Ella estaba de pie frente a Damián, las manos cruzadas sobre el pecho, el rostro endurecido por una mezcla de furia y determinación. Las lágrimas habían dejado rastros secos en sus mejillas, pero su postura era firme, como si el caos que había desatado en Urbania Global le diera una extraña fortaleza. Damián, a un metro de ella, había lanzado su última pregunta al aire: "¿Qué quieres a cambio de que lo soluciones?". Ahora la miraba, esperando, las manos apoyadas en las caderas, su camisa desabrochada en el primer botón tras un día que parecía no acabar. Regina inspiró profundo, dejando que el silencio se alargara un instante antes de hablar. Cuando lo hizo, su voz salió clara, cortante como un vidrio recién quebrado. —Salvaré Urbania Global —dijo—. Haré las llamadas, convenceré a Javie

