Cassidy Johnson.
Caminaba por los pasillos del instituto de manera temerosa. En verdad no deseaba toparme con él, no sé cómo reaccionaría. De vez en cuando bajaba mi falda como forma de nerviosismo, y buscaba a Frank con la mirada, necesito de su compañía.
Muchos de mis compañeros pasaban y me saludaban, a lo cual yo solo asentía o simplemente movía mi mano en forma de saludo.
Por lo general no era tan fría con las personas, ni tímida, pero en verdad no tenía ganas de hacer vida social, por lo menos hoy.
Cuando por fin diviso a mi amigo, una sonrisa se expande en mi rostro, pero se deshace al ver que me dirige una mirada enojada.
Rayos.
—¿Me puedes decir por qué no me contestaste los mensajes ayer?—su tono sonó algo alterado.
—Yo-yo lo-lo lamento— suelto nerviosa— me sentía mal—toco mi vientre par que comprenda la señal de “periodo”.
—De acuerdo pero...¿y ese pañuelo? No hace frío, quítatelo— hace referencia al que me puse para tapar las marcas horribles de mi cuello.
Intenté cubrirlo con maquillaje pero la irritación solo aumentó.
Gran idea Cassy.
—¿Qué? No, yo-yo te-tengo frío—contesto evitando el ademan que hace mi amigo al intentar sacarme el adorno.
—Estás muy rara Cassidy— me reprende— quiero saber que te sucede—
—Ya te dije que nada Frank, solo es alergia ¿si? Y ya vamos a clases—
Le tomo del brazo sin darle oportunidad a retrucar y nos dirigimos al salón de clases. Todo el día pasa normalmente lento, gracias a Frank mi ánimo ha subido a tope. O bueno, al menos hasta este instante.
Nos encontramos en la hora final.
—¿Ya me vas a decir por qué estabas tan mal?— pregunta mientras juega con mis uñas.
—Mejor luego ¿sí?— me mira enfadado y beso su mejilla— te quiero tanto—
Eso desvía la conversación.
Él se sonroja levemente y me sonríe.
—Y yo a ti, demasiado nena— nos abrazamos y reímos al mismo tiempo.
—¿Que tenemos ahora?—pregunto curiosa.
—Finanzas— responde rodando los ojos y mi corazón se acelera.
Mi cuerpo comienza a temblar involuntariamente y mis lágrimas reaparecen.
Contrólate Cassidy, contrólate.
—¿Estás bien? Te has puesto pálida—
—Yo-yo...si—
—Buenas tardes alumnos— al oír su voz mis nervios se van acrecentando.
—Buenas tardes profesor— contestan todos menos yo. Me he quedado inmóvil, mi cuerpo no contesta ni recibe órdenes.
—Espero que todos se encuentren bien, porque el día de hoy… Señorita Johnson ¿te encuentras bien?—
No, mierda.
—De hecho no profesor, está temblando y se ha puesto pálida, creo que es mejor que se retire o quizás llamar a su tutora— contesta Frank preocupado.
—Ah en ese caso, Johnson recoge tus cosas y ve a mi oficina, ahí llamaremos a tu responsable—
Se dirige a mí pero no respondo, Frank junta mis cosas de manera rápida y me ayuda a levantarme. Escucho varios murmullos de mis compañeros.
—Señor Bell ayúdela y llévela a mi oficina, por favor—
Sin rechistar Frank le hace caso y salimos del curso bajo la atenta mirada de todos.
—¿Qué te pasa Cassy? Dime algo Cassy—
Mi amigo me ayuda a sentarme una vez que llegamos al despacho. Mi respiración no es nada regular, no sé cómo controlarla.
—Frank, no quiero estar aquí, vamos, llévame afuera—
—No puedo hacer eso, Cassy, el profesor me dijo que te deje aquí. Seguro él llamará a tu mamá—
—Gracias por su ayuda señor Bell, puede volver al salón de clases—
El "profesor" aparece detrás de él dándole la orden. Tal parece que escuchó lo que me dijo.
—No, no, no te vayas por favor, quédate conmigo, no me dejes sola ¿Si? Al menos hasta que venga mi madre—
—Su compañera estará bien, puede retirarse. Dejé actividades para que realicen con el libro—
Frank me da una mirada tranquilizadora, besa mi frente y sale por la puerta, cerrándola en el acto.
¿Por qué me dejas sola?
¿Acaso no te das cuenta de que él es malo?
—¿Qué te sucede Cassidy?— no contesto— ¿Te han comido la lengua los ratones?—
—Quiero-quiero irme a casa— proclamo levantándome de la silla. Error, sentí un leve mareo.
A pesar de ello, intento salir de allí pero toma mi brazo, acercándome a él.
—Tranquila Cassy, recién has llegado y debo verificar que te encuentras bien—
Su voz se vuelve más ronca y no soporto tanta presión.
—Te extrañé tanto ayer nena, no fue lo mismo venir a trabajar y no verte— se restriega contra mí— eres tan preciosa—
Muerde mi oreja e intento apartarme.
—Veo que has tapado las marcas que te he dejado— se encarga de quitarme la bufanda— así está mejor— deja un beso en mi cuello. Siento que estoy a punto de colapsar.
—Suélteme, déjeme o grito— advertí.
Su carcajada inundó el lugar. Él tiene todo el control sobre mí y lo sabe.
—¿Me estás amenazando?—
—Si-si, y de una vez le digo que le contaré todo a la policía—
Vuelve a carcajearse, esta vez con más ganas.
—Oh cariño, la policía me hace los mandados al igual que el director del instituto, no seas ridícula. El dinero lo compra todo, Cassidy y eso tú lo sabes—
Me arrastra hasta quedar apoyada en su escritorio, su mano sostiene mí cabeza con fuerza, quedando mi cara contra la fría madera de este.
—Espero que seas inteligente, porque ¿sabes qué? Puedes decir todo lo que quieras, pero nadie te hará caso ni ayudará, tengo suficiente dinero como para tener el mundo en mis manos—
Su palma se estampa contra mi trasero y de mi boca se escapa un sollozo. De nuevo me estoy viendo como una débil sumisa frente a sus ojos.
—Shh, guarda silencio bebé, te haré una revisión para verificar que estés en perfecto estado. No puedo permitir que te sientas mal—
Sabía a lo que se refería, en verdad no quería, me sentiría humillada y sucia nuevamente.
—No-no por favor, no quiero—
—Ya no eres tan valiente ¿cierto?— susurra en mi oído y un escalofrío me recorre de pies a cabeza— quiero probarte Cassidy, quiero verificar que sabes a gloria así como se siente estar dentro de ti—
Comienzo a retorcerme, pero no soy rival para este hombre. Logra bajar mis bragas sin tanto esfuerzo y empieza a toquetearme.
—Profesor, por favor no lo haga. No quiero— lloriqueo.
—Tengo que hacerlo nena, es por tu bien, además, me prende demasiado que me lo digas así—
Hace que mi espalda quede pegada a la mesa y se arrodilla frente a mí. Acto seguido, pasa mi pierna sobre su hombro y me sonríe socarronamente.
—Por fin voy a probarte querida—
Trato de moverme pero sus manos me lo impiden, aprisionándome contra la fría madera. Sube mi falda y hace algo que es más que repulsivo.
Su lengua comienza a pasearse por todo mi sexo, haciendo que se me escape un gritito.
—¡No! Déjeme— se siente caliente y horrible. Soy como una especie de muñeca, puede manipular mi cuerpo a su antojo.
No hace caso y sigue recorriendo todo mi ser, incomodándome y humillándome.
Unas lágrimas se escapan de mis ojos por la desesperación. Mis manos se vuelven puños y mis uñas se clavan en mis palmas intentando centrar mi cabeza en ese dolor.
Sus ojos no se separan de los míos.
Verdes, oscuros y fríos, tal como su corazón. Un corazón podrido como su alma y mente.
Duró alrededor de cinco minutos lameteándome, su lengua subía, bajaba y entraba.
Totalmente repulsivo..
—Sabes a gloria— se relame. Siento mi intimidad mojada por su saliva— quiero volver a sentirte— muerde mi muslo y me desespero.
—No-no por favor, me duele, no quiero—
No quiero, no quiero, no quiero.
Baja sus pantalones y abre los últimos botones de su camisa celeste. Pasando sus brazos por detrás de mi cuerpo, logra aprisionarme entre él y el bendito escritorio.
William comienza a acariciar su erección y luego a restregarla contra mi zona intima.
—No quiero, por favor, se lo suplico, me duele—trato de convencerle.
—Justo por ese cariño, debes acostumbrarte a mí—
Mi respiración se altera y él me regala una mirada arrogantes antes de introducirse en mi, soltando una maldición junto con un gruñido.
—NO!— lloriqueo.
¿y eso de que te sirve? Estúpida, como siempre, no haces nada.
Justo en ese momento oímos a alguien golpear la puerta.
—¿Profesor Levlok? ¿Se encuentra la señorita Johnson aquí? Soy el director y estoy acompañado de su madre—
—Carajo— maldice. Trato de pensar rápido y ganarle, pero fui muy lenta.
Coloca una mano en mi boca y de nuevo esa arrogante sonrisa aparece en su rostro.
—Aquí estamos, pueden pasar— suelta sin más.
En ese momento mi mundo tembló, quise separarme de él pero no me lo permitió, al contrario, se hundió más en mí.
Y en ese instante la perilla de la puerta fue girada...