El sol aún no terminaba de iluminar por completo la ciudad cuando Carla cerró la puerta de su apartamento con cuidado. Su corazón latía con fuerza, sabiendo que escapar no era una solución, pero necesitaba ganar tiempo. Damián sabía dónde vivía. Eso significaba que, tarde o temprano, él aparecería en su puerta de nuevo. Y dijo que estaría temprano en su casa para hablar, solo le quedaba salir más temprano, de modo cuando él fuera ella ya no estuviera. Se ajustó la chaqueta y salió. No quería arriesgarse a que él la estuviera esperando afuera. Cada segundo contaba. Cuando llegó a la entrada del hospital, Karen ya la estaba esperando con dos vasos de café en las manos. —Te ves como si no hubieras dormido ni un minuto. —Karen le tendió el vaso, con una mirada de evaluación—. ¿Damián e

