Julie. Cinco años después... El sol se filtraba escandalosamente por el vidrio de la puerta de mi balcón. Fruncí el ceño y estiré mi mano a mi teléfono. Ocho de la mañana, ¡Mierda! Me levanté rápidamente dejando todas las sábanas revueltas. Corrí a la habitación de al lado y le retiré la cubierta de un tirón. Mierda, mierda, es muy tarde. −Olivia, Olivia despierta. − Dije, moviendo a mi hija ligeramente. − Olivia, vamos tarde, tienes siete minutos para levantarte, tres para vestirte, dos para desayunar y uno para lavarte los dientes, ¿entiendes, cariño? Besé su cabeza y ella soltó un quejido. −Sí, yo también odio los lunes, pero si me retraso demasiado tu tío Miles va a matarme, ¿sabes? ¿Quieres que mamá muera? – Abrió sus ojos. Como cada mañana, sentí un pequeño pellizco al ver lo a

