***NARRA ABRIL***
Al día siguiente de haber visto a Iñaki y de haberme puesto la peor borrachera de mi vida, me sorprendí al despertar y ver a mi lado a Emiliano, sentado en un sillón que tenía en mi recámara leyendo un libro.
- Buenos días Abril, hasta que despiertas – me dijo Emiliano relajado.
- Hola Emiliano, me duele mucho la cabeza y siento revuelto el estómago – le dije yo quejándome.
- Claro que te duele la cabeza Abril, ayer te aventó una moto y te tuvieron que hacer una curación, por fortuna no pasó a mayores pero es que eres una irresponsable, ¿Cómo se te ocurre haber tomado así y andar caminando vagando por colonias que no tienen nombre – me reprendió Emiliano.
- ¿Cómo pude?, de menos pregúntame el motivo por el cual tomé Emiliano – le rebatí enojada.
- Dime Abril, ¿Qué motivo fue tan poderoso para que tomaras así y expusieras tu vida? – me preguntó Emiliano sentándose en la cama a mi lado y tomando mi mano, pues a pesar de mis errores él era el mejor amigo del mundo.
- Iñaki, lo ví, en el salón de belleza – le dije a Emiliano, conteniendo el llanto.
- No sabía que salió del closet para irse a dar su manita de gato a un salón de belleza – me respondió Emiliano bromeando un poco.
- No es eso, resultó ser que él y su esposa son clientes de Roberta mi jefa y la dueña del salón de belleza.
- Para ahí, él y ¿Su esposa? – me preguntó Emiliano incrédulo.
- Sí, esposa. Está casado – le dije llorando a Emiliano, quién de inmediato me abrazó haciéndome sentir comprendida y apoyada.
- Eso explica todo Abril, por eso te dejó como te dejó en Mazamitla, es un desgraciado quizás desde que te visitaba allá era casado, por eso no sabías nada de él y mira nada más, aquí en Guadalajara en una ciudad tan grande te lo has venido a encontrar – me dijo Emiliano preocupado.
- Lo sé pero lo peor de todo, es que lo sigo amando Emiliano, si apenas lo ví y me dio un vuelco el corazón – le dije yo llorando a Emiliano.
- Abril, cálmate tranquila mira, sé que no te podré tratar nunca como psicólogo, pero en serio te sugiero que vayas a una terapia con un amigo y compañero mío – me dijo Emiliano haciéndome enojar.
- No te ofendas Emiliano pero una terapia con alguien, no me arrancará a Iñaki del corazón – le dije muy triste a Emiliano.
- Abril, no puedes seguir en esta depresión en la que estás inmersa y lo has estado haciendo muy bien, desde hace dos años que estamos aquí – me dijo Emiliano queriendo animarme inútilmente.
- Emiliano, ¿A quién trato de engañar?, es cierto que me superé que termine mis estudios que encontré trabajo en un salón de los mejores de Guadalajara, pero no he salido con nadie este tiempo, ha sido como si nunca hubiera sanado de lo de Iñaki y lo sabes de sobra, tanto como de tu parte de psicólogo como de tú parte de mi mejor amigo – le dije a Emiliano muy alterada.
- Abril, tómate el día para descansar, vete de compras o algo, no creo que sea bueno que te quedes aquí en el depa todo el día pensando en Iñaki – me dijo Emiliano mientras se alistaba para irse a trabajar.
- No, no me tomaré el día, dame un minuto por favor, ¿Me puedes esperar para que me aliste para que me lleves a mi trabajo? – le pregunté a Emiliano.
- Claro, alístate, mientras prepararé café – me dijo Emiliano muy amable, cómo él era siempre.
Me levanté de la cama, con un dolor terrible de cabeza y me fui directo a bañarme, lo hice a toda velocidad pues Emiliano tenía que llegar a su trabajo y ya bastante él iba a hacer con tener que llevarme al salón de belleza. Tan pronto estuve lista, Emiliano me dio una taza de café y una empanada como desayuno, lo comí de prisa y tomé unas pastillas para el dolor de cabeza, después nos fuimos en el auto de Emiliano, rumbo al salón de belleza. El muy tiernamente me abrió la puerta del copiloto para que yo bajara, entonces nos despedimos de beso en la mejilla y de abrazo como acostumbrábamos, me despedí de él y entré al salón de belleza, saludé a mis compañeras y compañeros y después, me fui a mi lugar de trabajo a acomodar mis cosas, pues en una media hora llegaría mi primera clienta del día.
Atendí a tres clientas por la mañana y justo cuando tuve una hora libre, Roberta mi jefa, se acercó a mi lugar de trabajo.
- Hola Abril, ¿Qué te ha pasado? – me preguntó Roberta preocupada por lo de mi cabeza.
- No es nada Roberta, tuve un pequeño accidente ayer, me crucé una calle sin haberme fijado y me aventó una moto, pero nada serio en verdad – le dije a Roberta con normalidad.
- Debiste avisarme, para darte el día libre Abril, sabes que cuentas con mi apoyo – me dijo Roberta con una sonrisa.
- Muchas gracias Roberta, he tenido días muy complicados por eso he andado distraída – le dije yo con una sonrisa simple.
- No pasa nada a todos nos llega a pasar eso, pero al menos puedo intentar que te distraigas como tu jefa y como tu amiga que soy, ¿Vamos a comer juntas? – me preguntó Roberta muy amablemente.
- Claro que sí, tengo una sola clienta más que debe de estar por llegar y después ya podemos irnos a comer – le dije a Roberta con una sonrisa.
- Claro, mientras iré al banco y a hacer algunos pagos y después ya estaré contigo, ¿De acuerdo? – me preguntó Roberta.
- Claro, mientras yo me desocupo de mi clienta – le respondí a Roberta muy relajada.
Al poco tiempo después de que Roberta salió para dirigirse al banco, llegó mi clienta, la salude y después le lave el cabello lo cual era lo habitual en este trabajo mío, para proceder a lo que venía mi clienta a que le hiciera un corte corto, pues donaría 35 cm de cabellera a los niños con cáncer, para que les hicieran pelucas oncológicas, lo cual me parecía de lo más genial, viniendo de alguien como ella que era una señora que se preocupaba por los demás, cuando terminé de cortarle el cabello, ella quedó tan encantada que me dio una generosa propina, además de darme las gracias. Me puse a recoger mi lugar de trabajo, dando tiempo para que llegara Roberta, que en cuestión de segundos se apareció, ahí en mi estación de trabajo y entonces salimos del salón para irnos a comer.
Nos dirigimos a su casa para mi sorpresa, era una casa hermosa ubicada en la zona de Antares una de las mejores zonas residenciales y ahí, ya tenía un servicio dispuesto para que comiéramos las dos, pasamos a lavarnos las manos y después nos sentamos en la sala a compartir de unas finas botanas que nos llevó el personal de servicio de la casa de Roberta, viendo su casa me daba cuenta que elegí el camino correcto y que si trabajaba mucho entonces lograría algún día tener algo así, me daba hasta cierto punto un poco de pena estar viendo su casa con tanto detenimiento, pero es que nunca había visto una decoración tan única, que parecía sacada de una revista de decoraciones, pero viendo la casa de Roberta entonces supe, porque el salón de belleza lucía tan espectacular, por el buen gusto de Roberta, eso estaba más que claro. Entonces mientras yo seguía deleitando mi vista mirando cada detalle, cada recoveco y cada rincón de su casa, Roberta de pronto inició una conversación conmigo.
- ¿Te gusta lo que ves, Abril? – me preguntó Roberta directamente.
- Claro que sí, me encanta, tú casa es espectacular Roberta, muchas felicidades – le dije yo, aún sin poder salir del todo de mi asombro.
- Gracias Abril, la decoré yo misma, de acuerdo a mis gustos y aquí la tienes a la orden, sé que aunque en el salón de belleza parezco una señora malhumorada, en mi tienes además de una jefa a una buena amiga – me dijo Roberta regalándome una sonrisa.
- Muchas gracias Roberta y eso es justamente lo que me falta, aquí en Guadalajara no tengo casi amistades – le dije yo sinceramente abriéndome por completo a la plática.
- Pero tienes amor, ese chico que va por ti y que a veces te lleva, déjame decirte que hacen una bellísima pareja – me dijo Roberta refiriéndose por supuesto a Emiliano.
- No Roberta, él es mi mejor amigo, pero nada más, de hecho él también viene de mi pueblo de Mazamitla, ¿Te acuerdas que te comenté cuando nos conocimos en la Academia de Belleza, que yo vengo de allá? – le pregunté a Roberta, queriendo recordarle esa conversación que tuvimos hace tiempo.
- Si, lo recuerdo, entonces se vinieron juntos de allá, es bueno que al menos en él tengas una parte de ese hogar tuyo, aquí en Guadalajara – me dijo Roberta sonriéndome.
- A él lo contrataron aquí en una dependencia y bueno yo quería en ese tiempo escapar y salir de mi pueblo, lo cual es irónico, a pesar de cómo me ha ido aquí en Guadalajara y de que mi futuro aquí será inmensamente mejor, extraño mucho el lugar de donde vengo – le dije a Roberta con mucha sinceridad.
- Eso no está mal, extrañar nuestro lugar de origen claro que, si ya diste el salto para estar acá en Guadalajara, entonces mi consejo para ti Abril, sería que hagas que ese sacrificio de alejarte de todo lo que conocías, valga la pena – me dijo Roberta con sinceridad.
- Sí es lo que trato de hacer, pero es difícil y creo que desde ayer, fue más que difícil, tuve el peor día de mi vida desde que llegué aquí, por eso me pasó lo de la cabeza – le dije a Roberta admitiendo lo vivido por mí el día de ayer.
- ¿Acaso te pasó algo en el salón?, no me comentaste nada, bueno hasta ahora que lo mencionas – me preguntó Roberta preocupada por mí.
- Roberta, tú eres la persona más buena que he conocido y no quiero tener secretos contigo, así que te contaré algo, que detonó, esto que me pasó – le dije yo con mucha calma a Roberta.
- Claro Abril, puedes contarme lo que sea o lo que quieras – me dijo Roberta mientras servía un poco más de vino en nuestras copas, para seguir comiendo la botana.
- ¿Recuerdas que me encargaste de un cliente al que no pudiste atender? – le pregunté a Roberta directamente.
- Claro que sí, ¿Te refieres a Iñaki? – me preguntó Roberta mirándome fijamente.
- Sí él mismo, pues es alguien de mi pasado, por quién quise abandonar el pueblo, él y yo tuvimos una historia, pero yo no sabía entonces nada de él salvo su nombre y ayer que lo ví aparecerse por el salón con su esposa, el mundo se me vino encima Roberta – le dije a mi jefa conteniendo el llanto de recordar ese horrible momento.
- Abril, lo siento mucho en serio y ahora me siento peor, yo no sabía que ustedes se conocían, discúlpame por favor por ese mal rato causado por mi culpa – me dijo Roberta sintiéndose totalmente culpable.
- No pasa nada Roberta, tú no tienes la culpa de nada y además yo no sabía que él vivía acá en Guadalajara, ni mucho menos que la vida nos iba a cruzar en mi trabajo – le dije a Roberta más que abatida.
- Tranquila Abril, eso nos pasa a las dos por no conocernos bien, así que para remediar eso tenemos que salir más y tratarnos como amigas a partir de ahora, si tú quieres – me propuso Roberta amablemente.
- Claro que sí quiero Roberta, me encantaría ser tú amiga – le dije yo sonriendo muy animada.
- Entonces amigas Abril y cuenta conmigo para lo que necesites – me dijo Roberta mientras seguíamos compartiendo tomando vino y botana.
- Muchas gracias nuevamente Roberta y claro que sobra decirte que tú también cuentas conmigo para todo – le dije yo sonriéndole.
- Gracias Abril y ¿Sabes? , ahora que sé que estás sufriendo tanto, deberíamos programar una salida, para despejarnos y para conocer personas, ¿Qué opinas? – me preguntó Roberta queriendo animarme.
- Creo que no soy por el momento una buena compañía para nadie, pero está bien, acepto – le dije yo con una sonrisa.
Seguimos platicando un poco con Roberta y después pasamos a comer, que por cierto esa comida, me recordó a mi amado pueblo, estaba deliciosa, después de que comimos volvimos al salón de belleza para terminar el día y por la noche, esperé pacientemente a que Emiliano pasara por mí, para irme a nuestro departamento con él, como siempre lo hacíamos desde que vivíamos juntos en Guadalajara.