Ares elevó las orejas y levantó la cabeza de entre sus patas. Miré en su dirección, y vi el cuerpo larguirucho de Tessa abrirse paso entre los troncos. Ella caminaba con la cabeza gacha, procurando no pisar mal, y yo regresé la mirada al mar. Sea cual sea la razón que la había traído hasta mí, esperaría a que llegara.
—Que milagro verte. —Fui la que rompió la incomodidad, cuando tras unos segundos de haberse sentarse, aun no decía nada.
—No es que buscara tu compañía. —Claramente ninguna de las dos lo hacía. —Pero era mejor que estar con papá en la cocina.
—Sí, no es como si tuvieras muchas opciones Tessa. Es elegir quien entre los dos te cae menos mal. —Fue un comentario acido, y ella solo se quedó callada. —No creas que no me di cuenta que odias este lugar.
— ¿Papá lo sabe? —Al parecer le preocupaba que su mentira no haya sido tragada por Charly. Hice una mueca, y me volteé para mirarla a la cara.
—Si. —Su rostro palideció. Y ahora que la observaba mejor, se veía más blanca de lo que era. Podía ser la escasa luz de Jennings y me pregunte si yo también había perdido el color de mi piel. —Pero tranquila, no sabe hasta qué punto.
— ¿Cómo?
—Solo sabe que estas incomoda, pero yo sé que es más que eso.
Eso la alivio y suspiró.
—Entonces es mejor que se quede con eso.
—Lo dudo. En algún momento se dará cuenta, ahora está algo tonto por la emoción pero en cuanto la nube en la que esta baje, lo sabrá. —Tessa iba a decirme algo, pero la calle. —No eres buena mintiendo.
—Lo he hecho estos últimos meses. —Lo dijo como si el arte del engaño fuera un cursillo.
—Has aprendido a mentirte, no a mentirnos. —Le respondí y devolví la mirada al frente. Ares se movió del lugar donde estaba y caminó lejos de nosotras hacia la orilla, lo vi mojar sus patas, y luego morder el agua varias veces.
— ¿Y tú eres una experta acaso? —Sus palabras salieron bruscas y atropelladas.
—No, pero me conformo diciendo que soy mejor que tú.
—Igual a papa. ¿Entonces eso de engañar viene por herencia? ¿Se sienten orgullosos? —Se notaba en su voz que estaba molesta. Podía deducir que estaba haciendo lo mismo que siempre hace cuando se enoja, sacar temas que no tiene relación entre si y errores del pasado para aumentar su sed de ira.
—No. —Afirmé y me paré del tronco, ya me dolía el trasero y además sentía que estando tan cerca de ella sería más vulnerable a estallar. Me alejé unos pasos.
—Pues lo parece. Realmente disfrutan mentir y salirse con la suya. —Se paró.
— ¿De qué hablas? —La conversación había tomado un rumbo diferente.
—Estoy harta de esto. —Fue lo que dijo y resopló.
“Estoy harta de ustedes” era eso lo que hubiera querido decir, pero hacerlo significaba entrar en una tierra escabrosa de la cual ninguna de las dos saldría ilesa. Tessa era inteligente, mucho más de lo que aparentaba, pero era impulsiva y hablaba sin pensar. Si fuera papá lo dejaría pasar, reprimiría todo y le contestaría con la elegancia y serenidad como lo hace cuando está metido en estas situaciones. A lo mejor era lo más sensato, no obstante, así no definiría la manera en la que hago las cosas.
— ¿Te divierte sentirte como la victima Tessa? —Inquirí dando un paso hacia ella. Sus ojos titubearon al notar la fuerza de mis palabras. —Puedes venir y culparnos a todos por tu miserable vida, pero si no es lo que buscabas, ¿Para qué viniste?
No me respondió, pero tampoco dejó que le ganara la batalla y sonrió con falsedad. ¿Qué significa esa respuesta? No tengo la menor idea, pero parecía peligroso, así que volví a decirle.
—Yo estoy aquí porque me has llamado y por papá. Para tratar de resolver nuestros malditos líos y dejarnos de jodernos la vida. —Entonces su sonrisa se borró y su semblante de niña ruda se desplomo. — ¿Y tú porque estás aquí Tessa?
Volvió a sentarse, prácticamente se dejó caer. Suspiré con cierto cansancio. Los enfrentamientos con ella requerían energía, y podía sentir como se agotaba cada vez que peleábamos. Estaba harta de eso, de vernos como rivales, de tratarnos de esa forma. Sin embargo sabía muy bien que cambiarlo era un sacrificio para ambas, nos habíamos lastimado mutuamente y esas heridas eran difícil de olvidar. Así que me senté a su lado, las dos miramos el horizonte permitiendo que el sonido de las olas inundaran nuestros oídos, y calmaran las aguas turbulentas que nos alejaban.
—Yo también quiero algo diferente. —Confesó. Entrelacé mis dedos y los estrujé. —Lamento no poder hacerlo.
No dije nada. Su confesión fue extraña, era como si quisiera decir que intentaría mejorar nuestra relación como familia, y a su vez dijera que se daba por vencida, pero que la actitud bastaba. No supe que pensar. Miré mis manos, las separé, tracé con mi dedo índice derecho las líneas de mi mano izquierda, recorriendo mis delgados dedos desde la punta hasta mi muñeca. Quería no darle tanto hincapié en lo que había dicho, entenderle me costaba, y en ese momento de transparencia, un paso errado significaría la decadencia.
—Lo sé. —Dije solamente, con un amargo sabor en la boca. Tessa se reincorporó rápidamente como si el improvisado asiento quemara y sacudió la parte de atrás de sus jeans. Si se iba, no la detendría pero tampoco la seguiría.
—La comida debe estar lista. —Comentó, dando por finalizada este raro encuentro. La mire desconcertada, al parecer quería que volviéramos las dos.
—Sí, deberíamos ir. —Acepte, y la seguí por más que había dicho que no lo haría.
La cena trascurrió entre espacios incomodos y risas perdidas entre mi padre y yo, en el vano intento de hacer nuestra primera comida juntos un recuerdo agradable. Tessa sonreía cada tanto, y respondía a algún comentario para hacer saber que no se hacía completamente al costado. El pollo recalentado de papá tenia buen sabor, y la salsa con verduras que le había agregado como toque final, lo hacía espectacular. El primer plato lo comí rápido, y repetí la misma porción, desde que niña que soy de buen comer, mi metabolismo ayudaba a que no me pasara las cuentas más tarde. Atisbé que Tessa apenas tocaba su comida, la pinchaba con el tenedor como si no tuviera hambre, lo cual era raro porque ella comía tanto como yo. O bueno, así había sido en el pasado.
Le pregunté qué pasaba, Tessa ni me miró y murmuró un “me llene con las galletas del avión”. No le di más vueltas, si lo hacía se fastidiaría así que le dije que se lo perdía y continúe comiendo. Al final de la cena, papá propuso ver una película.
—Lo siento, pasó por esta vez. Estoy cansada así que iré a dormir. —Dijo y acto seguido desapareció por las escaleras sin dejarnos desearle buenas noches.
Entonces nos quedamos solo nosotros dos y una película de comedia que nos sacó más de una risa.
Eran las once cuando fui a dormir, papá me deseó buenas noches y acarició mi cabeza con una sonrisa, y subí las escaleras. Al pasar por la puerta de Tessa, retrocedí unos dos pasos al oír un sonido al otro lado, apoyé mi oreja, y la escuché llorando, era débil y distorsionado. Me alejé despacio, como si cualquier movimiento brusco me delatara, y me adentré a mi dormitorio. Por un segundo medite en entrar y preguntarle qué pasaba, era una idea absurda y seguí de largo.
Esa noche no dormí bien, el lio de pensamientos en mi cabeza no me lo permitía, sin contar las ramas que rasguñaban la ventana, siendo un molesto repiqueteo que me taladraba la cabeza y la paciencia hasta volverse un constante sonido de fondo. Di mil vueltas en la cama, pensé en cómo sería el día siguiente, y con lo que me encontraría en el mi nuevo instituto. Tessa y yo nos anotamos unas semanas antes de venir en el instituto de Jennings, solo faltaba llevarles algunos papeles, y todo estaría listo. El zumbido del viento entre las tejas del techo fueron el segundo motivo para impedirme conciliar el sueño, me aplaste las orejas con la almohada, pero nada, aún seguía fastidiándome. Era una tortura, y pensar que sería así hasta que me acostumbrara a los sonidos de la casa, me hicieron maldecir en medio de la noche. Un débil lloriqueo al otro lado de mi puerta me llamó la atención, y me destapé para ir a abrirle. Ares entró deslizándose por la madera y saltó a la cama, se restregó en el acolchado y estornudó. Empujé la puerta y sonreí, me arrastré hacia ahí y me acosté, pase mis piernas por debajo del viejo acolchado, y cubrí a Ares. Los sonidos parecían ser menos irritantes ahora que tenía compañía, me acomodé de lado viendo al cachorro ya dormido y cerré los ojos.
Pero en medio del sueño escuche aullidos y entreabrí los ojos encontrándome con un par de ojos negros.