Carla salió del taxi antes de que este se detuviera por completo. Sus tacones resonaron contra el pavimento mientras corría hacia la entrada del hospital, el corazón golpeándole el pecho con una fuerza que la hacía sentir mareada. No podía respirar. No podía pensar. Solo podía moverse. Atravesó las puertas automáticas y sus ojos buscaron desesperadamente a Karen. —¡¿Dónde está?! —preguntó con voz temblorosa en cuanto vio a su amiga, que la esperaba cerca de la recepción. Karen la sujetó de los brazos con firmeza. —Cálmate, Carla. Están con él. Lo están atendiendo. —¡Llévame con él! —Ven, te diré en qué sala está. Karen la guio a toda prisa por los pasillos del hospital. Carla apenas podía sentir sus propios pies tocando el suelo, todo su cuerpo estaba entumecido por

