—Mi señora —comenzó Alberto, su tono firme pero respetuoso—, aunque la cocina está en buenas condiciones, el problema radica en el almacenamiento de los alimentos. Recientemente, recibimos un envío de comida que estaba en mal estado. Esto no había sucedido antes. Los encargados del almacén revisaron los suministros y, al ver la calidad deplorable, decidieron desecharlos. La expresión de Lisette se endureció, aunque mantuvo la compostura. —¿De dónde provenía ese envío? —preguntó con calma, pero sus palabras resonaron con autoridad. Alberto dudó un momento antes de responder: —Venía de la realeza, enviado bajo las órdenes directas de la reina. El ambiente se tornó tenso. Marthe, desde su posición cerca de la puerta, entrecerró los ojos con una mezcla de desconfianza y enojo, mientras Ki

