Semir dibujaba sobre mi piel con un plumón hacía unos veinte minutos, creando un diseño único y sin precedentes porque no tenía molde alguno en sus manos. El silencio empezaba a mortificarme y creo que a él también aunque no lo expresara, porque un par de veces estiró la mano para tomar el pequeño control remoto para cambiar la música. Sin embargo, estaba molesta con él, no quería hablarle y me negaba a hacerlo. ¿Quién carajos se creía? -¿Te molestaría llevar mi cara tatuada justo aquí?- Preguntó como si nada. Sí, era esa su manera idiota y pendeja de hacerme caer y olvidar que estaba enfadada. - Algo de acuarelas o mejor un Old School- sugirió con voz tranquila al ver que no le respondí. -Ya quisieras- Y yo caía, vaya que caía. Al menos en mi tono podía ver que no estaba de humor. La má

