5. LA MIRADA LO DICE TODO

1859 Words
Cuando los amigos salieron de la oficina ya había clientes, Charlie y Rui ocuparon una mesa en la zona VIP del club, una despampanante mesera trigueña se acercó para atenderlos y Aitor se sentó de nuevo en la barra, pidió su vaso con agua que simulaba vodka; sintió un pequeño golpe en hombro derecho y cuando se giró no había nadie, escuchó a su izquierda la voz de Yaiza – príncipe – se giró y la vio sonreír. – hola. – saludo él. – ¿cómo te fue allá arriba? – preguntó ella – bien. – respondió él – ¿el que estaba con el señor Charlie es el otro dueño? – preguntó ella. – sí, reunión de socios – respondió Aitor en un murmuro. – comportarte, se quedaron y están en una mesa en la zona VIP. – aconsejó ella – ok – respondió él frunciendo su entrecejo – no sé porqué, pero tengo la extraña sensación de que no estás muy hablador hoy – Aitor sonrió con aquel comentario, el administrador llegó y llamó a Yaiza, Aitor lo vio de reojo y pudo notar que la vio de pies a cabeza desnudándola con la mirada – ya regreso – susurro ella y tenía desagrado en su expresión; aquel le dijo algo y quiso rozar su dedo índice en la nariz de ella e inmediatamente ella golpeó aquella mano. > pensó Aitor al ver aquella escena. Yaiza estaba atendiendo mesas, se acercaba a la barra a hacer sus pedidos como siempre, pero Aitor no podía aguantar, estaba preocupado – ¿qué está pasando con el administrador? – preguntó, ella suspiró y lo miró de reojo – supongo que nada – respondió ella nuevamente con el gesto de desagrado en el rostro, cuando se iba a retirar a llevar su pedido, Aitor la tomó por el codo sin hacer fuerza, solo para que se detuviera – confía en mí, no lo dudes, si necesitas ayuda puedes decirme – ella sonrió, asintió con la cabeza – gracias príncipe – respondió a aquella oferta y un brillo apareció en sus ojos y se alejó a continuar con su trabajo, como todas las noches que Aitor estaba yendo al club, Yaiza dejaba notas con mensajes tiernos de amistad y los firmaba con una flor o una carita feliz. La noche que Aitor no fue al club, Yaiza y Fernando lo extrañaron, era fin de semana y Aitor había salido con sus amigos a divertirse y aquellas diversiones siempre terminaban en la habitación clandestina del hotel con una mujer de la cual nunca recordaban sus nombres, pero les ayudaba a liberar tensiones. Aitor volvió al club, esa noche llego cuando ya había sido abierto, se sentó en la barra como siempre y después de unos cuantos meseros que se acercaban a la barra, apareció Yaiza, llevaba una blusa de tiras blanca, una pequeña falda negra de arandelas suelta, que se mecía con el movimiento de su dueña y los tenis negros llevaban cordones de diferente color, medias a mitad de la pierna a rayas de colores. Su cabello aparentemente rubio recogido solo la mitad con una pinza, con diferentes colores en las puntas y dos mechones caían en su rostro, Aitor sonrió viendo aquel espectáculo de ropa, pero cuando logró verla un poco más cerca, notó que sus ojos y nariz estaban rojos. > pensó algo preocupado – ¡príncipe, volviste! – saludo ella emocionada > se respondió al escuchar aquella voz nasal. - ¿estás enferma? – preguntó él preocupado – el espíritu de la gripe me tiene poseída – respondió ella, Aitor sonrió reprimiendo una carcajada con aquella respuesta. – no puedes estar aquí así, debes descansar y regresar cuando estés recuperada. - sugirió él. – lo sé, pero el administrador no está para informarle que me tengo que ir – dijo ella. – yo me encargo de hablar con él, tu vete a casa – respondió Fernando. – gracias, entonces me voy. Nos vemos luego príncipe – dijo Yaiza mientras se dirigía a los casilleros por su bolso, cuando salió, Aitor estaba esperándola – te llevo – dijo él acercándose a ella. – no quiero que vayas a tener problemas – respondió ella al ofrecimiento de él. – vamos, no te preocupes por eso. – dijo aquello mientras la tomaba del brazo para llevarla hasta el puesto de copiloto en su carro. Aitor conducía rumbo a la casa de la joven, después de un trayecto de silencio ella parecía dormida. – mi abuela se va a preocupar si llego temprano – comentó ella entre sueños – entonces no te llevo a tu casa, ¿dónde vamos? – pregunto él – ella no respondió, parecía dormida, después de un rato la llevó hasta el hotel – vamos, descansaras aquí un rato – murmuro Aitor sin obtener respuesta. La tomó en sus brazos y la subió hasta la habitación, la puso con cuidado en la cama y le quitó los tenis con cuidado de no despertarla. Cuando se disponía a abandonar la habitación, tomó la sabana para cubrirla y vio el sudor en su frente, la tocó y estaba demasiado caliente, tomó el teléfono de la habitación y solicitó hielo y una toalla adicional, era necesario bajar la fiebre, solicitó medicina para aquellos malestares y se sentó a esperar. Después de unas cuantas compresas frías, solo se sentó a observarla, era demasiado extraño para él estar en aquella habitación con una mujer en su cama que no le inspirara deseo, se veía demasiado tierna e indefensa como para verla con lujuria, sonrió con la ironía de haber roto aquella regla de esa habitación de hotel. Después de unas horas, el sueño lo dominó. Cuando Yaiza despertó, lo vio dormido en un sillón ubicado en algo que parecía una pequeña sala dentro de la habitación, busco sus tenis y cuando se los ponía Aitor despertó. – ¿estás bien? – pregunto al verla sentada en la cama. – si príncipe, muchas gracias. Porque dormiste tan incómodo, la cama era grande podías haberte acostado a un lado – contesto ella – no sabía cómo lo tomarías si me hubieras visto ahí – comento él, sobando su nuca, ella sonrió. – eres todo un caballero. Todo un príncipe mi 007 particular – él sonrió ante aquel comentario, > pensó Aitor al darse cuenta que nunca lo ha llamado por su nombre, incluso cuando hablaron por teléfono – sí, creo que ya estás bien – comento él al ver de nuevo esa actitud extrovertida. – me voy a casa, no quiero preocupar a mi abuela. – informo ella mientras terminaba de ponerse los zapatos – te llevo – ella asintió mientras entraba al baño a lavar su cara y organizar su cabello. – gracias – respondió ella saliendo del baño. Aitor conducía rumbo a la casa de su amiga – no olvides tomar tu medicina y no vayas esta noche al club, nosotros hablamos con el administrador. No te preocupes por nada – pidió Aitor mientras le extendía una pequeña bolsa de papel de una farmacia. – ¿eres medico? – pregunto ella – no, soy psicólogo, pero también me he enfermado de gripe y mi mamá me ha dado esta medicina. – respondió Aitor, ella sonrió – ¿vives con mamá? Eso es muy tierno – dijo ella usando un tono dulce, Aitor se sonrojo – el príncipe de mami, un 007 tierno – continuo ella - no vivió con mis padres, los visito muy seguido, los quiero mucho, pero no vivo con ellos – explico él – está bien si vives con tus padres, no entiendo porque los hombres se avergüenzan de vivir con sus padres. – comento Yaiza mirando por la ventana – eso me parece muy tierno – continuo ella. – pero no vivo con ellos, como hombre uno busca la independencia, saber que si voy a llegar tarde no se va a tener que dar explicaciones a nadie. – quiso explicar él – yo vivo con mi abuela, ella nunca me pide explicaciones, pero yo se las doy, se trata de confianza. – explico ella. - ¿le cuentas todo a tu abuela? – pregunto Aitor – sí. Ella sabe todo. Creo que ella es mi única amiga. – respondió Yaiza. – ¿porque no tienes amigos? – pregunto él intrigado que con aquella personalidad no tuviera amigos – ahora te tengo a ti y fer, Pero la verdad es que no confió en nadie. Si un extraño me habla y me saluda, lo saludo, le hablo. Hablo con mucha gente, hablo con todos, pero una cosa es hablar con todos, otra muy diferente es creer que son mis amigos y confiar en ellos. - ¿cómo determinas la confianza si no les das la oportunidad de conocerte o te das la oportunidad de conocerlos? – Interrogo él, parecía estar en una sesión con una de sus pacientes – por la mirada. La mirada de una persona lo dice todo. – respondió ella, él la miro y ella estaba viendo por la ventana, se veía tranquila quizás porque un estaba con aquel malestar de la gripe, pero ella tenía razón, la mirada de ella era muy expresiva, detrás de aquella sonrisa algunas veces quería esconder preocupación, como en los momentos en los que creía estarlo salvando de ser aparentemente descubierto, escondía miedo, como cuando tenía que acercarse a aquel administrados, pero a pesar de la sonrisa, sus ojos expresaban lo que sentía verdaderamente; en muy pocas ocasiones se le veía sin aquella mágica sonrisa. Cuando llegaron a la casa de la joven, Aitor se bajó de prisa y rodeo el carro hasta llegar a la puerta de ella, la ayudo a bajar; en la puerta de aquella casa se encontraba una mujer de edad - ¡abuelaaaa! - Grito Yaiza y corrió a sus brazos. Ella había dejado sobre el asiento las medicinas, pero él no quiso extendérselas porque quizás ella no quería que la abuela viera la bolsa. – te presento a Aitor, es un amigo y trabajamos juntos – lo presento Yaiza, él extendió la mano para saludar a la señora, ella la recibió sonriendo > pensó él en ese instante – tú debes ser el 007 – comento la abuela, él sonrió sonrojándose por el comentario de la abuela y vio la sonrisa de Yaiza junto a su abuela. – gracias – dijo Yaiza entrando con su abuela a la casa – no olvides, nos vemos mañana, hoy no tienes que trabajar – dijo Aitor antes de salir, ella le guiño el ojo y se perdieron detrás de la puerta. Aitor llego a su casa y en su habitación se tumbó en su cama con la ropa puesta, se quedó dormido mientras pensaba en lo extraño que había sido la noche anterior, ni siquiera con Amanda había tenido que lidiar con aquellos malestares de la gripe, aun no entendía como funcionaria aquella amistad que estaba iniciando con aquella peculiar joven; nunca había pensado que un hombre y una mujer pudieran ser amigos sin que existiera de por medio el sexo, así fuera el solo deseo, pero no aplicaba en su caso, aquella joven no le despertaba deseo. Después de unas horas de sueño se despertó por el sonido de su celular, era el portero del edificio de su apartamento, le informaba que Amanda le había dejado una caja allí desde el fin de semana; desde que había pasado aquello él no había vuelto a su apartamento. Se levantó, se preparó y fue trabajar a su consultorio, debía atender algunos pacientes que había agendado para ese día.
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