar y debe ser eso.
Con un trapo pasaba por los platos y luego los dejaba a un lado. Hice lo mismo y comencé a secar los platos con ella.
– Puedo ayudarte con esto. Podríamos charlar y…
– Escucha Colin, estaba bien, estoy bien, por favor te pido que no me rompas lo que he formado. Dime que no trajiste a Jane o algo así, o que vienes a restregarme en la cara tu relación, o a atormentarme con tu decisión, porque enserio, he trabajado demasiado duro para olvidarlo todo.
– No, no, no, yo solo quiero saber cómo has estado, realmente no quiero hacerte daño. Te lo prometo.
Ella me mira dudosa, mientras se muerde el labio. No dice nada y sigue secando los platos.
– Así que, ¿Cómo ha estado tu vida? Greg me ha dicho que eres su socia.
– Bueno sí, trabajamos juntos, yo, él, y Miles.
Hijo de puta, hijo de puta, hijo de puta.
– ¿Están saliendo o qué?
– No, no, no, él es novio de Natalie, yo solo soy la solterona amiga de ambos. – Julie soltó una risa al final de la oración. Un peso en el pecho se restó al momento que dijo “solterona”
– Eso es genial.
– ¿Qué Natalie tenga novio o que yo sea una solterona?
– Ambas. – Julie y yo reímos para luego finalmente seguir secando los platos.
– Hey Julie.
– ¿Qué?
– Me encantó poder haberte visto otra vez.
Ella solamente bajó la mirada al suelo mientras jugueteaba con sus manos. Sonreí satisfecho mientras veía sus mejillas estar encendidas de rojo.