Damián colgó el teléfono tras su conversación con Lucía soltando una fuerte maldición, y el nombre de Rodrigo resonaba en su cabeza como un martillo golpeando metal. ¿Cómo demonios había llegado ese doctor de pacotilla a Madrid justo cuando él estaba a cientos de kilómetros? La descripción de Lucía —alto, moreno, voz grave— no dejaba dudas, y las palabras de la joven sobre Carla, peinada, con un vestido corto y escote, maquillada, feliz, lo encendieron aún más. Llevaba media hora intentando contactar a Carla, marcando su número una y otra vez, pero ella no respondía. Ahora lo entendía: estaba con él, con ese maldito intruso, y la idea lo carcomía como ácido. ¿Cuándo llegó? ¿Era coincidencia que estuviera allí justo cuando él no estaba? No podía creerlo… a Carla de verdad le gustaba ese h

