Carla estaba de pie frente a la puerta de la habitación. Habían pasado apenas minutos desde que la enfermera la había sacado al pasillo, pero el tiempo se sentía como una eternidad retorcida. Sus manos temblaban contra la pared, las lágrimas aún húmedas en sus mejillas, y su mente giraba en un torbellino de miedo y preguntas sin respuesta. Santiago estaba crítico, su cuerpo demasiado débil para el Xeltrina, y ella no sabía qué venía después, solo que lo había visto allí, pálido y quieto, con la mascarilla de oxígeno como una barrera entre ellos. Si todo iba a salir bien, ¿cómo fue que las cosas se tornaron de esa manera? Todas las pruebas hasta última hora… ¿para tener esa reacción tan dañina en su debilitado cuerpo? La puerta se abrió de golpe, y un grupo de doctores salió de la habit

